Gustavo-Adolfo Vargas *
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Con su obra cumbre “Utopía (1516)”, se ganó el reconocimiento de todos los eruditos de Europa. En ella aborda problemas sociales de la humanidad. Uno de sus inspiradores fue Erasmo de Róterdam. La obra fue redactada durante una misión asignada por el rey en Amberes. 

Con ese nombre designó a un país ficticio, situado donde estuvo la antigua Atlántida, donde no existía propiedad privada, sus autoridades eran electivas incluyendo el rey. La base social era la familia en el seno de una comunidad patriarcal, autoritaria y jerarquizada que se desenvolvía en un escenario de igualdad económica entre los habitantes.
En la sociedad utópica reinaba el placer sin excesos, trabajo sin fatiga, comodidad sin lujo y recreo sin ocio; con su inagotable fantasía pintó un orden social imaginario desprovisto de violencia, opresión y propiedad privada.

Sin embargo, no todos los escritores sobre utopías son utópicos, porque para serlo es necesario que tenga fe en su imaginación política; que crea que el mejor de los mundos no es solo pensable, sino también posible e incluso inevitable, porque la misma fuerza de las cosas nos lleva hacia él. 

La mentalidad utópica presupone no solamente estar en contradicción con la realidad presente, sino también romper los vínculos con el orden existente. No es solo un pensamiento, una fantasía o soñar despierto: es una ideología que se realiza en la acción de ciertos grupos sociales.

El concepto de utopía, trasciende la situación histórica, orienta la conducta hacia elementos que la realidad actual no contiene en absoluto. Es una ideología en la medida que logra transformar el orden existente en otro más de acuerdo con las propias concepciones. La utopía es, o parece imposible desde el punto de vista de un determinado orden social ya consolidado.

El término utopía, se puede traducir como “lugar feliz”, ha sido utilizado por muchos pensadores políticos para significar un orden de cosas ideales, o sugerir formas de organización social deseable, o contrastar la realidad existente con metas futuras.

Existen características comunes en todas o casi todas las utopías y en ellas hay un tema recurrente: siempre significaron una forma de crítica o de protesta contra la miseria y las injusticias sociales.

La política es la ciencia de la realidad y de lo posible, sin descartar que también es el arte de tornar posible lo deseable. El político actúa sobre realidades concretas que están allí, aunque no las quiera, son como son y no como quisiera que fuera. En cambio el intelectual ve el mundo como quisiera que fuese y no como realmente es.

La utopía, por lo tanto, es más una característica del intelectual que del político; no obstante, es uno de los elementos de la política. A lo largo del tiempo, los hombres han soñado en formas ideales de organización social, donde no sería necesaria la autoridad, imperando la armonía y la paz, la libertad humana no sufriría limitaciones y los bienes serían de quienes los necesitan.

La utopía ha acompañado al hombre a lo largo de los siglos. Y aunque sus ilusiones se cumplieron parcialmente o no, al menos sirvieron para señalarle el camino del progreso. Ahora la utopía aparece más realizable que antes. Actualmente nadie contesta la posibilidad de eliminar el hambre y la miseria con las fuerzas productivas, materiales e intelectuales técnicamente existentes.

El hombre está en condiciones de cambiar el curso de su propia evolución a través de acoplamientos selectivos, regulando los cromosomas y utilizando formas científicas de condicionamiento ambiental. Por lo tanto, la ciencia está en condiciones de “pagar su deuda y poner en orden los asuntos humanos”, ya que contamos con las “tecnologías físicas, biológicas y conductistas necesarias para hacerlo”.

Por eso observamos que a lo largo de cinco siglos, la utopía se va separando de su concepción originaria y del que había forjado el neocolonialismo: todo lo que Tomas Moro había propuesto; un método, una invitación acompañada con la descripción de una sociedad abierta a un desarrollo histórico, pasándose a la definición de una fórmula cuya perfección es demostrable y alcanzable.

Para que la utopía sea posible, es necesario formular una hipótesis de hombre que todavía no existe: que sepa conducirse más allá de los principios éticos todavía existentes, más allá de la libertad, de la dignidad y más cerca de la fraternidad.

* Diplomático, Jurista y Politólogo.  

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