Carlos Andrés Pastrán Morales
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Una loma dorada, asoleada y seca por el día. Rayos penetran las hojas y el pasto seco en el suelo, dando lugar y hogar a la vida. Gatos viviendo en libertad, corren, comen y descubren nuevos lugares ocultos en aquel espacio mágico. En correntías de aire se alzan versos y cantos que suben al cielo en forma de sueños que luego se hacen realidad. Y algunas expresiones y nuevos sentimientos encontrados se enlazan y habitan en los corazones de todos aquellos espectadores alucinantes de tan maravillosa obra natural y humana, llena de arte.

Se comprende entre la realidad y la fantasía, entre el mismo autor y sus inventos, entre pensamientos vagos instantáneos que son escuchados con cautela que al final resultan ser consejos de la vida para cualquiera. Un lugar y una acción de meditación que llena corazones y elevan el alma a un momento especial para ser mejores siempre, apoyándose unos con otros y deleitándose de obras de los demás. Un respeto cordial y familiar que ayuda a todos en todos los ámbitos.

Un momento en donde un pensador y sus ideas toman lienzos y se vuelven algo material e imaginable. Un momento en donde un poeta, escritor, cuentista, cantante y cualquier tipo de arte que demuestre una opinión no está de más, más bien al contrario.

Una legión de poetas y escritores poco famosos surgiendo desde las entrañas de la sociedad, demostrando para qué son buenos y recitando memorias o sentimientos íntimos que algún día los torturaron y que ahora los hacen versos y cantos que endulzan el oído, mente y cuerpo de cualquier admirador del arte.

En donde el día es cansado y despacio, y la noche es fría, gótica, con árboles sobresaliendo de la luz de la luna y escritos son recitados halagando todo aquello natural que irradie más de algún sentimiento de nostalgia o algún motivo que lleve la iniciativa de escribir y leer algo.

Unos cuantos personajes salidos desde los temas hirientes en familias, comunidades, problemas de cualquier tipo y alguna situación difícil, que los haya llevado a un momento de desesperación y una simple acción de tomar un lápiz y escribir lo que sea que les molestara; después de un desahogo, compartirlo y mostrarlo con las demás personas que pueden sentirse identificadas con tales palabras escritas en alguna noche de miedo y terror a lo desconocido, o en algún momento de lágrimas de cristal que se rompieron al caer al suelo.

Y alguna opinión, alguna pintura, algunas palabras de reflexión, algún poema y una canción resultan ser instrumentos de superación y admiración, que algunas personas logran crear con el alma y con la motivación que otros dan al respetar las ideas de cada quien, que merecen una escucha en silencio durante una pradera en la loma tranquila de los oyentes.

Personas que hacen arte, la pintan, la escriben, la bailan, la canten o la dramaticen, nunca dejen de hacerlo porque siempre hay quienes dependen de ello, y cualquier tipo mínimo de arte resulta ser suficiente para alejar el pensamiento de odio, algún demonio, la falta de paz y falta de tranquilidad con unas cuantas palabras, pinturas, canciones u obras. 

Porque el arte y tratar de hacer arte, es lo mejor que hay en Nicaragua, para dicha de todos, abundan los artistas, los poetas, los cantores, escritores, novelistas, actores y actrices. Ojalá que pudiésemos reconocerlos y apoyarlos más. 

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