Gustavo-Adolfo Vargas *
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El diccionario de la Real Academia Española, define Corolario: como proposición que no necesita prueba particular y se deduce con facilidad de lo demostrado previamente. En pocas palabras, es una consecuencia tan evidente que no necesita demostración.

El juez Sergio Moro, emitió el fallo en contra de Luiz Inácio Lula da Silva, con una condena de 9 años de prisión, para quien encabeza todas las encuestas presidenciales rumbo al 2018, inhabilitándolo para ocupar cargos públicos durante 19 años. Una condena política en un país que desde hace tres años vive sobresaltos institucionales, en medio de una severa crisis económico-social, un golpe dado por la espalda.

El mediático juez Moro, es quien condena al histórico dirigente sindical. Este aparece en muchas de las fotografías de los medios, sonriente al lado de Aécio Neves  (fue candidato de su partido para la Presidencia en las elecciones de 2014, perdió ante la candidata Dilma Rousseff), implicado muy seriamente en la  causa Lava Jato, también al lado del tambaleante Michel Temer (actual presidente), quien podría ser reemplazado por Rodrigo Maia (quien asumió en julio de 2016 como presidente de la Cámara de Diputados, convirtiéndose en el primero en la línea de sucesión a la presidencia de la República).

Moro, es un juez cuyo objetivo final ha quedado claro: que Lula no compita o lo haga condicionado para las elecciones de 2018. La campaña de la derecha, es la misma que le hizo el golpe a Dilma Rousseff. Está muy lejos de la equidistancia política bajo la cual las medio derecha regional intenta situar.

La historia latinoamericana muestra que la estrategia de la derecha brasileña es bien resgosa, puede volverse un boomerang. Lula está a la cabeza de votos en las encuestas rumbo al año próximo, los sondeos lo muestran como el ex presidente mejor valorado en la historia de su país. Gobernó en una época de auge económico y redistribuyó entre su pueblo.

Habrá que ver si la condena en primera instancia bajará sus índices de popularidad, o lo verán como una arbitraria decisión de los que ya efectuaron un golpe a la democracia brasileña durante 2016. Las próximas semanas dirán, Lula que sobrevivió a cuatro décadas de asedio del grupo O Globo, piensa sobrevivir al juez Moro.

Brasil pareciera ser un experimento de la derecha regional en diversos sentidos. Encabeza un profundo ajuste después de una década de ampliación de derechos. Temer recortó la inversión social, principalmente en salud y educación, por los próximos veinte años, aprobando en el Senado una reforma laboral profundamente agresiva.

Con la persecución a Lula, se puede observar el reflejo que se asemeja hacia Argentina y Paraguay, donde Cristina Fernández de Kirchner y Fernando Lugo, aun mantienen una actividad político-electoral. La condena a Lula es, además de ser política parece un mensaje del establishment al grupo de líderes populares de la región, que aun con las corporaciones mediáticas, judiciales y financieras en contra, siguen encabezando las encuestas. 

Cabe recordar que el mismo Sergio Moro jugó un papel central en el golpeteo político que hace un año llevó a la destitución de Rousseff y puso al frente de Brasil al impresentable vicepresidente Michel Temer, envuelto desde antes de convertirse en titular del Ejecutivo en interminables escándalos de soborno y uso indebido del poder.

La derecha brasileña y latinoamericana, intentan la “restauración conservadora”. Parece que vendrán nuevas “condenas políticas” en el Cono Sur; por lo que estaríamos ingresando en la fase de un “Plan Cóndor judicial”.

A escala regional asistimos al creciente recurso, por parte de grupos de intereses ilegítimos e inconfesables de las vías judiciales para excluir de los procesos electorales a fuerzas de diversos signos, pero que comparten la aspiración de modificar el modelo económico depredador imperante.

Esta práctica incontestablemente espuria y vergonzosa, supone una obstrucción de la institucionalidad democrática que desvirtúa lo judicial y lo electoral con el fin último de reemplazar la voluntad ciudadana por los juzgados.

A este entramado local debe sumarse un inocultable componente geoestratégico, en el que intereses foráneos buscan desterrar de manera definitiva el proyecto nacionalista y de cooperación que los mandatarios emanados de la lucha social echaron a andar en la mayor economía del subcontinente.

* Diplomático, Jurista y Politólogo.

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