Miguel Carranza Mena
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La retórica de guerra que recientemente se ha suscitado en el mundo por un posible conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte; China o la India, nos debe hacer reflexionar que a nuestro planeta hace falta mucha diplomacia como la que tiene el presidente ruso Vladimir Putin.

A pesar de ser una de las potencias nucleares, Putin ha presentado en todo momento el Olivo de La Paz, resguardándose muy adentro el derecho al Acero de Guerra.

Recientemente la ciudad rusa de San Petersburgo fue víctima de un atentado, donde fallecieron 14 ciudadanos. En diciembre de 2016 el embajador ruso en Turquía Andrei Karlov fue asesinado por un turco ligado al Estado Islámico.

Por si fuera poco, quien no recuerda el derribo del caza Su24 en Siria por parte de las fuerzas armadas turcas en noviembre de 2016. Este hecho y los mencionados anteriormente pudieron ser motivos para que El Kremlin reaccionara militarmente contra Turquía, sin embargo no fue así.

A pesar de que Petró Poroshenko de Ucrania mantiene una política agresiva contra Rusia y ha solicitado el suministro de armas letales a Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte para responder ante una supuesta invasión rusa, el presidente Putin ha expresado recientemente sus deseos de reanudar los lazos de cooperación con este país insigne de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS.

Putin expresó el mes de julio en Gubkin, ciudad fronteriza con Kiev, que los rusos y ucranianos son gente con paciencia, el mismo pueblo; y que confía que las diferencias acabarán pronto, Dios primero, sin derramamiento de sangre y mediante procesos democráticos.

El mandatario ruso a diferencia de su par de Estados Unidos, también busca una solución pacífica en Siria, azotada desde hace algunos años por tres frentes de guerra, la de los extremistas del Estado Islámico, la de los opositores apoyados por occidente y más recientemente la del Frente Al Nusra también utilizada por los norteamericanos para derrocar a Bashar Al Asad.

Sin la intervención de Putin en Damasco quizás a estas alturas estuviéramos viendo la misma película que en Irak y Libia, invadida por grupos terroristas que siembran el terror en el mundo. 

Putin por ello debería ser nominado al Premio Nobel de la Paz. Ya hay postulaciones del líder ruso que ha devuelto el prestigio y la determinación a Moscú. Por cuestiones políticas el mandatario ruso no se le ha dado este galardón, pero es evidente que su diplomacia, su cordura y el constante diálogo que promueve para resolver los conflictos mundiales le hacen merecedor de tal reconocimiento. 

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