Irma Condori
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“Ojalá alguien me hubiera ayudado antes a entender y expresar mis emociones”; “no recuerdo un abrazo o palabras de cariño por parte de mi padre y no quiero ser igual con mis hijos porque duele mucho”; “ahora intento controlar más mi temperamento y no gritar en casa” son algunas de las reflexiones de los padres que participaron en las sesiones de talleres grupales y visitas domiciliarias del Programa P Bolivia , implementado recientemente en la ciudad de El Alto por el Consejo de Salud Rural Andino (CSRA), con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo y EME-Fundación Cultura Salud.

Esta iniciativa socioeducativa busca fortalecer las competencias de crianza de padres y madres para favorecer relaciones positivas y de cercanía entre ellos y sus hijas/os, promoviendo la participación activa de los hombres en el cuidado de sus hijos e hijas y en las tareas domésticas, las relaciones equitativas en el hogar y la prevención de la violencia hacia mujeres, niños y niñas.

El programa también apunta a reforzar las relaciones de género a través del trabajo con madres, tanto para empoderarlas como para promover procesos de cambios de actitudes respecto del rol tradicional que se les asigna en el hogar, en el trabajo y en la vida social.

Para los facilitadores a cargo de las sesiones de este programa piloto —en el que se trabajó con 700 madres y padres con niños menores a tres años—, resultó de particular interés cómo muchos papás que iniciaron el programa con posturas rígidas acerca de los roles de género fueron flexibilizando sus actitudes e involucrándose más en la crianza de sus hijos e hijas y en las relaciones con sus parejas. El cambio se produjo de manera gradual y fue impulsado por el intercambio de experiencias, reflexiones, aprendizajes de otros padres atravesando situaciones similares y la elaboración de compromisos personales para poner en práctica en su entorno familiar.

En los últimos años, se ha avanzado mucho en la investigación sobre la importancia del involucramiento de los padres en la crianza. Una reciente investigación para la región reúne hallazgos clave de investigaciones internacionales y ejemplos de políticas y programas, resaltando lo siguiente:

La paternidad involucrada y equitativa ayuda a los hijos e hijas a crecer sanos. La intervención de los padres se ha relacionado con un aumento del desarrollo cognitivo y del rendimiento académico, una mejor salud mental de los niños y las niñas, empatía y habilidades sociales, así como con tasas de delincuencia más bajas entre los hijos.

La paternidad involucrada y equitativa permite que las mujeres y las niñas de hoy y de generaciones futuras alcancen su máximo potencial. Al ser corresponsables de los cuidados y las tareas domésticas, los hombres apoyan la participación de las mujeres en la fuerza laboral, la vida social y la igualdad de las mujeres en general. La paternidad equitativa también se transmite de generación en generación: se ha comprobado que contribuye a que los niños acepten la igualdad de género y a que las niñas tengan sentido de autonomía y empoderamiento.

La paternidad involucrada y equitativa favorece la crianza respetuosa. La paternidad es para los hombres una puerta de entrada a la prevención del maltrato infantil y de la violencia contra las mujeres.

El programa P Bolivia generó cambios en un ambiente de solidaridad y confraternidad. Los padres manifestaron que el programa les permitió reconocer, reflexionar y cambiar su rol en la crianza de sus hijos e hijas, tanto para el bien de sus parejas como para sí mismos; gran prueba de esto fue el reconocimiento por parte de las madres de este importante cambio.

Médica con maestría en salud pública internacional. Responsable de Proyectos del Consejo de Salud Rural Andino (CSRA).

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