Marcos Antonio Casanova Fuertes
  •   Managua, Nicaragua  |
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El pasado 28 de agosto, participé en la defensa de la investigación titulada “El derecho a la adaptación frente al paradigma climático: el caso nicaragüense”, para optar al título de Doctor en Ciencias Jurídicas, el postulante; Mario José Torres Lezama. 

En dicho evento, además de contar con el rigor científico con un tribunal internacional invitado por la Universidad Centroamericana (UCA), el doctorando demostró el dominio sobre esta temática que envuelve lo más novedoso de varias ciencias entre las principales: la política internacional, las ciencias climáticas, el derecho internacional público, ciencias forestales y otras. La tesis doctoral centró su atención en las implicaciones que trae consigo el calentamiento global para Centroamérica, especialmente en Nicaragua, presentando que nuestro país presenta el nivel más alto de emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) por más de 47,000 gigagramos vertidos a la atmósfera y que provienen principalmente del Sector del Cambio de Uso del Suelo y Deforestación —CUT’s, por sus siglas—, según la Cepal (2012). 

A como se permite interpretar, Nicaragua presenta a nivel centroamericano el mayor nivel de emisiones de GEI y estos provienen del sector forestal, lo cual coincide con las estimaciones presentadas sobre los altos niveles de deforestación. Según el FMI (2011), que retoma el Inventario Nacional Forestal de 2008, estima que el país aún cuenta con 3.2 millones de hectáreas aproximadamente de bosques de diversos tipos, la cual coincide con el autor de la investigación para estimar que la pérdida de cobertura forestal en los últimos 30 años (1986-2016) es de 2.8 millones de hectáreas y que la tasa promedio anual de deforestación bien podría andar rondando entre 90,000 y 95,000 hectáreas.

Aunque las cifras no son benevolentes, el análisis factual de los hechos exige mayor preocupación en las políticas públicas del sector, por las implicaciones acentuadas que traerá consigo el cambio climático para este siglo en Nicaragua. 

Me regocija mucho escribir estas líneas al saber que la academia en Nicaragua se involucre con este alto nivel científico en el tema y mejor aun cuando lo hace con la severidad que los presentes al evento fuimos testigos, no es común, aun para los que estamos familiarizados tanto con la cátedra, como con lo ambiental presenciar; un jurado calificador de tan alto nivel, la complejidad del tema investigado y  dado que a pesar de ser una tesis jurídica, el autor logró conjugar magistralmente  la interdisciplinariedad  que encierra lo climático-ambiental y traspasó la frontera doctamente de lo nacional a lo internacional y el elemento que no se puede obviar es la calificación obtenida —Cum Lander—, demostrando que si bien es cierto en la geopolítica del conocimiento, como en todo lo ambiental, las grandes potencias tienen el monopolio de la ciencia y la tecnología, los países en desarrollo daremos batalla, en la búsqueda por pasar de la dominación que somos objeto por las potencias contaminadoras a la reciprocidad hasta llegar a una justa cooperación. Esperamos que esta obra cuente con el apoyo para ser publicada y pueda ser de acceso tanto a los decisores públicos como a todos los interesados. En buena hora, Mario, la verdadera batalla por salvar nuestro contaminado  planeta apenas comienza.

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