Adolfo Miranda Sáenz
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Apenas llegara a Colombia el papa Francisco exhortó a los jóvenes a no dejarse engañar y no perder la alegría y la esperanza. Sus palabras están dentro del contexto de su llamado de alerta contra la sociedad de consumo, la dictadura del mercado y la esclavitud del dinero que han creado sociedades de opulencia junto a sociedades de miseria. Existen ciertos grupos sociales por el mundo en los que las personas pierden su libertad, su alegría y su esperanza para convertirse en súbditos del mercado y esclavos del dinero. Sienten la necesidad apremiante de pertenecer a una “élite social” creyendo que eso les dará la felicidad. Una élite que desprecia a los que no están incluidos en ella, considerándolos inferiores, merecedores de menosprecio y burlas. Es un fenómeno social con características de racismo, xenofobia y clasismo. 

Por eso el Papa alerta: “No se dejen engañar”. Porque el mundo está gobernado por la dictadura del mercado que va tras las inmensas ganancias que obtienen mediante “crear necesidades” a la gente. Presentan, por ejemplo, la ropa que debe usarse “en esta temporada”, la cual sustituye a la de “la temporada pasada”, y quien no la compre y deseche la ropa que casi nueva guarda, estará “fuera de moda”.

Ofrecen los últimos modelos de vehículos, los últimos estilos de casas, el nuevo concepto de mobiliario, la nueva tecnología en computación o telefonía, etc. Incluso imponen los colegios a los que deben ir los niños y jóvenes y de qué clubes se debe ser miembro. Aunque todo no sea más que un gran engaño, pues bien se puede vivir usando la misma ropa, conservando el mismo auto y casa, con sus mismos muebles, computadora y teléfono celular durante mucho tiempo, y la mejor educación no la da necesariamente el colegio más caro. Todo es una ilusión creada por el mercado para sacar dinero de las tarjetas de crédito de la gente. Pero, ¿es que hay gente que cae en la trampa y le hace caso a esa dictadura? Sí; porque si no lo hacen dejarían de pertenecer al grupo elitista y eso lo sienten como algo peor que la muerte. La dictadura del mercado los obliga a llenar esas “necesidades innecesarias” para seguir siendo “bien vistos” y “aceptados”. 

Hay personas que buscan “como sea” el dinero para poder pagar el precio de ser miembros del club de hipnotizados por el espejismo de pertenecer a una élite. Se vuelven esclavos del dinero y creen que en el dinero está la felicidad porque les permite seguir siendo miembros de los que “tienen clase”. Una esclavitud que es un cuento de nunca acabar; es cruel porque no permite nunca bajar el ritmo de vida, pues eso lo cobra con desprecio y burla, pero impone la obligación de subir y subir y subir… más y más y más… Ya no basta la más grande y más lujosa casa, ahora vienen las canchas deportivas y parques privados… ¡Más cada vez! La marca de ropa, zapatos o cosméticos ya no sirve, pues ahora viene otra marca, más cara por supuesto. ¡El mercado es una bestia insaciable! Se vive solo para ganar y ganar dinero, y gastar y gastar dinero para no quedarse atrás y que no lo vean de menos. Como dijo San Agustín, es una sed que ofrecen calmarla tomando agua de mar, pero el agua de mar solo da más sed. Hay quienes se aferran a vivir esa vida y lamentablemente en esa competencia interminable, como dice el papa Francisco, pierden la alegría y la esperanza. Es trágico que haya personas que se sometan a la peor dictadura que existe y que crea élites opulentas pero esclavizadas, mientras a la vez crea mucha pobreza. 

* Abogado, periodista y escritor

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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