Carlos Guillermo Muñiz Bermúdez*
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En un día como hoy hace 161 años, José Dolores Estrada, Andrés Castro y un grupo de valientes nicaragüenses derrotaron en la Hacienda San Jacinto a Byron Cole y por ende al filibustero William Walker.  San Jacinto, además de mostrarnos la valentía e ingenio de nuestro pueblo ante un enemigo más numeroso y mejor armado, nos enseña dos lecciones.  

La primera lección es que cuando los nicaragüenses no hemos resuelto pacíficamente nuestras diferencias políticas, los resultados siempre han sido nefastos. En este caso, las rencillas entre los liberales y conservadores de la época llevaron a los liberales a contratar a los filibusteros extranjeros Byron Cole y William Walker como mercenarios, para luchar contra los conservadores.  Los mercenarios se apoderaron temporalmente de Nicaragua y quisieron imponerse al resto de la región.

La segunda es que la unión entre nosotros es la solución a nuestros problemas. Cuando los liberales y los conservadores apartaron sus rencillas y se unieron para enfrentar al enemigo común, derrotamos y expulsamos a Walker del país con el apoyo del resto de Centro América.  

Hoy, los nicaragüenses afrontamos un nuevo San Jacinto. Esta vez el enemigo no son los filibusteros, sino la pobreza y la falta de institucionalidad y democracia en el país. Para ganar esta nueva batalla se requiere nuevamente la unidad y concordia entre todos los nicaragüenses. Nuestros antepasados ganaron militarmente San Jacinto I en 1856, y ahora, nosotros tenemos que ganar pacíficamente San Jacinto II.

Todos los nicaragüenses debemos unirnos para ganar esta batalla, pero el primer paso para la unidad, reconciliación y recuperación institucional y democrática del país lo deben dar los líderes del gobierno actual.

*El autor es nicaragüense y Director Honorario 

de Funides.  Sus opiniones son personales. 

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