Rafael Lucio Gil *
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La educación constituye la oportunidad más estratégica del ser humano para construirse a sí mismo y con otros. Se hace persona desplegando sus capacidades físicas, sicológicas, espirituales, cognitivas y metacognitivas, en interacción social.

La familia constituye la cuna de la educación más cercana y de gran impacto para el futuro de cada niño o niña. Pero nadie prepara a la familia para esta compleja tarea que demanda un cuido exquisito y un proceder sumamente tierno y delicado. Por ello nos planteamos dos preguntas claves: ¿Cuáles son las fortalezas de la familia que contribuyen a que niños y niñas crezcan con salud integral? Y, en el sentido inverso, ¿qué factores son adversos a este desarrollo integral de la niñez en el seno familiar? 

En las dos últimas décadas, con el amplio desarrollo de las neurociencias en diálogo sistemático entre disciplinas científicas, se han logrado determinar estos dos factores. Conocerlos hoy en el ámbito educativo y de políticas públicas, ofrecería al país una gran oportunidad de desarrollo humano sano y sostenible. 

Diferentes investigaciones sistematizadas aportan cuáles son estos principales factores que fortalecen el desarrollo integral de la niñez, que podrían contrarrestar los efectos nocivos provocados por los factores nocivos. La armonía entre los miembros de la familia, su cercanía; el apoyo que reciban niños y  niñas de la familia; el cuido  entre sus miembros, el especial cuido hacia la niñez; su construcción de identidad, el amor especial que sientan en la familia, y la prioridad e  importancia que se les brinde.

Existen tres grandes ámbitos nocivos a los que deberíamos prestar mucha atención. La negligencia física, se refiere al poco cuido de la salud, no buscar atención médica, y descuidar el aseo. La negligencia afectiva, cuando la niñez no se siente querida e importante por la familia; no se cuidan entre todos, ni existe relación cercana ni apoyo. 

Las experiencias negativas en la niñez son claves: el abuso físico con golpes, empujones, bofetadas, arrojar cosas, y golpes que dejan marcas; el abuso sicológico, con expresiones ofensivas, insultos, menosprecio, humillaciones. El abuso sexual, con tocamientos o caricias indebidas, tocar el cuerpo de otra persona a nivel sexual, y distintas formas de relaciones sexuales. El hogar disfuncional, por ejemplo la enfermedad mental conviviendo con la niñez, familiares con depresión u otras enfermedades mentales; la dependencia de drogas o alcohol, el divorcio y separación de madre y padre, el abandono de la familia por muerte o migración; la violencia de género, sexual, sicológica y patrimonial, y el encarcelamiento de algún familiar. Cualquiera de estos factores interactúa con los demás y, en la medida que se sostengan en el tiempo, provocarán mayor estrés nocivo en la niñez, con consecuencias de futuro difíciles de superar.

La escuela recibe miles de niños y niñas cada año; buena parte de ellos ingresa a la escuela con sus mochilas cargadas de factores de experiencias negativas más que positivas. Cuando maestros y maestras han recibido formación de calidad y poseen sensibilidad y empatía suficientes, perciben dificultades de conducta y  aprendizaje; en el peor de los casos, otros ni siquiera caerán en la cuenta. En cualquier caso, para que logren hacer frente a esta compleja situación, requieren actualizarse en una lógica de atención holística, pedagógica, sicológica y emocional, en particular. La consejería escolar, en la medida que incorpore también estas sensibilidades nuevas, podría constituirse en un espacio de gran impacto educativo. 

Es importante que el Mined elabore un plan especial al respecto, incorporando con fuerza el tema en la formación (currículum de escuelas normales y facultades de educación) y actualización docente, superando la visión unidisciplinar, con diálogo holístico entre las disciplinas involucradas. Más allá de la buena voluntad institucional existente de mejorar la educación, será importante profundizar mucho más en esta temática, con acciones educativas que procuren sanear estos estresores nocivos en la niñez y adolescencia. No hacerlo bien y a tiempo, cobrará consecuencias nefastas al país, que podrían preverse y superarse a tiempo. Las investigaciones más recientes concluyen que, cuando estos factores negativos no se controlan a tiempo desde la infancia, tendrán influencia comprobada en la adultez, con mayores probabilidades de desarrollar determinadas  enfermedades y conductas anormales en la sociedad.

Visión Mundial, Unicef, Plan Internacional, Educo, Codeni, Upoli, Ideuca, Foro de Educación y Desarrollo Humano y otros, ya están aportando también a transformar las formas de crianza de la familia, con métodos de enseñanza aprendizaje desde una Pedagogía de la Ternura. Si lo logramos como país, fortaleciendo la política de la infancia, podremos vencer estos factores negativos y fortalecer las experiencias positivas de la niñez. Así, no solo tendremos hoy una niñez feliz, sino también  un país saludable.

* Ideuca.

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