Carlos Andrés Pastrán Morales
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Aquellos eran los buenos tiempos, que muchos vivieron y que muchos no. Aquellos tiempos donde unas nubes oscuras no daban tanto temor como ahora, tiempos donde se podía respirar aire fresco, tiempos donde no hacía mucho calor, cuando no había mucho tráfico ni tanta gente en las calles, cuando no se veían los basureros en las calles, cuando había menos delincuentes y las personas eran más bondadosas y tranquilas. 

A veces parece que el progreso social cuesta porque trae muchos problemas consigo, muchos problemas pequeños y fáciles de dar por sentado, que a la larga, representan un problema epidémico para cualquier ser vivo.

Hoy en día una tormenta representa un peligro para la ciudad. La cantidad de gente que ha venido surgiendo con los años, ha hecho que se construyan más casas, más calles, más residenciales y más vehículos, pero de manera desordenada. Antes una tormenta era fácilmente tragada por el suelo, por la porosidad del mismo, se infiltraba en el manto acuífero, ahora una tormenta cae y salpica entre calles, adoquines y causes que inundan la mala estructura de ciertos lugares e inunda las casas.

El tráfico vehicular y la misma emanación de gases de los automóviles han provocado que exista en la actualidad una contaminación auditiva y una contaminación atmosférica en el ambiente. Obviamente no en toda la región del país, pero sí en la capital, debido también al crecimiento de número de autos y a la mala construcción de las calles que no han sido renovadas tampoco. 

Tal vez no estemos como China ni como México, donde el esmog fotoquímico es causado por una enorme cantidad de gases de combustibles fósiles que reaccionan con la luz UV que irradia sol… Pero es seguro que en unos años ese mismo fenómeno existirá acá.

Ahora con el tiempo ha existido el cambio climático, que muchos dicen que es solo un concepto, nada tan grandemente establecido, que otros dicen que no es cierto, pero uno mismo es capaz de sentir el cambio del clima. 

Antes sentíamos fresco y correntías de aire, ahora solo se sienten calores eternos por las tardes y que luego caen unas cuantas gotas de agua del cielo en la noche para hacer más calor. Siempre debido al crecimiento poblacional y a la contaminación, hecho que viene desde el acontecimiento de la Revolución Industrial en siglo XVIII.

La verdad es que no sé si antes las personas eran menos cochinas que ahora, pero puedo decir que la causa de los basureros no registrados, que vemos en las calles, detrás de las cercas, en terrenos de nadie, son las personas que no han tenido una educación ambiental, o que no les importa realmente, o que simplemente no tienen valores ni conocimiento alguno del daño que están haciendo al botar la basura en el lugar que se les plazca y cerca de sus casas, en donde ellos mismos están produciendo las enfermedades. 

Esto puede causar lixiviados, químicos o sustancias que entran al suelo y que contaminan a este y que pueden contaminar también las aguas subterráneas.

Y el mismo sofoque, calor, tráfico, basura, contaminación va haciendo, poco a poco, menos tolerantes a las personas. Muchos vamos viviendo una vida con querer un cambio, pero que muchos solo contradicen estas ideas y aportan al subdesarrollo.

Las personas debemos cambiar de mentalidad y dejar de vivir de las redes sociales, de la vida de los demás, de los problemas con otras personas, de quejarse tanto y comenzar a planear una vida exitosa llena de estudios y dedicación y aportar soluciones. 

Sin un cambio de pensamiento, la pobre Nicaragua, que cada vez más sorprende con las tragedias que pasan en ella, sin ese cambio, vamos a seguir estancados, y los muchos que queremos hacer un cambio, vamos a morir como héroes no reconocidos en simples lápidas en un cementerio olvidado con pilas de basura encima. 

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