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Horacio Aguirre Baca vivirá en los corazones y la memoria

Mi “Titito” (el apodo que sus sobrinos Aguirre Sacasa usábamos al referirnos a él) fue un hombre extraordinario.

Horacio Aguirre Baca salió de Nicaragua al exilio en mayo de 1947, junto con mi papá, cuando el general Anastasio Somoza García derrocó al gobierno del presidente Leonardo Argüello. Nunca regresó a su patria, ni siquiera durante los años del gobierno de doña Violeta, a pesar de que mi papá regresó y yo ocupé cargos tanto en el Poder Ejecutivo como en la Asamblea Nacional. Pero guardaba en su corazón un gran amor por nuestro país y se mantenía al tanto de lo que en el pasaba.

Mi “Titito” (el apodo que sus sobrinos Aguirre Sacasa usábamos al referirnos a él) fue un hombre extraordinario. Creía mucho en la familia, era extraordinariamente religioso, inteligente, simpático y muy culto. No le interesaba la cultura popular. Pero le encantaban las zarzuelas, la música clásica, leer y escribir.

Tenía un gran amor por la hispanidad y luchaba por que todos los jóvenes, tanto de su familia como de la comunidad hispanoparlante del sur de la Florida, amasen y conociesen el gran legado cultural que heredamos de la madre patria y de los países iberoamericanos de sus antepasados. En fin era un caballero de la “vieja escuela” con poderosos valores tradicionales.

Tengo recuerdos que remontan a comienzos de los años cincuenta, como cuando nos visitó en Washington recién casado con su esposa, Helen Craigie. Recuerdo que lo recibimos con una lluvia de arroz. Cuando cumplí los 14 años, el alquiló un Thunderbird descapotable para que lo manejase en Miami con mi permiso de conductor aprendiz, y me regaló mi primer carro. Y durante mis vacaciones en Miami lo acompañaba todos los días al diario Las Américas, el periódico que él y mi papá fundaron el 4 de julio de 1953. Desde entonces nació mi interés en el periodismo y mi compromiso para con la libertad de prensa. Debo de añadir que fue muy generoso conmigo hasta el punto que me nombró padrino de su último hijo y mi primo hermano, Alejandro Aguirre Craigie.

Lo vi por última vez hace un par de años cuando pasé unas semanas de vacación en las playas de Miami. Pero estuvimos en comunicación telefónica regularmente hasta unos días antes de que sufriera una suerte de derrame a mediados de este año.

Indiscutible fue su dirección del diario Las Américas por más de 50 años. A pesar de que el sur de la Florida era predominantemente angloparlante, en los primeros años el periódico se consolidó no solo en Miami, sino que también en el Caribe. Y con la llegada al sur de la Florida de los cubanos del exilio y, posteriormente, de otras olas, incluyendo la nicaragüense, prosperó y creció en influencia, de nuevo en la Ciudad del Sol, pero también en la cuenca del Caribe.

En el plano familiar, su mayores logros fueron su matrimonio ejemplar y sus seis hijos. El menor, mi ahijado Alejandro, llegó a ser electo presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) al igual que mi tío Horacio. Y Helen trabaja en La Casa Blanca como asesora del presidente Trump.

Él era un demócrata incondicional e hizo propias las causas de la comunidad cubana, luego la nicaragüense, y les dio apoyo desde el diario Las Américas, sobretodo en sus editoriales. A pesar de que yo me considero un liberal con una inclinación progresista, y él era políticamente un conservador, me consta que sus creencias eran sinceras y reflejaban su compromiso con lo que llamo la vieja escuela a la que él pertenecía. Sus valores democráticos hicieron, por ejemplo, que el periódico se pronunciará en contra de las dictaduras de Trujillo, Batista y la dinastía somocista. Otro logro fue su dedicación a la comunidad de Miami, prácticamente hasta sus últimos días estaba recibiendo reconocimientos por su trabajo incansable por la ciudad donde vivió desde 1953 y por el liderazgo que desempeñó en ella.

Tuvo seis hijos y tres de ellos se dedicaron al periodismo: Carmen María que tenía a su cargo la revista semanal del Diario; Helen Albertina, quien posee un alto cargo en La Casa Blanca, se encargó de las páginas de opinión del diario pero, además, era un a comentarista de televisión en PBS, una cadena prestigiosa norteamericana. Y Alejandro que logró ocupar un cargo alto en la dirección del diario y fue presidente de la SIP. Obviamente los tres trabajaban muy estrechamente con mi “Titito” y seguramente aprendieron mucho de él, pero cada uno de ellos tiene su propio talento, su propio brillo.

Su fallecimiento  deja un gran vacío en el clan que somos los Aguirre Sacasa y los Aguirre Craigie. Lo mantendremos en nuestros corazones y eso es lo que cuenta. Los romanos antiguos creían que la inmortalidad consistía en eso: vivir en los corazones y la memoria. Los restos mortales de mi tío Horacio reposarán en el Woodlawn Park Cementery de Miami, al lado de los de su padre y madre, mis abuelos, el general Horacio Aguirre Muñoz y Pilar Baca Herdocia. A su lado también está enterrada mi tía Helen y su hijo, Carlos Ricardo, quien falleció a una joven edad y quien fue como un hermano para mí, además, mi compadre.