Augusto Zamora R.*
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El presidente Donald Trump ha apodado ‘Hombre-cohete’ (Rocket-man) al presidente de Corea del Norte, que ha respondido, calificando a Trump de ‘trastornado mental’.

Trump se dice dispuesto a “destruir totalmente” Corea del Norte. Corea del Norte responde que va a ‘hundir EE. UU.’. Falta solo que se reten a ver quién la tiene más larga.

Hemos llamado sainete a la reyerta callejera en que han convertido la crisis los líderes de ambos países, pues llamarla otra cosa sería darle un nivel que está lejos de tener.

Las crisis internacionales —como las internas— no pueden abordarse con lenguaje de patio de colegio, ni poniéndose un líder a repartir amenazas como quien reparte pirulís, menos aún cuando hay armas atómicas de por medio y millones de vidas en juego.

Nada que ver con la prudencia y comedimiento de líderes como Vladimir Putin y Xi Jinping, que creen en la moderación y el diálogo como única vía de solución posible.

Puede entenderse a Kim Jong-un, cuyo país lleva décadas temiendo un ataque de EE. UU., no a Trump, pues Corea del Norte no representa un peligro real para EE. UU.

EE. UU. dispone de 10,000 cabezas nucleares. Corea del Norte, con fuerza, poseerá diez. EE .UU. almacena miles de misiles, Pyongyang, unos pocos.

Debieran Trump y demás políticos estadounidenses actuar con un mínimo de seriedad, dándole al tema la dimensión objetiva que tiene: la de un país pobre urgido de ayuda.

Negociar átomos por ayuda económica. Nada más.

az.sinveniracuento@gmail.com

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