Migdonio Blandón B.
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Una noche recién pasada durante todo el tiempo que dormía, tuve un insistente sueño  de esos que por lo  repetido llamamos pesadilla; y pareciéndome que el tema del mismo es algo que en la vida real con frecuencia sucede y que al mismo tiempo que aporta algún beneficio, contradictoriamente  son destructivos de la base familiar, que a su vez es la base de la sociedad en general; por tal razón me permito hacer una esquemática narración de dicho sueño o pesadilla, que quizá pueda servir a alguien para recapacitar en su vital actuación.

Conocí en mi sueño a un multimillonario empresario cuyo nombre era Clemente, pero actuaba en gran parte de forma contraria a su nombre; su clemencia solamente llegaba a sus buenos administradores gerenciales y a nadie más favorecía, ni siquiera a su familia a la que trataba de forma indiferente. Para él solo tenía importancia su capital y sus empresas. Así, un nieto suyo, ayudado por su madre y esforzado, teniendo  títulos académicos por ser su nieto, increíblemente, no fue aceptado en sus empresas.

Empresarios como don Clemente, es cierto que de alguna forma aportan a la economía, pero fuera de ella que se nutre exclusivamente de bienes materiales, su inclemencia en todo lo demás es destructiva del pilar básico donde se asienta la sociedad en general que es la familia. Pues nuestro Dios omnipotente, creador de todo lo que existe, para el desarrollo en general de la humanidad, dio al ser humano en especial, el privilegio de su identidad en Adán y Eva, nuestros primeros padres y principio de familia.

Aunque desde el comienzo faltando al mandato divino se ha caído en tremendos errores,la familia sigue siendo la familia,cuyos vástagos han venido desarrollándose por todo el orbe, según las circunstancias y el propio destino según el albedrío que es propio de   cada quien y su principio familiar, aunque hay métodos de cambio, estos no  se pueden  eludir. Si con el esfuerzo logramos dominar la voluntad proponiéndonos vencer y alejar de la  realidad lo que nos daña, como darle importancia a dicha pesadilla.

El mes de octubre, que la Iglesia católica ha llamado el mes de las misiones, podemos tratar de unificar la familia cristiana, haciendo vida con intensidad la base intrínseca de dicha doctrina que es el amor; porque como ha dicho San Pablo, quien dice que ama a Dios y no ama a su prójimo es un mentiroso; pues para ser auténticos cristianos, hay que vivir como Dios manda, que es vivir sin diferencias e intrínsecamente el amor como Él ha querido, que es amándonos unos a otros, inclusive a quienes nos ofendan.

Por ello para vivir así, que es la base solidaria de la doctrina cristiana,   haciéndola vivencia! en todo concepto, el indefinido tiempo que la Providencia divina quiera darnos, dándole así sentido a toda ella de una misión permanente, amándonos siempre como hermanos y viviendo como verdaderos hijos suyos; y contribuyendo de forma definitiva con la disposición de la Iglesia católica de nominar a octubre el mes de las misiones, siendo de tal manera vivencialmente cristianos de forma permanente.

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