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En esta época de redes sociales, en donde los asuntos se dirimen de manera pública y todos somos partes del debate, me ha llamado la atención esta controversia entre Teletón y Los Pipitos. Ya va para seis meses y no se ve arreglo. Cada organización ha expuesto sus argumentos y son cientos los que azuzan el conflicto con ofensas, epítetos y acusaciones que más que abonar a una salida la entorpecen.

Aquí hay un elemento, que todas esas personas que hablan en redes y opinan como conocedores del tema, dejan a un lado. Incluso, Los Pipitos mismos, que es la organización que se dice defensora de los derechos de la niñez con discapacidad, parece no tomar en cuenta: ¿qué va a pasar con las atenciones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes con discapacidad si se cierran esos ocho centros que se han construido a lo largo de 17 años gracias al aporte de todos en Nicaragua? ¿Acaso todas esas personas que con emoción discuten en redes sociales abrirán las puertas de sus casas para que allí se brinden las terapias?

La discapacidad va más allá de Los Pipitos, esa es una realidad innegable, así como es innegable el trabajo que esta organización ha hecho en sus 30 años de historia. En los últimos años esta Asociación ha mantenido entre 12 y 15 mil familias afiliadas en 82 municipios del país que ellos llaman capítulo. Sin embargo, en Nicaragua las estadísticas de menores en condición de discapacidad supera con creces esa cifra. El Minsa habla de 130 mil personas con discapacidad, según el censo que realizó el programa Todos con Vos, acá se incluye a niños y adultos. No obstante, la Organización Mundial de la Salud calcula que pueden ser más de 200 mil los menores de edad que en nuestro país enfrentan alguna discapacidad. El reto de atención es monumental.

Desde el momento en que Los Pipitos optan por una discusión mediática, los grandes perdedores fueron los niños y niñas que ellos dicen defender, ¿por qué? La causa de la discapacidad ha sido golpeada y aunque muchos griten que van apoyar incondicionalmente a Los Pipitos, los esfuerzos para recaudar en este país son enormes. No es nada fácil conseguir fondos para proyectos benéficos, pues cada vez son más las causas sociales que requieren esa ayuda. Los costos para mantener los ocho centros especializados, más los 38 que Los Pipitos dicen tener en otros puntos del país, son elevados. 

Cada año que se desarrollaban las campañas de recolección de Teletón se decía abiertamente que los fondos se destinaban para el sostenimiento de los ocho centros surgidos de las colectas anuales, centros a los que llega cualquier niño o niña con discapacidad. “Yo donaba a Los Pipitos no a Teletón”, gritan y vociferan. No, realmente se donaba para cualquier niño o niña con discapacidad que requiera atención. Ojo, Pipitos no es sinónimo de discapacidad y prueba de ello es que la  gran mayoría de familias que acuden a estos centros no están afiliadas a dicha organización. Además, los otros programas que Los Pipitos impulsan, y que son muy loables, tienen otras fuentes de financiamiento como la cuota que el Gobierno les da, a través del Presupuesto General de la República, y el apoyo de organismos internacionales. Financiar todos los programas  de esta asociación con la colecta anual, debilitaría la calidad de las atenciones en los ocho centros especializados de donde surgen los diagnósticos  para poder desarroll
ar un plan de intervención en donde la familia es el eje para sacar adelante a su hijo o hija con discapacidad.

“Que entreguen el dinero de la colecta de este año, lo de los centros lo vemos después”, ha dicho ante los medios Leonor Gutiérrez, fiscal de esta asociación. “Se quieren quedar con el mandado”, afirma, maliciosamente Ruth Elizondo, su tesorera. ¿Y la sostenibilidad del proyecto qué? ¿Qué va a pasar cuando lo colectado este año se acabe a la vuelta de unos meses? Ambas dirigentes han hablado de estrategias de recaudación, sin embargo, para conseguir, supongamos, 300 mil dólares de acá a marzo del 2018, se debe trabajar desde ya y lo que han hecho es pelear, injuriar, utilizar a los niños y niñas en manifestaciones públicas, violándoles los derechos que dicen defender (Artículo Código de la Niñez y la Adolescencia). De igual forma, al boicotear el trabajo de Teletón y no impulsar ellas un plan serio de donación, el proyecto será insostenible y se verán obligadas a despedir al personal que presta su servicio en los ocho centros y, por ende, no habrá atenciones para la niñez con discapacidad.

Sobre los hombros de Ruth Elizondo y Leonor Gutiérrez está la total responsabilidad del éxito o el fracaso del proyecto de nación que permitió durante 17 años garantizar la atención en ocho centros a niños, niñas, adolescentes y jóvenes con discapacidad, independientemente que fuesen o no de Los Pipitos. “Si así lo hiciereis que la Patria os premie, sino que ella os lo demande”.

Club Activo 2030 Managua Capital

Presidenta 2017-2018 

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