Esteban Solís R.
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El próximo 10 de octubre los taiwaneses festejarán los 106 años de fundación de la República de China con vistosos desfiles, eventos culturales y mostrarán al mundo su impresionante desarrollo, pero en esta ocasión tiene un cariz especial porque el ámbito político tanto a lo interno como al otro lado del  Estrecho no les es muy favorable y todas las miradas apuntan a la presidenta Tsai Ing-wen, cuyos niveles de aceptación han retrocedido del 69.9% al día de su elección a un poco más del 35%.

Decenas de personas han salido a las calles para protestar por una serie de reformas  en lo laboral y de pensiones, que según los afectados (maestros, funcionarios y militares retirados) limitan sus beneficios. El próximo año hay elecciones municipales y el desafío del Partido Demócrata Progresista  (PDP) que ella lidera, es quizás no incrementar, pero al menos conservar las principales ciudades que ganó su formación política en los comicios de 2014 incluyendo la capital.

Sin embargo, sus tensas relaciones con la China Nacionalista, destino principal de sus exportaciones e inversiones, es uno de los factores que le ha restado puntos por las pérdidas económicas y el riesgo para la seguridad nacional que esa situación conlleva. Desde el primer día que arrancó su gobierno definió la columna vertebral de su política hacia China: respeto a la voluntad popular, democracia, mantener el statu quo y seguir la Constitución Política. Esto enardeció al gigante asiático que respondió de inmediato cortando las comunicaciones con Taiwán y a tejer un cerco diplomático contra la isla.

A principios de este año la mandataria hizo un gesto amistoso hacia Pekín. En una entrevista al diario local Ziyou Ribao (Tierra de Libertad) dijo que entendía y respetaba el hecho histórico de que Taiwán y China llegaron a acuerdos y reconocimientos comunes en 1992. Pero tampoco fue suficiente para la dirigencia china, porque exige que la presidenta acepte el ya mundialmente famoso “Consenso de 1992” (una China, dos interpretaciones), pero que ella se niega aunque acepta recoger la esencia de ese acuerdo con otras palabras que no indiquen que Taiwán pertenece a China.

La presidenta Tsai ha cumplido su compromiso con la paz y la estabilidad en el Estrecho, pero no cede a las presiones de China que ha multiplicado sus represalias, por ejemplo, una reducción  considerable en la afluencia del turismo de sus conciudadanos hacia la isla, interrupción de negociaciones y el bloqueo para su ingreso a entidades internacionales.

China empezó a desplegar su poder político y económico como una potencia en ascenso meteórico para tratar de aislar a Taiwán, arrebatándole algunos aliados en África y América Central, rompiendo una especie de “tregua diplomática”.

El 18 de octubre, el Partido Comunista de China Popular celebrará su 19 Congreso, evento que los líderes de Taiwán seguirán muy de cerca por razones obvias. Este congreso, como la gran mayoría de los anteriores, no es ajeno a las purgas internas de las que Xi logra obtener ventajas para consolidar su red de poder y en ese sentido ha removido desde líderes provinciales hasta el nivel central.

¿Qué podrían esperar los taiwaneses de este congreso?  ¿Nada?  ¿Mucho? ¿O simplemente será una reunión para consolidar el poder del presidente Xi de cara al próximo quinquenio y la elección de su sucesor?  Es atrevido aventurarse a hacer pronósticos debido al hermetismo de sus convenciones y este no es la excepción. Ojalá que Xi no vaya a endurecer su política de estrangular diplomática y económicamente a Taiwán y asuma la invitación de la presidenta Tsai, que ha reiterado que su país no cederá ante la presión ni retomará el anterior sendero de la confrontación. También ha instado a Pekín a mantener la calma y la racionalidad de cara a esas relaciones y a impulsar un diálogo más constructivo.

En un intento por recomponer su imagen, Tsai nombró primer ministro al carismático alcalde de la ciudad sureña de Tainán, Lai Ching-te, de quien se dice es uno de los dirigentes políticos más populares del país. Es más, se menciona como un potencial candidato presidencial.

El autor es periodista

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