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Las lluvias desproporcionadas de la última semana han dejado claro que la ciudad de Managua necesita con urgencia más infraestructura de drenaje, la reforestación acelerada de su contorno, un cambio en la cultura del manejo de la basura y sistemas de prevención y alerta para quienes conducen mientras llueve.

Los hechos nos muestran que el cambio climático ha avanzado más rápido que las acciones de prevención y mitigación contra los fenómenos naturales que provoca aquí, como lluvias de poca duración y alta precipitación. El jueves cayeron sobre la capital 100 milímetros de agua en menos de una hora, y una lluvia similar ocurrió al día siguiente con las consecuentes inundaciones y los riesgos para la vida de personas que en esos momentos circulaban en vehículos, expuestas a ser arrastradas por las corrientes.

Las autoridades municipales dicen que bastan 70 milímetros cúbicos para que colapse el sistema de drenaje pluvial de Managua que, en algunas zonas, data de hace 50 años. Si a eso añadimos la carga de basura que acumulan los cauces, producto de la mala cultura de pobladores que la lanzan allí, las aguas se desbordan más rápido y corren con mayor fuerza destructiva porque van cargadas de múltiples objetos; llantas viejas, por ejemplo. Cada día, Managua genera más de 1,500 toneladas de basura, de las cuales unas 300 toneladas son echadas a los cauces, según cálculos de la comuna.

Las corrientes bajan con más velocidad y violencia desde las partes altas del sur de la ciudad, donde la desforestación del área rural ha sido un problema de décadas. Habitantes de algunos barrios afirman que cada vez las inundaciones son más frecuentes. Decir que todo es culpa del cambio climático, sería una falsedad. Este problema natural existe, pero desde hace años hemos estado advertidos del comportamiento extremo del clima, ya sea muy seco o demasiado lluvioso.

Frente a este peligro ambiental, hay responsabilidades compartidas en la sociedad nicaragüense. Por un lado, la municipalidad tiene que apresurar la construcción del canal de trasvase que facilitará el desagüe hacia el lago Xolotlán y evitará inundaciones, una obra programada que cuenta con el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Por el otro, los ciudadanos en general deben cambiar su actitud hacia el manejo de la basura y proponerse dejar de echar todo desecho a la calle y a los cauces, porque ese basural taponea los conductos del drenaje y hace saltar las aguas hacia calles y viviendas, provocando destrucción, insalubridad, enfermedades y otros daños a la misma población. Quienes habitan en el cinturón rural de la ciudad deberían reforestar de forma sostenida, quizás con un plan de educación y de estímulos para que lo hagan bien.

Managua es una ciudad que se está modernizando, con nuevas construcciones, de viviendas, edificios comerciales y vías, lo que refleja en parte el progreso económico de Nicaragua. Pero, los constructores tienen que actuar con mayor rigor para dotar a estas obras de calidad y sistemas de seguridad ambiental.

Las alertas y medidas preventivas por lluvias, comunes cuando se acerca un huracán y se teme inundaciones extraordinarias, ahora deben ser consideradas ante emergencias atípicas como las de la semana pasada, para empezar cerrando el tráfico en las zonas más vulnerables. El jueves, los bomberos rescataron a 26 personas que estaban a punto de ser arrastradas por las corrientes cuando sus carros eran cubiertos por el agua.

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