Carlos Andrés Pastrán Morales
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Cuando ya se han pensado demasiado las opciones disponibles. Cuando ya no hay más vueltas que darle al asunto. Cuando ya te has contado a ti mismo historias y relatos infinitos. Cuando ya contaste suficientes vueltas en tu cama de un lado a otro. Cuando ya la decisión está dada y al día siguiente es el día de acción. Cuando las personas que te acompañan en el momento difícil te aportan ayuda para la retroalimentación.

Cuando las constelaciones surgieron hace miles de millones de años inimaginables. Cuando los eclipses se unieron. Cuando el tiempo fue justo y preciso. Cuando todas las señales anuncian que es el momento de hacer lo correcto, ya sea por primera o décima vez, y poner pie firme a las decisiones que a veces nunca llegan a materializarse.

Cuando después de pensar tanto y quedar en la indecisión muchas veces, entre el todo y la nada. Cuando ya te cansas de que siempre sea lo mismo sin ningún cambio radical que dé un giro de 180 grados a tu vida y que todo se vuelva mejor. Cuando por fin, en el momento oscuro de la noche, en el momento de la locura que es cuando se llega al estado máximo de la realidad, dejas de respirar aire contaminado por aire puro y fresco de la naturaleza salvaje y antigua. Cuando abres los ojos y dices que ya es el tiempo.

Suena la alarma rápidamente por la mañana. De un salto te levantas, agarras una toalla y te vas al baño. Te lavas los dientes y pasas un peine por tu pelo. Te alistas formal y salir a enfrentar el mundo y a las personas en tal momento especial.

Cuando todas esas horas de pensamientos vagos, decisiones locas, tiempo perdido, lecturas inútiles, libros gastados, folletos fotocopiados, carpetas rotas, computadoras sin baterías, cuadernos llenos, hojas gastadas, hojas arrugadas, lápices sin punta, cerebro en llamas y maquinando entre tanto pensamientos y acciones, se crea una idea sutil y quedamente perpleja a uno mismo, el autor, de semejante y maravillosa ocurrencia.

Y mientras el reloj se mueve y llega el momento propio de subir al escenario con unas cuantas hojas sueltas, con temor en las piernas, con nervios en los ojos y con un público expectante de un error chistoso que te marque por el resto de tu vida.

En ese justo momento, en donde todo se detiene, en donde el pasado y el futuro entran en una paradoja existencial, y en donde toda tu vida social, sentimental concluyen en la fluidez de unas palabras elocuentes, incoherentes que rezan y resuenan en las orejas de los incautos distraídos del público esperando una voz humeante, esperando algo increíble, esperando algo intrépido y maravilloso.

Ese momento en que tomas la decisión de hacer todo bien por un momento, y el pensamiento de todos los males huyen a como sopla el viento. Y tu voz errante sobrepasa los límites y las ventanillas del salón. 

Y en las personas repica como réplicas aquella voz armoniosa llena de rimas, aquella exposición de tesis, aquella defensa importante, aquella entrevista de trabajo, un ascenso, una mención. 

Cuales quiera que sea el hecho, la acción, desesperación y toma de decisión siempre prevalecerá.

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