Migdonio Blandón B.
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Dios omnipotente creador absoluto del universo y la humanidad entera hizo entre todas las criaturas del orbe al hombre; y de su naturaleza física misma a la mujer, para que fuese su compañera  y que de ellos viniese la descendencia de los seres humanos en general, a quienes  con la vida y por tiempo determinado quiso  hacernos  a  imagen  y semejanza suya. También quiso dar a cada quien el privilegio especial de que a su propio criterio y conforme a su actitud vital se labrara su destino. 

Aunque desde el comienzo quiso orientar a todos los seres humanos a seguir el camino del bien, por distintos medios, además de  sus profetas  con distintas personas por Él escogidas  que enseñaran el camino del bien; dicha enseñanza desde el comienzo de la creación ha sido eludida; pues  desde  el  principio de la creación la pareja inicial desviándose faltó a sus mandatos. Las fallas han venido creciendo de generación en generación y por ello decidió venir al rescate de sus criaturas.

Con tal intensión hace un poco más de dos milenios, la segunda persona del sacrosanto misterio de Dios trino y uno, nuestro Señor Jesucristo, como Dios y hombre nació del vientre inmaculado de la virgen María  por obra y gracia del Espíritu Santo; así nuestro Señor también en su  sacrosanta personalidad  vivió 33 años hasta el cruento martirio de la cruz, en que se ofreció  de holocausto por la redención de sus hijos predilectos, que al desviarse del buen camino por atajos van a la perdición.

Él  toda su santa vida la dedicó con su doctrina de amor  a hacer el bien y  también por distintos medios enseñar que  el camino del bien es el único camino que acatando  sus mandatos lleva al  disfrute de la vida a plenitud. Por la misma ruta  con rumbo fijo se va directo a la salvación definitiva, para así a su debido tiempo entrar sin tropiezos al disfrute con los bienaventurados que nos han precedido a disfrutar del glorioso y eterno reino de nuestro Señor.

El elemental principio para llegar a tan glorioso e incomparable fin para todos también puede ser transmisible con la fe en la doctrina cristiana,  que es en sí la eterna fuente del amor, que nuestro Señor y salvador, como insigne e incomparable maestro, desde el comienzo de nuestra era, cuyo principio es Él mismo; queriendo redimir a la humanidad, quiso fomentar el bien y enseñar el  único camino de salvación con su doctrina de amor, sembrando en todo hogar y a cada criatura que nace la semilla de la fe cristiana.

Así Él, maestro incomparable, ha querido hacer de la educación y la fe cristiana una fuente inagotable, para que en ella sacien la sed  sus criaturas privilegiadas. El Maestro de maestros ha querido que además de utilizar la enseñanza y la fe en los hogares la apliquen a su vida; y el que por su gracia  la tiene, cumpliendo con el postrer mandato que hizo a sus apóstoles  de ir por el mundo y transmitir la buena nueva, así conociendo la divina fuente donde saciar su sed y vivir a plenitud también la transmita.

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