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La reflexión crítica y el debate nacional sobre el quehacer de nuestra educación necesitan encontrar salida. Ello demanda estar atentos a superar perspectivas internalistas y endogámicas empobrecedoras. El internalismo reflexiona sin referentes amplios, más allá de nosotros. La endogamia regenera nuestros vicios, miedos, errores y autolimitaciones, característica de una cultura enquistada, incapaz de mirar más allá de sí misma. 

La perspectiva del desarrollo humano pone en primera plana la educación de calidad. Tema reiterado en los discursos, pero cada vez más confuso, simplificado, manipulado. 

La educación para la vida se esgrime a diario, pero vacía de significado y concreción. El Foro Económico Mundial (Davos, 2016), en el que concurren intereses fuertemente económicos y un enfoque hacia el trabajo, demanda el desarrollo de 10 habilidades para la vida, que si bien no encierran todas las dimensiones del ser humano, sí debieran ser, al menos, patrimonio de los jóvenes en formación y de su empleabilidad, como sus mejores armas para saber convivir, tener éxito laboral y crecimiento personal. Una breve exposición de ellas nos revela grandes vacíos educativos en el país, por el fuerte arraigo del aprendizaje declarativo memorístico y ausencia del aprendizaje práctico y de capacidades, habilidades y estrategias.

También la reunión de ministro de educación de América Latina y el Caribe en su declaración de Buenos Aires (Unesco), se refiere al tema en su “E2030: Educación y Habilidades para el siglo XXI”, en un tono muy similar. 

Veamos algunas de estas habilidades que más reclaman hoy también los organismos empleadores:

-Pensamiento crítico: capacidad de reflexionar sobre la realidad problematizándola, cuestionándola, a fin de identificar oportunidades para mejorarla. Esta capacidad no suele ser cómoda para muchos empleadores, al poner en cuestión actuaciones y situaciones injustas, no transparentes. Se espera que también afecte a la persona en sí, como recurso autocrítico para cuestionarse a sí mismo y autorregular su conducta. Desarrollarla supone eliminar procesos de imposición, uniformación y de pensamiento único.

-La creatividad aporta variedad de recursos provocadores de búsqueda de nuevos caminos de pensamiento y acción. De ella emanarán nuevas soluciones, caminos innovadores. Esto exige dudar de lo que muchos llaman innovación, si no estuviera presidida por la capacidad creativa en acción.

-Resolución de problemas complejos: demanda desarrollar capacidad de pensamiento metacognitivo cuestionándose y monitoreándose a sí mismo, buscando soluciones por diversos caminos. El paradigma algorítmico mecánico sigue pasos ya fijados, en cambio, el paradigma heurístico formula preguntas sencillas, resolviéndolas hasta llegar a preguntas complejas para resolver situaciones complejas. El pensamiento algorítmico mecánico, cómodo, sin esfuerzo, prevalece en la educación, está ausente el heurístico.

- Capacidad para coordinarse y colaborar en equipos es habilidad trascendental, genera beneficios personales, grupales, institucionales; desarrolla valores como tolerancia, respeto,  proporciona aprendizajes. Lograrlo supone transformar formas habituales de trabajo en grupos deformantes que provocan facilismo.

-Capacidad para dirigir personal, habilidad compleja que no suele valorarse lo necesario, por lo que provoca tensiones grupales innecesarias. Ella demanda liderazgo integral sano, honesto, en valores, mucho más allá de estereotipos pregonados por propagandas institucionales y empresariales.

-Orientación al servicio, implica valorar a las personas con que se convive, apoyándolas, comprendiéndolas, respetándolas. Un servicio no interesado, sincero, que se niega a la manipulación, la dominación y el poder. Es posible que, desde el mercado, no se interprete así.

-Juicio y toma de decisiones es también una capacidad que todos necesitamos. En tanto el análisis y juicio crítico estén presentes, las decisiones serán más correctas.

-Capacidad de negociación, es cada día más urgente. La tolerancia es más necesaria, en tanto surgen nuevas formas de ser y estar en sociedad. Las variadas formas de violencia demandan formación en cultura de paz, conciliación, y capacidad de negociación para resolver conflictos.

-Inteligencia emocional, contribuye a superar eventos difíciles, gestionando bien las emociones. Se educa la inteligencia cognitiva y no la emocional, sin embargo, la neurociencia revela que el aprendizaje es significativo si va acompañado de emociones positivas. Nuestra salud física depende, en gran medida, de nuestra inteligencia y madurez emocional.

-Flexibilidad cognitiva, cualidad nada fácil, pues supone gran habilidad para mejorar ideas, superar las que se tienen, escuchar otras, no quedar empantanado en ideas que se resisten a cambiar. Generamos muchas ideas en interacción con otros, mitos, creencias, representaciones sociales, las que son fuertemente resistentes a cambiar. Los avances significativos que se producen en todos los ámbitos, hacen que nuestras ideas rápidamente caduquen. Para lograr esta flexibilidad, requerimos una educación que ejercite sistemáticamente estos procesos de cambio, mejora y transformación.

El desarrollo del país que anhelamos, está en las manos del logro de estas y otras capacidades ausentes.

* Instituto de Educación de la UCA, IDEUCA.

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