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Es conocida la diferencia en el desarrollo de Costa Rica con respecto a sus hermanos países centroamericanos, logrado por la paz que ha tenido acompañada de una sucesión democrática de gobiernos y respeto a la institucionalidad durante setenta años; lo contrario a la historia convulsa de dictaduras, revoluciones, contrarrevoluciones, golpes de Estado e intervenciones militares extranjeras vividas en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Por eso, mientras hacemos todos los esfuerzos pacíficos y cívicos necesarios para vivir en democracia —ya que por fin hemos logrado la paz— y superar los obstáculos, incluyendo la violencia por delincuencia común en el Triángulo del Norte, nuestros cuatro países tenemos que ver como natural que todavía se produzca durante un tiempo la migración de un sector de nuestros pueblos a otras latitudes. Los guatemaltecos, salvadoreños y hondureños lo hacen principalmente a los Estados Unidos, mientras los nicas prefieren a la vecina Costa Rica.

El país hermano del sur vivió una guerra civil en 1948 cuando Otilio Ulate presuntamente ganó unas elecciones presidenciales a Rafael Calderón Guardia, las que fueron desconocidas por el Congreso, porque parte del material electoral resultó destruido en un incendio, cuyo origen nunca fue establecido. Después de sangrientos combates y los pactos de la Embajada de México, primero, y de Figueres-Ulate, después, la guerra civil terminó, y desde entonces Costa Rica vive en paz y democracia. 

Los migrantes nicas en Costa Rica no son una carga para el hermano país, sino, al contrario, llenan una necesidad. Costa Rica no cuenta con mano de obra suficiente para laborar en importantes áreas de su economía, especialmente en el sector agropecuario. También necesitan trabajadores para muchas labores en la ciudad, donde no se encuentran costarricenses suficientes para realizarlas. Esta mano de obra la obtienen de migrantes que llegan de Nicaragua y Panamá. Sin ellos la economía costarricense colapsaría. El ministro de Agricultura de Costa Rica, Luis Aráuz, ha destacado la importancia que tiene la mano de obra nicaragüense para la agricultura de su país y dijo recientemente que los dos países tienen que trabajar conjuntamente en los temas de las regulaciones migratorias. Aráuz manifestó que Costa Rica requiere más de 100,000 trabajadores para el sector agrícola, para levantar las cosechas de café, naranja, piña, entre otros productos. Esto solo es una parte de la demanda de mano de obra nica en Costa Rica, 
donde millares trabajan también en otros sectores.

El ministro tico agregó que “el reto es regularizar bien los trámites migratorios para que a los trabajadores se les respeten todos los derechos humanos en Costa Rica”; opinó que es importante que los nicaragüenses que vayan a trabajar a su país lo hagan de forma legal, para garantizar que “se les dé un trato como si fueran costarricenses”. “El problema, dijo, es que cuando entran ilegales, sin papeles, siempre hay gente que se aprovecha de eso, pero en general nuestros empresarios están muy conscientes y estamos trabajando con la Cámara de Agricultura y con el Instituto del Café para buscar las mejores soluciones”. 

Apreciamos la acogida que tienen nuestros hermanos nicaragüenses migrantes y lamentamos que en el hermano país centroamericano del sur, tan vinculado de mil maneras a Nicaragua, haya algunas actitudes xenófobas contra los nicaragüenses. Pero es de una minoría. Sabemos que en todo el mundo existen migrantes indeseables, tanto para su país de origen como para su país de destino, porque son delincuentes o vagos. Pero la mayoría de los nicas que migran son gente honesta y trabajadora que aporta mucho a la economía del país receptor, sea Costa Rica, Estados Unidos, Canadá, España u otros países donde migran centroamericanos y de otras nacionalidades. Además de los que vienen y van como inversionistas, como muchos centroamericanos -incluidos ticos- que están llegando a Nicaragua a invertir su capital, y también nicaragüenses que han ido a invertir en otros países. Por eso, la migración en todas partes debe ser regulada adecuadamente y razonablemente, pero nunca rechazada ni menospreciada.


Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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