Jorge Isaac Bautista Lara
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Y ello es así porque se ha iniciado un camino que por primera vez se recorre y del que nadie tiene noción cierta de los pasos a dar y el orden de los mismo. La declaración de independencia de Cataluña (32,000 Km2) se ha vuelto en España monotemático en las últimas semanas. Lo cierto es que el viernes 27 de octubre su presidente Mariano Rajoy, con permiso del Senado, ha procedido a aplicar el Artículos 155 de la Constitución, destituyendo al presidente Catalán Carles Puigdemont, su gobierno y el cese del director de los Mossos Pere Soler y el Mayor Josep Lluis Trapero; convocando a elecciones de nuevas autoridades, el próximo 21 de diciembre. Siendo delegada para asumir el control temporal de Cataluña la vicepresidenta de España. Ello es un punto de no retorno en la polarización.

¿Es esa la salida verdaderamente? ¿Termina ahí el problema? Ni lo uno ni lo otro. Si ampliamos la visión a nivel más holístico, en la historia, nos enterarnos que el problema de Cataluña con España no es reciente, pues tiene varios siglos de existencia. Pero también descubrimos que tiene una historia también reciente, en lo concreto, en lo referente Madrid vs Barcelona: entre 2004 y 2005 hubo un intento en Cataluña de crear un nuevo marco de Estatuto de Autonomía (una especie de Constitución catalana). El entonces presidente José Luis Rodriguez Zapatero dijo el 13 de noviembre del 2003, que “aceptaba el Estatuto que apruebe el Parlamento de Catalunya”. Un texto legal aprobado con el 47% en un referéndum. Pero Rajoy desde la oposición maniobró y logró que el Tribunal Constitucional de España anulara varias de sus partes por considerarla inconstitucional; quitando con ello al espíritu mismo del Estatuto.

Esto trajo mucha decepción en Cataluña y cerró puertas por esa vía. En 2010 se hizo una manifestación sin precedentes que marcó un punto de inflexión, con apoyo de la mayoría de partidos catalanes, donde se pedía un nuevo Estatuto de Autonomía. Pero el Ejecutivo central de España siguió prestando oído sordo. En 2012 se hizo un requerimiento al pacto fiscal, pero Rajoy siendo entonces  presidente; lo rechazó. En 2014, ante las negativas, se hizo una consulta por la independencia, que se consideró ilegal; la cúpula de este referéndum fue llevada a juicio.

En 2016 fue electo presidente de la Generalitat Carles Puigdemont, quien continuó con esta misma línea, haciendo otras variantes, aprobando dos leyes; una referente a una Ley para realizar referéndum y otra ley para la transitoriedad. Ambas fueron anuladas por el Tribunal Constitucional. En 2017, el 1 de octubre, contra viento y marea, es realizado otro referéndum con la pregunta “¿Quieres que Cataluña sea un Estado Independiente en forma de República?” Su resultado ha sido de 2,286,217 votantes (90% a favor). Su resultado y mecanismo ha sido cuestionado.

Pero no es cuestionable que las cosas se han ido empeorando y los métodos que se están usando lo encrudecen más. A nivel de los pasillos en la política local y europea se maneja que el mayor promotor del independentismo en Cataluña se llama Rajoy con su política de cierre de puertas, llevando hoy en día a un aumento de hasta 72 diputados del Parlamento catalán pro-independentista. Aunque los independentistas tampoco se quedan atrás. Se está frente a un malestar de índole económico, social, político y de gobierno que no se extinguirá con el cese de Puigdemont: las causas siguen tan vivas como antes.

 La Guardia Civil ha tenido choque físico con los Mossos de Escuadra, y nace la percepción de una ocupación, algo que puede convertirse en dinamita pura. Recientemente el Gobierno central hizo movilizar a la zona centenares de vehículos militares y tanques, con tropas elites para cataluña y las zonas cercanas a sus fronteras.

Los constitucionalistas reconocen que la actual Constitución de España de 1978, requiere un serio ajuste en su reloj a la realidad de 2017: por  estar sensiblemente superada su previsibilidad. Se acaba de entrar a dos legalidades, una más aceptada que la otra; que previsiblemente están cayendo en ilegalidades en sus actos y decisiones, por no estar contempladas en leyes muchas de ellas, aplicando solo analogías.

Y en un futuro próximo pueden ser perfectamente impugnadas. Pero existe otro problema y es que las “legalidades” ya han caído en serios déficit de legitimidad (respaldo de la población). El sentido centralista del Gobierno se le acusa como motivador  así como el tema fiscal y económico  ante una Cataluña con déficit y problemas de infraestructura y educación. ¿Qué sigue España? Solo pedirles: lo que hagan y decidan, debe ser algo que evite el derramamiento de sangre de hermanos.

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