•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Cuando alguien muere no solo hay una pérdida irreparable para la familia, sino que también hay un costo económico en términos del ingreso no generado por esa persona en el futuro. Fueron 791 fallecidos por accidentes de tránsito en 2016, 2017 no será la excepción. La mayoría son jóvenes y hombres, y todos ellos forman parte de la población en edad productiva.

La edad promedio de las víctimas andaría por 33 años; es decir, a cada víctima en promedio le restaban unos 27 años más de vida laboral. Si en un ejercicio estimativo simple sumáramos los años productivos que podían cumplir todas las personas fallecidas en accidentes de tránsito, el promedio anual sería de 21,357 años. Sé que no es así como se interpreta el tiempo en términos económicos, sin embargo, esa es una cifra que ilustra lo que el país está perdiendo a futuro en su fuerza de trabajo. 

Si lo vemos desde la productividad laboral anual, que según datos de Funides (2015) es de US$3,700 por persona, y considerando un promedio anual desde 2013 de personas fallecidas por accidentes de tránsito, el país dejará de producir un estimado de 89 millones 264 mil 350 córdobas anuales, equivalente al 0.05% del PIB anual. 

Veamos ahora lo que sucede con los lesionados: 4,560 fue la cifra en 2016. Si estimamos que el promedio de ausentismo de su trabajo sea formal o informal es de 30 días, deberíamos de sumar entonces 42 millones 883 mil córdobas a la pérdida de la productividad laboral anual. No digamos el costo de salud pública y privada que significa la reintegración de estas personas a su vida normal.  

Podríamos ir aún más allá si también tomamos en cuenta que como mínimo cuando ocurre un accidente en las vías perdemos aproximadamente entre 45 a 55 minutos del tiempo que usualmente es tiempo laboral. Eso nos causa estrés, fatiga y en general contribuye a bajar nuestros niveles de productividad laboral.  

Si las muertes y lesionados por accidentes de tránsito continúan a este ritmo nefasto, fácilmente el 2017 podría ser el peor año y alcanzar la impactante cifra de 822 víctimas mortales de una pandemia que ya es un problema de salud pública.

Desde el 2013 hasta el 31 de agosto pasado han muerto 3,265 personas. Esto equivale a la población entera de un barrio como San Cristóbal o María Auxiliadora, del municipio de Managua. 

Cada persona fallecida en edad productiva representa un hogar. De esta forma, cada familia se ha quedado de repente sin el respectivo ingreso económico para subsistir, siendo más vulnerables de regresar a la pobreza. Si escogemos el salario mínimo promedio, que anda actualmente en C$4,873 y lo multiplicamos por la cantidad de personas fallecidas en los últimos cinco años, significa que cada mes la economía familiar nicaragüense ha dejado de percibir 15 millones 910 mil 345 córdobas.

Esto representa en un año 190 millones 924 mil 140 córdobas y en los cinco años esa cifra se eleva a 954 millones 620 mil 700 córdobas. Es decir que en cinco años esto equivale a casi 32 millones de dólares en salarios perdidos por muertes en las calles, afectándose en parte el dinamismo de la economía nicaragüense. 

Esta es una epidemia que no solo perjudica a los directamente involucrados, sino que trasciende al plano familiar, laboral y económico, con afectaciones y secuelas que son irreversibles y devastadoras para toda una nación.

¿Quién pierde más? ¿Las familias afectadas? ¿El Gobierno? ¿Las empresas? Sin duda perdemos todos y todos debemos encontrar una pronta solución antes que las cifras sean de mil o más muertos anuales.

En otros países se están tomando acciones que involucran a todos los sectores sociales y económicos, empezando con el desarrollo de campañas educativas permanentes, que arrancan desde la educación primaria. Sin embargo, mientras los planes y programas de prevención comienzan a rendir frutos, yo los invito a que cuando salgamos a las calles, sea como peatón o conductor, seamos más corteses, respetuosos y precavidos. Si tú cambias, Managua cambia, cambiará Nicaragua. 

* Abogado, especialista en Políticas 
Públicas para el Desarrollo.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus