Salvador Montenegro Guillén
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La reciente publicación del documento de Enfoque Técnico de la Asociación Mundial para el Agua (GWP),  “Gestión Integrada de los Recursos Hídricos en Centroamérica: gestionando las aguas transfronterizas como desafío primordial” , explica cómo los países centroamericanos han desarrollado cooperación y celebrado convenios y tratados intergubernamentales para aprovechar racionalmente y proteger los recursos hídricos en las cuencas hídricas transfronterizas que comparten.  Es importante destacar que si bien las fronteras separan a los países, las aguas convergen en las cuencas compartidas, uniendo de forma natural los territorios y las poblaciones que las habitan. 

El citado estudio, documenta los esfuerzos exitosos del Trifinio (Guatemala, Honduras y El Salvador), de la Cuenca del Goascorán (Honduras y El Salvador), y del Sixaola ( Costa Rica y Panamá).  Cada uno de estos casos aunque con diferentes niveles y características de organización, resulta exitoso a partir del momento en que la negociación multilateral prevalece y el consenso produce acuerdos aceptables a las partes.  Conciliar así voluntades e intereses bi o multinacionales es la forma más eficiente de entendimiento pacífico y civilizado, como instrumento útil al desarrollo nacional de los Estados participantes. 

Escapa a esa realidad, la del caso de la cuenca hídrica de mayor extensión en Centroamérica, de los grandes lagos y el río San Juan de 42,305 km2, con 69% en Nicaragua y 31% en Costa Rica. Los recursos naturales renovables contenidos en el territorio, si bien son responsabilidad soberana de los países respectivos, carecen de previsiones de un Plan Binacional de Gestión Integrada moderno que contribuya a la sostenibilidad ambiental para el desarrollo social y económico, de gran trascendencia para los intereses nacionales de ambos países.  La accidentada historia de la relación binacional desde 1821 a nuestros días muestra cómo la falta de cooperación y voluntad política entre Nicaragua y Costa Rica nos ha llevado a diferendos y cortes internacionales para resolver conflictos, que debieron ser discutidos y superados a nivel local, en beneficio de ambas naciones.

La alta capacidad institucional de cooperación técnica tico-nica quedó demostrada con la organización y ejecución del  proyecto “Estudio de diagnóstico de la cuenca del río San Juan” (Procuenca-RSJ) iniciado en 1996,  con el apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el Pnuma y la OEA, en que el Minae de Costa Rica y el Marena de Nicaragua, produjeron la propuesta “Programa de acciones estratégicas para la gestión integrada de los recursos hídricos y el desarrollo sostenible de la cuenca del río San Juan y su zona marino costera” (PAE-Procuenca),  que incluía subprogramas, componentes y proyectos estratégicos como mecanismo para catalizar inversiones dirigidas a resolver  los problemas ambientales (deforestación, erosión, mal uso de suelos, contaminación por plaguicidas y otros males) que causan también efectos globales importantes. Infortunadamente, el esfuerzo se descontinuó justo cuando estaba por iniciar la fase de intervenciones concretas en el territorio.  El objetivo central de este esfuerzo ha sido implementar la Gestión Integrada de Recursos Hídricos en la maltrecha cuenca hídrica binacional.

En nuestros días, se cuenta con más de 160 países que implementan el proceso de GIRH con buen suceso, con muchos ejemplos transfronterizos, consistente en la administración coordinada del agua, suelos y bosques. En nuestro caso, la cooperación entre ambos Estados sería capaz de reducir las tensiones y fomentar el desarrollo de recursos hídricos basado en el concepto de seguridad hídrica, clave para la seguridad alimentaria y ambiental.  El mérito de este instrumento consiste en aumentar la seguridad hídrica entre los estados ribereños, siendo la base del proceso de adaptación al cambio climático. 

La lucha mundial para disminuir el impacto causado por la emisión de gases que construyen el efecto invernadero, se orienta a la mitigación y la adaptación al cambio climático.  Si bien el aporte de nuestros países a los GEI es muy pequeño, la adaptación mediante la gestión del agua por cuenca hídrica para el desarrollo ambientalmente sustentable es simplemente la clave de nuestra supervivencia y la vía al desarrollo.

La feliz adhesión reciente de Nicaragua al Acuerdo de París en el Convenio Marco de Cambio Climático de la ONU plantea una oportunidad excelente para Nicaragua y Costa Rica para contribuir de forma concreta en esta cruzada mundial  y obtener el financiamiento internacional adecuado que posibilite las acciones necesarias. 

Nicaragua debe aprovechar la oportunidad de proponer esta iniciativa binacional de adaptación al cambio climático en la cuenca compartida tico-nica, mediante la organización e implementación del “Plan Binacional de Gestión Integrada de los Recursos Hídricos en la Cuenca del Río San Juan”.  Tenemos la necesidad imperiosa, la capacidad técnica necesaria, la responsabilidad inevitable, para concretar un futuro sostenible y mejor a través del aprovechamiento racional y la protección de nuestras aguas, la sangre bendita de Nicaragua. 

*Miembro de la Academia Nicaragüense de Ciencias

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