Sergio I. Campos G.*
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América Latina y el Caribe es una parte del mundo privilegiada al contar con más del 30 por ciento de las reservas globales de agua dulce y con apenas el 18% de la población del planeta. El agua es el combustible de nuestra región, con cerca del 80% de nuestra matriz energética proveniente del sector hidroeléctrico. Además, casi toda nuestra agricultura y ganadería es irrigada con agua de lluvia.

Pero, irónicamente, somos una región llena de agua, pero con sed. En ciudades como Buenos Aires, por ejemplo, el agua es un recurso abundante. La situación es radicalmente diferente en Lima, la segunda ciudad más grande del mundo asentada en una zona desértica.

Además, los efectos del cambio climático han comenzado ya a sentirse con fuerza en nuestra región, en algunas zonas en forma de inundaciones cada vez más serias y frecuentes y en otras en periodos prolongados de sequía.

Los retos y desafíos del sector de agua y saneamiento son el tema de una serie de ponencias que el BID lidera durante la Conferencia de agua y desarrollo de la International Water Association, que se celebra en Buenos Aires del 13 al 16 de noviembre.

La conferencia representa una oportunidad para intercambiar ideas de cómo alcanzar las metas establecidas en la Agenda 2030 de Naciones Unidas, que plantea los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que cubren prácticamente todos los ámbitos que contribuyen a lograr una vida digna para todos los habitantes del planeta.

Para alcanzar todos esos objetivos, sin embargo, alcanzar el número 6, garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos, es imprescindible.

Estamos ya en la ruta de cumplir ese objetivo. Entre 1990 y 2015, más de 220 millones de personas (de un total de 600 millones) obtuvieron acceso al agua y al saneamiento. Sin embargo, la calidad de los servicios que nos exigen los ODS todavía es deficiente en nuestra región, sobre todo en saneamiento, ya que únicamente 22% de la población de la región cuenta con acceso a saneamiento seguro.

Asimismo, cerca de 200 millones de personas experimentan un servicio de agua intermitente. El tratamiento de aguas residuales es una tarea todavía pendiente, puesto que menos del 20% de esas aguas recibe algún tipo de tratamiento antes de ser reintroducida en el medio ambiente.

Alcanzar estos nuevos objetivos en agua y saneamiento requiere grandes esfuerzos financieros:

Para lograr el acceso universal al agua en 2030, la región de América Latina y el Caribe necesitaría invertir al menos US$28,000 millones, mientras que la inversión en saneamiento debería ser mayor: US$49,000 millones. Además, para reducir la tasa de aguas residuales sin tratamiento a la mitad en 2030 necesitaríamos invertir US$30,000 millones solamente en los grandes centros urbanos.

Pero superar esos desafíos no solo requiere dinero. Necesitamos también pensar en enfoques novedosos para superar esos problemas. El pensamiento convencional no será suficiente para alcanzar esos objetivos y menos para sostenerlos.

Por eso, durante el Congreso, veremos ejemplos del uso de la tecnología digital y satelital para poder calcular la disponibilidad de recursos hídricos a través de HydroBID. Discutiremos cómo mejorar la intermitencia del servicio de agua potable, y compartiremos también experiencias de manejo de inundaciones y sequías.

Habrá sesiones para explorar la utilización de nuestros humedales como una herramienta natural para tratar nuestras aguas residuales y sobre cómo empoderar a grupos comunitarios y de la sociedad civil para que sean parte activa en el diseño de las soluciones a sus problemas de agua y saneamiento.

Con las experiencias de nuestra región y de otras partes del mundo, esta conferencia nos ayudará a enriquecer las actividades del sector de agua y saneamiento en América Latina y el Caribe.

* El autor es el jefe de la División de Agua 
y Saneamiento del Banco Interamericano 
de Desarrollo. 

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