Augusto Zamora R.*
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Cree uno que la tecnología, por sí misma, potencia valores neuronales, pero hay datos que apuntan a lo contrario. Así, hacerse selfies (autofotos), puede ser más peligroso que subir al Everest o nadar entre tiburones.

Desde 2014, 49 personas, 75% varones, han muerto intentando hacerse un selfie. La causa última es la vanidad, pues querían selfies extremos para impresionar al personal.

El fenómeno enraiza con algo congénito del humano: el narcisismo, vocablo tomado de la leyenda de Narciso, tan bello que despreciaba a sus congéneres. Némesis castigó su vanidad haciendo que se enamorara de sí mismo. 

Narciso pasaba el tiempo contemplándose en un río, tan absorto en su belleza que, distraído, cayó al agua y se ahogó. Del sitio brotó una flor, que lleva su nombre.

Los ‘selfiestas’ temerarios están tan inmersos en el impacto que causará su selfie que, como Narciso, ignoran el peligro y, finalmente, su vanidad puede causar su muerte.

Las redes sociales se han convertido en medio multiplicador del narcisismo. Grupos crecientes de personas, sobre todo jóvenes, buscan allí difundir egos incontrolados.

La banalidad se hace reina y las horas se llenan pegadas las personas a celulares, iPads o tablets, como si la vida se les fuera en ello. De hecho, se les va, ahogada en futilidades.

Si nadie controla el fenómeno, tendremos en tiempo breve sociedades anegadas de gente incapaz de entender, pensar, razonar, salvo minorías aisladas.

Curioso mundo, inundado de información, conocimiento, pero desaprovechados.

az.sinveniracuento@gmail.com

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