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El sábado 11 de noviembre se conmemoró en el Instituto Nicaragüense de Cultura el 135 aniversario de la fundación de la Biblioteca Nacional Rubén Darío. Durante el acto, el arquitecto Luis Morales Alonso, director del INC, otorgó cuatro reconocimientos: el póstumo a Ana Ilce Gómez y otros cuatro a Mayra Miranda, Carlos Alemán Ocampo, Jimmy Alvarado Moreno y al suscrito, a quien correspondió leer un resumen sobre la historia de la más antigua institución cultural de Nicaragua. Los siguientes párrafos documentan sus años fundacionales. 

La primera iniciativa de dotar a Nicaragua de una biblioteca “para el uso de los Supremos Poderes del Estado” se debió al presidente Vicente Quadra al emitir su decreto creador el 4 de marzo de 1871. Tres mil pesos fueron incluidos en el presupuesto del bienio 1871/72 para comenzar a establecerla. Ocuparía “una pieza anexa a la Secretaría de las Cámaras” y el primer inspector del Palacio Nacional, Lucas Medina, se encargaría de ella. 

Durante la administración de Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, el 26 de febrero de 1875 se promulgó su primer reglamento y el 20 de febrero de 1880 el segundo. Ahí se establecía su división en cuatro secciones. “A la primera corresponden: derecho patrio, códigos y leyes extranjeras, disertaciones sobre legislación o jurisprudencia, derecho canónico, natural y romano, de gentes, público y administrativo, práctica forense, sociología, economía política y en general. Todo lo comprendido bajo la denominación de ciencias políticas y sociales”. 

El reglamento continuaba: “A la segunda corresponden ciencias matemáticas, puras y aplicadas: mecánica, física, química, historia natural, ciencias médicas, geografía física, astronomía, geología, biología, psicología y todo lo comprendido bajo la denominación de ciencias matemáticas físicas y naturales”. A la tercera, las obras de humanidades: filosofía, literatura, filología, tratados sobre idiomas muertos o vivos, historia y geografía, relaciones de viaje, novelas, retórica y poética; y a la cuarta: Enciclopedias, periódicos, tratados sobre industria, bellas artes, estampas, medallas y demás obras que no están clasificadas en las secciones anteriores”.

El siguiente mandatario, Joaquín Zavala, la inauguró en Managua el 1ro. de enero de 1882. Para esa ocasión, Rubén Darío ––días antes de cumplir 15 años–– escribió las cien décimas de su poema “El libro”, que no pudo recitar entonces, sino hasta el 24 del mismo mes, ante el presidente Zavala y los miembros del Congreso Nacional, durante la apertura de sus sesiones. 

Quince mil pesos se destinaron para su instalación en el costado noreste, primera planta, del antiguo Palacio Nacional, que sería destruido por el terremoto de 1931. Y sus fondos iniciales ––los llamados libros fundadores–– sumaban cinco mil volúmenes y fueron seleccionados, a petición del Gobierno, por el tribuno español Emilio Castelar, encuadernándose en pasta española y con el escudo de Nicaragua grabado en oro en la carátula. Los fondos abarcaban las cuatro secciones ya indicadas según su Catálogo general y su primer director fue el abogado y general salvadoreño Miguel Brioso Iglesias. Este obsequió el 4 de septiembre del 82 un ejemplar de la edición parisiense de Notas geográficas y económicas de la República de Nicaragua (1873) —escrita por el francés Pablo Levy— a la Baronesa de Wilson (la española Emilia Serrano García de Tormel: 1843-1922)], durante su primera visita a Nicaragua. 

Por cierto, Levy compiló toda la información bibliográfica y cartográfica sobre el país acumulada en varias lenguas “Apuntes para la formación de una Biblioteca Nicaragüense”. No obstante, recibió la crítica de un coterráneo y colega ingeniero, con más años de residencia en Nicaragua, al sostener que el corpus de su compilación procedía mayoritariamente de las conocidas obras de Squier, Brasseur de Bourbourg, García Peláez, Belly y otros. No de consultas directas en las bibliotecas europeas.

El 16 de mayo de 1883 ––durante la presidencia de Adán Cárdenas–– sucedió a Brioso Iglesias, en la dirección de la Biblioteca, el doctor Modesto Barrios (1849-1926), “verdadero fundador de la misma”. Así lo llamó el académico Alfonso Ayón. En compañía de José Dolores Gámez, Barrios trajo de León a Darío adolescente para hacerlo colaborador suyo e iniciarlo en la literatura francesa, de la que era un adelantado en Centroamérica; por algo se le reconocía como el primer estilista de los escritores nicaragüenses. De hecho, nuestra Biblioteca constituyó la primigenia alma mater de la dimensión universalista de Darío, quien estuvo lejos de ser un inexplicable “cisne negro”. 

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