20 de mayo de 2009 | 19:51:00

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El nuevo charco de sueños de Darwin

Jeffrey McCrary, Ph.D. | Opinión



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Muy pocas figuras en los últimos dos siglos han provocado tanto revuelo a nivel mundial como Charles Darwin. Nunca ocupó ningún puesto político, nunca fue miembro de ningún ejército, tampoco era magnate, no jugaba ningún deporte, pero su nombre es reconocido en todo el mundo, sus ideas siguen siendo tema de debate entre alumnos en el colegio, entre creyentes y dudosos en las iglesias, y entre funcionarios públicos en su ejercicio de política educativa.

El concepto que somos los hombres y mujeres hechos de la misma descendencia que otros animales ha provocado horror y repudio en muchas personas, ha sido un tema manejado por políticos y politiqueros. Muchas veces el debate agonizante entre los creyentes y no-creyentes en la evolución, comparan con los pleitos entre fanáticos de deporte, disputando sobre tragos los méritos de San Fernando o Bóer. Los debates entre los “creacionistas” y los “evolucionistas” son realmente debates sobre lo que constituye el método científico, la piedra angular de la ciencia. El método científico no es más que una serie de reglas de juego, que clasifica ideas según las evidencias a su favor o en su contra. En este sistema de reglas, no es aceptada la revelación o la inspiración divina, sino la observación a través de los cinco sentidos plenamente documentable. Darwin no construyó ni enmendó el método científico, solamente era fiel aplicador de ello en las interpretaciones de sus observaciones. Los debates se concentran principalmente sobre cuestiones de fe, creencias, el papel de las fuerzas divinas, etc., por ende, se mantienen al margen del grano de lo que es realmente la ciencia, por lo cual este debate no involucra la comunidad científica.

Hoy, entre los científicos, nadie argumenta que Darwin estuvo equivocado sobre la formación de especies nuevas. Alguna población que pertenece a una sola especie puede dividirse en grupos distintos que, con el tiempo y las variaciones en fuerzas ambientales y las variaciones dentro de la misma especie original, resultan distintas especies, con distintos rasgos físicos y funciones ecológicas en su hábitat. Esta idea tomó forma en la visita de Darwin a su laboratorio transcendental, las islas Galápagos, donde varias especies de aves de parentesco estrecho.

Darwin estudió en particular un grupo de aves de estrecho parentesco en estas islas. Varias de estas especies ocupaban distintos hábitat, cada una con alto grado de especialización. Existir en islas donde las poblaciones se mantuvieron aislados del continente y con pocos otros animales, que pueden presentar competencia para los recursos necesarios de su vida, permitieron dar claros ejemplos de la formación de especies, sobre la cual los animales pueden desarrollar preferencias de selección de pareja.

Tres elementos se combinaron para dar la lección sobre la evolución de estas especies de aves:
1. La población de aves en cada isla perdió continua comunicación con poblaciones en el continente, es decir, se encuentran aisladas las aves en las islas;
2. La especie de la cual las de las Islas Galápagos provinieron, tiene alto grado de variabilidad morfológica y genética;
3. Siendo islas que no tienen acceso a tierra firme y de tamaños demasiado pequeños para sostener a poblaciones de muchos animales, las aves encuentran muchos recursos disponibles, como diferentes fuentes alimenticias, sin competencia de otros animales.

Aunque Charles Darwin nunca visitó a Nicaragua, las ideas sobre la evolución están tomando formas nuevas por evidencia nueva que se deriva de los Grandes Lagos y las lagunas cratéricas cercanos a ellos. Entre los científicos hoy en día, hay debate caliente sobre algunos aspectos de la evolución, y Nicaragua ahora ocupa un enorme papel en este proceso. La humilde mojarra común, un pez prácticamente olvidado por la sociedad, abatido por la tilapia y por la contaminación de aguas, es ahora sujeto de mucha atención de científicos. Ya sabemos que no es una especie, sino varias. Solamente en la bella Laguna de Apoyo, por ejemplo, se cuenta con cuatro especies ya descubiertas que se cree han desarrollado como especies en sus aguas, y tres más en fila para su debida clasificación y asignación de nombre. Aparentemente, todas las mojarras de la Laguna de Apoyo son distintas de las de los otros lugares, y además, parece que todas evolucionaron dentro de este cráter, en los últimos 23,000 años que el mismo tiene. El papel de la selección sexual, promovido por Charles Darwin pero ignorado por muchos científicos durante décadas, en la formación de especies nuevas, parece clave la evolución de nuevas especies; ha resultado en múltiples mojarras en la Laguna de Apoyo y en otros cuerpos de agua en Nicaragua. Estas mojarras son claros ejemplos de un suceso poco documentado, de especies que se formaron de una misma cepa genética, sin enfrentar barreras geográficas, en un espacio reducido y en un tiempo relativamente corto.

Aunque la información generada sobre estas especies es nueva e incompleta, hoy en día nuestras mojarras se presentan en las aulas universitarias sobre todo el planeta como evidencia de la especiación simpátrica, como le llamamos a este evento. La Laguna de Apoyo y las otras lagunas cratéricas comparan con las islas Galápagos por ser hábitats aisladas y donde relativamente pocas especies los han colonizado. A contraste de las Islas Galápagos, las lagunas tienen muy poco tiempo de existencia. El proceso de evolución entre las mojarras en estas lagunas es nada menos que explosivo. A la fecha, son siete especies endémicas de mojarras descubiertas en las lagunas cratéricas de Apoyo y Xiloá, y las investigaciones hasta la fecha auguran algunas docenas de especies más.

En el presente, nuestra fundación ejecuta estudios en coordinación con científicos y estudiantes nacionales, de Fundeci/GAIA, CIRA, UCA y de UNAN-Managua, e internacionales, de Alemania, Finlandia, Australia, México y Estados Unidos, con el objetivo de generar información que permite reconocer, apreciar y proteger nuestras mojarras. Los debates entre los científicos han llegado al nivel más alto de discusión, en la revista prestigiosa Nature, y también han llegado hasta provocar pleitos legales y hasta un despido a un profesor en una universidad de prestigio. Los ojos de la comunidad científica se fijan en los charcos de Nicaragua, y si estuviera vivo Charles Darwin, aquí estaría también.

FUNDECI / GAIA

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