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El doctor Hopmann en su reciente artículo “Constituciones y movimientos sociales”, publicado en la edición de EL NUEVO DIARIO del 21 de julio, reconoce que son los movimientos sociales los que amplían los derechos democráticos, y que estas conquistas les permiten organizarse para luchar por sus reivindicaciones, pero, insiste, dentro del orden constitucional. Es un avance significativo, sin embargo, con el cual, por lo menos, ahora el profesor Hopmann comprende que los sectores oprimidos constituyen la fuerza motriz del progreso de la sociedad. Únicamente, que este progreso para el doctor Hopmann tiene un ámbito histórico restringido al orden burgués Aún mantiene la tesis, básicamente reaccionaria, que esta lucha debe ajustarse a las reglas establecidas, sin pretender un cambio radical en las relaciones de producción. En una palabra, el doctor Hopmann es un defensor a ultranza del sistema capitalista. Compara los avances económicos de Costa Rica con el estancamiento económico de Nicaragua, y concluye que la historia demuestra que se dan resultados económicos evidentes donde hay estabilidad institucional y no se altera el orden constitucional. Entonces, pregunta: “Dígame Fernando, ¿quién tiene la razón, los manuales o la historia?”.


Para tomar con la debida seriedad el tema, cambiaríamos la pregunta: ¿quién tiene razón, la teoría o la práctica? El problema así planteado se traslada al terreno de la gnoseología. La labor teórica del ser humano pretende conocer las leyes que caracterizan la realidad y que rigen sus cambios, tanto cuantitativos como cualitativos. En este sentido, los hechos por sí mismos no demuestran nada. Todos los días vemos al Sol girar en torno a la Tierra (y de esta visión relativa, se sacan conclusiones falsas). Se requiere un método de análisis para formular las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos celestes, y para comprender la transformación de la materia. Asimismo, la teoría del materialismo histórico nos permite predecir, a partir del análisis de la realidad social, la tendencia hacia cambios futuros implícitos en la misma realidad, y comprobarlos en la práctica. De manera que hay una interrelación dialéctica entre teoría y práctica que supera la dicotomía esquemática planteada por el doctor Hopmann (la razón de una o de otra parte).


En el caso concreto, cada país presenta circunstancias propias en su desarrollo histórico, en el cual intervienen multiplicidad de factores (objetivos y subjetivos) que inciden en el desarrollo desigual de las fuerzas productivas entre países, dentro de un mismo modo de producción específico. Por ello, los programas difieren, al igual que difieren las circunstancias de dominación y las contradicciones en cada país.


Habría que considerar que Costa Rica se desarrolló con mucha mayor autonomía que las otras provincias de Centroamérica, dada la lejanía de la ciudad de Guatemala y su carencia de riquezas agrícolas o mineras. Esto provocó que el número de oficiales del gobierno central y de representantes de la Iglesia fuera menos relevante allí. La formación del Estado fue menos dependiente. La población indígena no fue subyugada y no hubo importación de esclavos africanos (en Nicaragua, en cambio, las madres indígenas estrangulaban a sus hijos al nacer, para liberarlos del repartimiento). Ni ocurrieron, en consecuencia, las enormes diferencias de riqueza que se dieron en otros países de la región (con base a la esclavitud). La pequeña burguesía tenía una mayor representación política. Todo ello, llevó a Costa Rica a involucrarse menos en los numerosos enfrentamientos internos oligárquicos que asolaron la federación centroamericana. Luego, a partir de 1787, Costa Rica recibió el monopolio del tabaco, cuya exportación promovió el crecimiento de una sociedad más próspera, menos dependiente y más democrática que el resto de países de la región., lo que explica que se haya optado por organizar más maestros que soldados.


Como vemos, no es válido hacer conclusiones teóricas, como pide el profesor Hopmann, con base a hechos aislados, sacados fuera de un contexto histórico más amplio, que abarca la evolución económica, sociológica y cultural de un país. El debate, más bien, tendría que plantearse de manera consciente en el terreno teórico. Es decir, en el método de pensamiento con el cual analizar e interpretar la realidad política y social concreta.


En este sentido, intuitivamente, el profesor Hopmann intenta invalidar, en el plano teórico, los principios de lucha de Lenin por una futura sociedad socialista, y recurre para ello a Rosa Luxemburgo. Pero, da un traspié al manipular a Rosa Luxemburgo sin conocer –ni compartir- en su totalidad la posición teórica de esta dirigente marxista. El profesor ha empuñado, inadvertidamente, una espada revolucionaria muy filosa, con la punta dirigida contra su propio pecho.


Rosa Luxemburgo tiene el mérito inmenso de combatir teóricamente el reformismo de Berstein (albacea literario de Engels) antes que cualquier dirigente de la II Internacional. En su obra “Reformismo o revolución”, publicada en 1900, contesta a los principales planteamientos de Berstein, que al igual que Hopmann defendía el abandono de las ideas básicas del marxismo, con el argumento de que se puede llegar a una sociedad socialista, o que se puede alcanzar la justicia en la sociedad a través de una reforma paulatina del capitalismo.


Rosa Luxemburgo señaló que tras ello se oculta la renuncia a la transformación de la sociedad, cuyo objetivo final es la conquista del poder político y la supresión del trabajo asalariado. Entre la reforma social y la revolución, existe, para la socialdemocracia, un vínculo indisoluble. En el cual la lucha por reformas es el medio; y la revolución social, el fin. Por lo tanto, quien para transformar la sociedad se decide por el camino de la reforma legal, elige distinta meta; es decir, quiere, en lugar de la creación de un nuevo orden social, simples cambios, no esenciales, en la sociedad ya existente. Vemos, entonces, a Hopmann sorprendido, con la empuñadura de la espada de Rosa Luxemburgo, que había creído levantar en defensa del capitalismo, que se ve clavada a fondo en su pecho.


En el terreno revolucionario, merece un artículo aparte la crítica que Luxemburgo hiciera a la función de vanguardia del partido leninista para crear las condiciones económicas que hagan viable el colectivismo, en menos tiempo del que habría empleado el capitalismo, e inculcar a los trabajadores la conciencia de sí mismos como clase, con vocación socialista (irreconciliable con el orden burgués). Este es un debate que se debe enmarcar claramente en el seno del movimiento obrero.


Frente a la manipulación de Rosa Luxemburgo para invalidar las enseñanzas de Lenin, dejemos que el propio Lenin valore el aporte revolucionario de Rosa Luxemburgo, luego de su asesinato en prisión, en enero de 1919, por Noske (ministro socialdemócrata): “Suele suceder que las águilas vuelen más bajo que las gallinas, pero una gallina jamás puede remontar vuelo como un águila. Rosa Luxemburgo se equivocó respecto de la independencia de Polonia; se equivocó en 1903 en su análisis del menchevismo; se equivocó en la teoría de la acumulación de capital; se equivocó en junio de 1914 cuando, junto con Plejanov, Vandervelde, Kautsky y otros abogó por la unidad de bolcheviques y mencheviques; se equivocó en lo que escribió en prisión en 1918 (corrigió la mayoría de estos errores a fines de 1918 y comienzos de 1919 cuando salió en libertad). Pero, a pesar de sus errores fue -y para nosotros sigue siendo- un águila. Y no sólo los comunistas de todo el mundo venerarán su memoria, sino que su biografía y sus obras completas serán manuales útiles para la educación de muchas generaciones de comunistas de todo el mundo”.


El profesor Hopmann ha recogido una pluma y la usa como señal de página de la Constitución burguesa, sin percatarse que esa pluma ha caído de un águila que vuela hacia la toma del poder político, para trastocar el orden constitucional que sostiene el trabajo asalariado.


*Ingeniero Eléctrico

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