18 de enero de 2008 | 20:34:00


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Origen y significados del vocablo “modernismo”

Róger Matus Lazo | Opinión



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Es difícil precisar con exactitud el advenimiento de este término que alude al movimiento literario no sólo iniciado, sino desarrollado a plenitud por nuestro Rubén. En 1888, el vocablo era empleado por Darío en un sentido general, equivalente a modernidad (“calidad de moderno”). Y en 1890, al comentar una visita que hizo a Ricardo Palma, Rubén Darío emplea aquí la palabra modernismo para aplicarla al “espíritu nuevo” que anima a un “triunfante y soberbio grupo de escritores y poetas de la América española”, con lo que estaba aludiendo concretamente al movimiento de renovación literaria en marcha.

Muy pronto, los adversarios del movimiento se apoderaron del vocablo, que sustituyeron por “decadente” (término importado de Francia), para manifestar su repulsa a la nueva literatura, impulsada por gente “revolucionaria, irrespetuosa de las tradiciones de la religión, de las buenas normas del lenguaje”. De allí que la Real Academia Española, en su decimotercera edición de su Diccionario de la Lengua (1899), incorporara una definición muy distinta --por ser la más corriente-- al espíritu de renovación literaria de la nueva escuela: “La afición excesiva a las cosas modernas con menosprecio de las antiguas, especialmente en arte y literatura”.

Significaciones varias, pues, disímiles y hasta contradictorias ha tenido el vocablo en cuestión. Federico de Onís, en sus Estudios críticos sobre el modernismo, afirma:
“... el modernismo es la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu, que inicia hacia 1885 la disolución del siglo XIX y que había de manifestar en el arte, la ciencia, la religión, la política y gradualmente en los demás aspectos de la vida entera, con todos los caracteres, por lo tanto, de un hondo cambio histórico cuyo proceso continúa hoy”.

Es, pues, para Onís, la literatura escrita en español hacia fines del siglo XIX y que corresponde a la decadencia espiritual por la que atraviesa el mundo de entonces.

Una definición un poco divergente es la de Pedro Salinas en su ensayo “El modernismo” (en Ensayos de literatura hispánica), quien identifica al modernismo como un movimiento cosmopolita y puramente esteticista.

El crítico hispanoamericano Luis Alberto Sánchez afirma que el modernismo --producto de una época de auge económico-- es una expresión literaria suntuosa, elegante, eufórica y alegre, consecuencia de la bonanza que vive América entonces.

Y los hay, en fin, que en forma muy ingenua y simplista, sostienen que el modernismo es una escuela o tendencia influida por el romanticismo, el parnasianismo y el simbolismo, conjuntamente.

Pero el modernismo, piensan otros, no es sólo un movimiento literario, sino una época y una actitud. Esta interpretación fue defendida por Juan Ramón Jiménez al afirmar que “el modernismo fue una tendencia general” que abarcó todo, “porque lo que se llama modernismo no es cosa de escuela ni de forma, sino de actitud”. Es la interpretación que se identifica con la de Federico de Onís y la del espíritu de los nuevos tiempos.

Max Henríquez Ureña en su Breve historia del modernismo nos dice que el modernismo fue:
“...un movimiento de reacción contra los excesos del romanticismo, que ya había cumplido su misión e iba de pasada, y contra las limitaciones y el criterio estrecho del retoricismo seudoclásico... Hacer la guerra a la frase hecha, al clisé de forma y al clisé de idea...”

En sus momentos iniciales, el modernismo reaccionó contra los excesos del romanticismo. Por eso afirman Anderson Imbert y Eugenio Florit que “los modernistas aprendieron a escribir observando lo que el romanticismo tenía de elegante, no lo que tenía de apasionado”. Y agrega que “romanticismo” y “modernismo” no son conceptos opuestos, porque a pesar de sus diferencias, poseen algunas notas comunes: los románticos insatisfechos del romanticismo buscaron las modernidades, y los modernistas incluyeron en su obra los descubrimientos de la vida sentimental de los románticos y la conciencia de qué es la literatura y cuál es su última moda, el arte de combinar estilos diversos y el espíritu de un arte nuevo, aristocrático y de alta cultura.

Federico de Onís, por su parte, considera que el modernismo es “la busca y afirmación de lo propio a través de lo universal”. El modernismo nace en suelo americano por la capacidad que tuvieron sus poetas de integrar y superponer épocas y escuelas literarias, transformando esta herencia heterogénea en una unidad viva, en “donde están presentes todos los valores humanos del pasado”.

Y aunque no abrevó en las fuentes españolas, agrega: “... en el modernismo encontramos eco de todas las tendencias literarias que predominaron en Francia a lo largo del siglo XIX: el parnasianismo, el simbolismo, el realismo, el naturalismo, el impresionismo y, para completar el cuadro, también el romanticismo cuyos excesos combatía, pues los modernistas no repudiaron el influjo de los grandes románticos, en cuanto tenían de honda emoción lírica y de sonoridad verbal”.

Porque Darío no es únicamente el poeta de América, sino el poeta universal que cantó a todos los valores de la humanidad. Y un visionario que supo cantar y prever el futuro de América. Su obra literaria –-“con gran fondo de originalidad”, como dijo Valera de Azul...-- trasciende lo hispano para insertarse en el contexto mundial de la literatura de la más excelsa calidad. Preñada de profundos aires de renovación y cambio, la obra de Darío enriqueció, renovó y perfeccionó nuestra hermosa lengua española.

rmatuslazo@cablenet.com.ni

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