4 de enero de 2010

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¿Recuperación sin empleo?

Virgilio Levaggi* | Opinión

Antes de la peor crisis económica de los últimos 75 años, 126 millones de latinoamericanos no contaban con un trabajo formal y, por tanto, no contribuían plenamente con el desarrollo de sus países. Además, se veían limitados a sobrevivir mientras que quien cuenta con trabajo formal tiene la posibilidad de progresar.

En América Latina hay 181 millones de pobres y 70 millones de personas sobreviven con un dólar diario. 31 millones de jóvenes, entre 15 y 24 años, trabajan en condiciones precarias y 22 millones no estudian, ni trabajan ni buscan trabajo. Mujeres latinoamericanas trabajando en lo mismo que hombres latinoamericanos, con igual edad y grado de educación, ganan 17% menos. Hay pobreza e inequidad.

Para Centroamérica, Panamá y República Dominicana, el desempleo podría aumentar –este año- hasta en medio millón de personas, pasando de 6% el año pasado a 9%. Las mujeres responderían por casi la mitad de este incremento, no obstante ser un 40% de la fuerza laboral. En Centroamérica ya existía una crisis del empleo antes de la actual crisis económica mundial, expresada en el déficit estructural para la generación de empleo de calidad. De una fuerza laboral de 21 millones de personas, la mitad trabaja en el sector informal o están desempleadas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de señalar que es probable que ésta sea una “recuperación sin empleo”. Ante ello, cabe preguntarse: ¿de qué tipo de recuperación se trata y a quién beneficia?
La crisis actual comenzó en Wall Street, rápidamente se extendió a la economía y no tardó mucho en impactar la tasa de desempleo mundial. De una crisis del dinero se pasó a una emergencia del empleo y, por tanto, a la crisis de la gente y de sus familias. Y la crisis de la gente no creo que pueda ser conjurada si no hay más y mejores empleos.

Estoy seguro de que una recuperación económica que no busque deliberadamente una vigorosa generación de empleo no será sustentable en el tiempo. Más aún cuando se toma conciencia de que el patrón de esta recesión ha ido en contra de uno de los supuestos más persistentes de la globalización: que la economía estadounidense, por tener un mercado laboral flexible, tiende a un menor desempleo y sufre menos en las recesiones que los anquilosados mercados laborales de Europa. Esta vez, el desempleo en EU se duplicó en dos años. Ha llegado a 10%. Muchos países europeos han visto grandes caídas en la producción; pero subidas menores en el desempleo.

Todos somos conscientes de que cuando se informa del número de desempleados en los EU no se habla de personas que han perdido todos sus ingresos, pues ellos acceden a un seguro de desempleo. Cuando se habla desempleo en nuestros países estamos ante personas que efectivamente han perdido sus ingresos.

El Pacto Global por el Empleo suscrito, el pasado junio, por los Estados participantes de la Conferencia Internacional del Trabajo fue respaldado, a comienzos de julio, por los integrantes del G-8 y poco después por el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (Ecosoc).

El mencionado Pacto pide a gobiernos y a organizaciones de trabajadores y empleadores, que trabajen unidos para enfrentar la crisis mundial con políticas que estén alineadas con la Agenda de Trabajo Decente de la OIT, para lograr -al mismo tiempo- sostenibilidad económica, social y medioambiental. La creación de empleo es indispensable para lograr que la recuperación de la crisis sea económicamente viable y políticamente sostenible.

En América Latina –como respuesta sustentable a la crisis- es importante lograr un nuevo equilibrio entre Estado, mercado y sociedad para recuperar la dignidad humana del trabajo. Ello exige que junto a una sana macroeconomía y al fomento de la empresa se respete la persona del trabajador. También es necesario consolidar un piso de protección social para todos los ciudadanos, de acuerdo con las posibilidades de cada país.

El nuevo equilibrio, promotor del desarrollo de todos, no se logrará sin la contribución de un empresariado progresista, un movimiento sindical responsable y eficientes Estados democráticos.

En la región se ha tomado conciencia que el mercado de trabajo es el espacio en el que se vinculan la macroeconomía con el bienestar de los hogares, las decisiones de la política nacional con las estructuras sociales básicas, las grandes estadísticas con los dramas y las luchas individuales, la democracia con la capacidad de progresar.

El mercado de trabajo es crucial para el nuevo equilibrio que armonice progreso para todos con efectiva gobernabilidad democrática. Recuperación con empleo y, mejor, recuperación con trabajo decente es lo que espera la gente.


*Director de la OIT para Centroamérica, Haití, Panamá y República Dominicana
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