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El título de este artículo fue tomado de un comentario registrado en el blog creado por Onofre Guevara (“Un libro que invita al debate”). Lo envió una persona que se identifica como “Connie”. Ella nos regaña: “Pónganse a trabajar y a producir que es lo que Nicaragua realmente necesita. Realidades no teorías” (21/02/10).

Hay que agradecer el comentario de “Connie” porque pone sobre la mesa el sentir de muchos nicaragüenses que, agobiados por la dureza de la vida en nuestro país, han llegado a hartarse de las palabras y ponen su esperanza en acciones “concretas”. Este sentimiento explica por qué algunos nicaragüenses se entusiasmaron tanto con una acción “concreta” como la que ejecutaron recientemente los militares golpistas en Honduras. Explica el entusiasmo con que fue colocada una manta en Managua que decía: “Se venden huevos hondureños. Entenderse con Micheletti”.

Pedir realidades sin “teorías”, como lo pide “Connie”, es pedir el vacío, la nada, o la trompada del general o del caudillo que nos puede salvar hoy de nuestra miseria para después devorarnos. A punta de acciones como las que pide “Connie”, los nicaragüenses hemos saltado de las llamas a las brasas, de una acción irreflexiva a otra, a través de casi doscientos años de historia nacional. Hemos sido, como lo dice el Comandante de Fernando Silva, “pasiones [y acciones] nada más”.

La función del pensamiento y la teoría social es explicar la realidad para darle sentido y estabilidad; o para cambiarla y darle un sentido diferente y una nueva estabilidad. En la lucha por explicar y cambiar la realidad, ganan aquellas interpretaciones y visiones que logran institucionalizarse. Estas visiones e interpretaciones tienen, inevitablemente, un sustento ético.

“No estoy seguro de esto”, diría Modesto Altamirano (END, 17/02/10). La ética solamente es efectiva en el ámbito de la vida personal pero que no así en el ámbito político. Puntualiza Altamirano: “En la política sólo existen intereses”.

Mi respuesta a Modesto: La política que no está enmarcada dentro de reglas que condicionan la defensa de los intereses y la lucha por el poder no es política: es la selva. La política implica la participación de normas que, aunque de manera imperfecta, definen el sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo moral y lo inmoral. Sin normas, sin instituciones legitimadas, sin criterios y referencias éticas, la vida es, como lo señalaba Hobbes, “solitaria, pobre, desgraciada, corta y brutal”. La vida política nicaragüense se aproxima a la caracterización de Hobbes, precisamente porque nuestras “instituciones” carecen del sustento ético-subjetivo que sirve para estabilizar y dar sentido a la realidad.

La historia se alimenta de la lucha por el poder y la defensa de intereses particulares. La vida social, sabemos, está inevitablemente plagada de tensiones y contradicciones. Pero para elevarse sobre su condición animal y para vivir en sociedad, los humanos tenemos que enmarcar la lucha por el poder y la defensa de nuestros intereses dentro de normas éticas que eviten que lo que impere sea, simplemente, la ley del garrote y “la lucha de todos contra todos”.

Los valores, dice Max Weber, ofrecen caminos como lo hacen los rieles de tren en un ramal ferroviario: ofrecen opciones para condicionar y determinar la manera en que se va a organizar la defensa de los intereses y las pasiones de las que se alimenta esta defensa.

Ilustremos este punto. La diferencia entre Costa Rica y Nicaragua está marcada por el mayor éxito que han tenido nuestros vecinos del sur para definir e institucionalizar normas que gobiernan la lucha por la política, la defensa de los intereses económicos, y la distribución de las oportunidades sociales. La prueba: somos los nicas los que nos refugiamos en Costa Rica –escapando del caos en que vivimos-- y no al revés. Y por favor no caigamos en la simpleza de decir que esto se debe a la debilidad de la economía nica y a la mayor fortaleza de la economía tica, como si las economías cayeran del cielo por obra y gracias de la voluntad de Dios. Lo nuestro no es, en primera instancia, un problema económico; es un problema de anomia: carencia de normas institucionalizadas.

Ni la derecha ni la izquierda han demostrado capacidad para resolver este problema. Ni la una ni la otra han logrado entender que el orden social depende de nuestra capacidad para convertir “la fuerza en derecho y la obediencia en un sentido de obligación”. Esta transformación implica la construcción de visiones ética-normativas de la realidad.

¿Para lograr qué? ¿Para organizar qué tipo de sociedad? Las respuestas a estas preguntas dependen de la visión de sociedad que logremos definir e imponer sobre el caos de nuestra realidad.

Esto lo entiende muy bien la Sra. Rosario Murillo –no creo que Daniel entienda mucho de estas cosas-- quien no descansa en su empeño por recrear la dimensión subjetiva de la brutal realidad nicaragüense para consolidar el Estado Mara que controla su familia. Ella usa y manipula, por ejemplo, el discurso cristiano porque sabe que éste tiene raíces profundas en el imaginario colectivo de nuestra sociedad.

Ella podría responder la pregunta del lector que se identifica como “Filo” (END 17/02/10). “¿Cómo se explica”, pregunta Filo, “la ética cristiana de los esclavistas, en el caso de los Estados Unidos?” Doña Rosario le respondería: “Porque la realidad es tan plástica como los significados que podemos imponer sobre ella para estabilizarla. Verás Filo que muy pronto te acostumbrarás a ver mis árboles de Navidad todo el año”.

Los esclavistas a los que hace referencia “Filo”, estaban convencidos de que su lucha era una lucha cristiana porque el significado del cristianismo es plástico y puede estirarse e interpretarse de muchas maneras. Nosotros los nicaragüenses también pensamos que la nuestra es una sociedad cristiana a pesar de que elegimos “democráticamente” a un Arnoldo Alemán y a un Daniel Ortega. ¿Los hubiese elegido Jesús?
Los nicaragüenses nos consideramos cristianos porque lo que impera en Nicaragua, es una interpretación perversa del mensaje de Jesús; una versión providencialista que nos hace irresponsables –a los ricos por ricos y a los pobres por pobres—del control de nuestra historia. Impera un cristianismo de gritos y portentos que puede ser manipulado por cualquiera que tenga la oportunidad de hacer “milagros” con el agua bendita, la cooperación venezolana, o el presupuesto nacional. “Connie”: Luchar contra el cristianismo imperante para imponer otro que contribuya a elevar nuestra condición humana es una de las tareas impostergable del pensamiento y la teoría social.

Así pues, no existe EL cristianismo. Existen interpretaciones de la palabra y obra de Jesús. Tampoco existe EL socialismo sino interpretaciones socialistas, aunque algunos quieran convencernos de que solamente existe el socialismo de ellos. Tampoco existe LA democracia sino interpretaciones de lo que este concepto significa, a pesar de que la derecha nica piensa que la democracia neoliberal es la “mera mera”.

No existen, pues, elementos “verdaderos” o “ciertos” u “objetivos” en eso que llamamos la realidad. La realidad social es una construcción en la que participan los significados que le imponemos a la materialidad, los hechos y las circunstancias de la historia. Esta visión es liberadora, por cuanto al revelar la plasticidad de la historia, se revela también el horizonte de posibilidades que siempre está abierto –o puede abrirse– en cualquier sociedad.

El rumbo de la historia está condicionado por la existencia de relaciones, prácticas y procesos sociales institucionalizados. Esto, sin embargo, no debe ignorar que son actores sociales, con capacidad de reflexión y acción, quienes constituyen y reproducen estas prácticas y estos procesos. A partir de la comprensión de los marcos de limitaciones y posibilidades históricas dentro de los que opera la sociedad, los individuos pueden ampliar los límites de la realidad y las fronteras de lo posible.

“Connie”: Identificar y expandir estas fronteras: esta es la razón de ser del pensamiento político y de la teoría social.

Para terminar, dos cosas más: celebro la recuperación del lector que se identifica como “Paquito Paquete” (END 24/02/10). ¡No nos muramos antes de ver una Nicaragua justa y decente!
También quiero pedir al amigo Manuel Fernández (END 24/02/10) que lea el libro del cual se extraen los artículos que publica END. Espero que en sus páginas encuentre explicaciones que lo convenzan de que, contrario a lo que él argumenta, “la subversión ética de la realidad” no es una propuesta “idealista”. En ese libro yo señalo que “todo posicionamiento ético es un posicionamiento condicionado por un espacio histórico y territorial determinado. Este espacio constituye la plataforma existencial desde el que la mente percibe, construye y reconstruye la realidad. Las relaciones sociales, las instituciones, las estructuras de poder, la economía, los valores y la cultura dominante, forman parte de esta plataforma existencial y deben ser considerados en cualquier proyecto de transformación de la realidad”.

Si después de leer el libro Manuel insiste en mantener su posición, yo me comprometo a reembolsarle lo que pagó por él y a invitarlo a un trago.

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