2 de marzo de 2010
| END El retorno de las luces
Mientras la evolución biológica lleva su ritmo parsimonioso imperceptible en la efímera temporalidad de la vida de cada ser, la evolución cultural emerge de la mente de los humanos a un ritmo acelerado, nos advierte Francisco Ayala, renombrado biólogo español. El Homo Sapiens a nivel biológico sigue siendo Cazador Recolector, para ello mutaron nuestros genes, la cultura y la ciencia nos permite tomar el control de la Selección natural que Darwin nos advertía. Pero esto se ve obstaculizado por la última trinchera del idealismo platónico; la Ética
Ricardo Antonio Cuadra García | Opinión
El que escribe estas líneas, muy amigo del debate intelectual, ha seguido las excelentes elucubraciones de los señores Andrés Pérez Baltodano, Manuel Fernández y Cornelio Hopmann. Discúlpenlo por “meter la cuchara”, pero le gustaría contribuir a nutrir el diálogo.
El siglo XVIII, el de las luces que sacaron a Europa del oscurantismo, fue un siglo de inflexión para el desarrollo humano. Nutrido con el humanismo del Renacimiento previo donde se rescató la sabiduría de la antigüedad, el movimiento ilustrado dio a luz los derechos del hombre sobre los del autoritarismo eclesiástico. La ilustración es la madre de la revolución francesa. La crítica del clero exigía la secularización de los estados nacionales en Europa. Las cosas de Dios que las vea el clero, las cosas de los ciudadanos las debe ver un estado laico. De hecho, hubo una revolución epistemológica, el conocimiento religioso separado del conocimiento científico.
Este despertar humanista lo adornan figuras como Montaigne, quien fundó el género del ensayo en su obra del mismo nombre; Maestro de Voltaire y del Holbach, genios de la ilustración. Sin olvidar a Rosseau con su Contrato Social, y a Locke, padre del liberalismo político; el Conde de Montesquieu con su Espíritu de las leyes que complementa la división de poderes de Locke. La enciclopedia de Dennis Diderot y d´Alamber impulsó junto con la imprenta el conocimiento independiente. El movimiento ilustrado da muerte a la ideología del feudalismo medieval; sin embargo, el feudalismo europeo fallece hasta finales del siglo XIX, con la Unificación de Italia y la consecuente reducción del territorio y ejército del papado. Al verse minimizada la institución Romana, desarrolló una destreza única en la Diplomacia. En el siglo XX esta Diplomacia se dedicó a buscar cómo firmar concordatos y elaborar un código canónico.
Desde el siglo XVIII las ciencias se han expandido con velocidad moderada, porque la influencia de las religiones no sólo venía desde los gobiernos sino desde la psiquis de los ciudadanos. En estos siglos la ciencia ha sido frenada por visiones éticas-religiosas derivadas de la concepción Platónica del mundo. Platón para la religión y Aristóteles para la ciencia. Por más de ocho siglos la Teología tuvo secuestrada a la Filosofía. La dogmática idealista platónica cayó como anillo al dedo a la secta católica que se apoderó del legado del imperio Romano.
El siglo XVIII fue una purga de la filosofía occidental de conceptos teológicos, pero no fue suficiente, y siempre el idealismo se adhería como rémora a la Filosofía. En resumen la transformación fue parcial en el siglo XVIII, se activó el proceso de autonomía política del estado y las libertades individuales, nada más.
A medida que el conocimiento se va rebusteciendo en el tiempo, otras disciplinas se van desarrollando en los siglos siguientes, y éstas van tomando un bocado más de la autonomía política y libertades conquistadas en el siglo XVIII. Las ciencias Psicológicas se impulsan a partir de finales del siglo XIX y a finales del siglo XX, prácticamente los sicólogos y psiquiatras sustituyen a la confesión católica, para aliviar el sentimiento de culpa. No obstante, se puede tomar Prozac e ir a misa y cumplir con los ritos, después de todo para el creyente, el Prozac se complementa con Dios.
Pero estamos en el siglo XXI, dentro de una revolución epistemológica más profunda que la acontecida en el siglo XVIII. El Internet multiplica a la enésima potencia la expansión del conocimiento de la imprenta. La alta disponibilidad de la información y su facilidad de manejo, permite expandir el conocimiento humano a la par de desarrollar nuevas formas de aprendizaje del mismo.
El desarrollo de nuevas ciencias como la Biología molecular penetran en el ADN y el Genoma humano y de otras especies; lo propio hace también la Neurociencia descubriendo los secretos de nuestras conexiones neuronales y los de nuestros limitados sentidos. El neuropsicólogo Antonio Damasio explica así “el error de Descartes”: se existe y por eso se piensa. La Neurociencia Cognitiva le saca un gran bocado a la Filosofía y también a la Teología. La conciencia y las experiencias espirituales ya tienen asidero en la ciencia.
No son las ideas las que subvierten a la realidad, sino al revés, la realidad subvierte a las ideas. Pero no una realidad “idealizada”, sino una realidad material y multicausal más allá de la dialéctica. Ya Darwin nos enseñó las características de la Selección natural como modelo de la realidad multicausal que moldea las realidades relativas de cada quien o de los grupos.
Mientras la evolución biológica lleva su ritmo parsimonioso imperceptible en la efímera temporalidad de la vida de cada ser, la evolución cultural emerge de la mente de los humanos a un ritmo acelerado, nos advierte Francisco Ayala, renombrado biólogo español. El Homo Sapiens a nivel biológico sigue siendo Cazador Recolector, para ello mutaron nuestros genes, la cultura y la ciencia nos permiten tomar el control de la Selección natural que Darwin nos advertía. Pero esto se ve obstaculizado por la última trinchera del idealismo platónico; la Ética. Cada vez más se cuestiona que en los comités éticos de los hospitales u otras instituciones públicas se incorpore a un religioso, ayuno de ciencia. Para el filósofo Francés Michel Onfray, la ética cristina Neoplatónica es de tipo triangular, el amor a Dios media al amor al prójimo; y propone una ética circular concéntrica, donde el humano en su interacción con el mundo que lo rodea sea el norte de su moral. Después de todo, en el mundo no hay acuerdo en la definición y atributos de Dios.
El siglo XXI es un retornar a las luces de la ilustración, pero más profunda aún, por los efectos acumulativos de las autonomías ganadas. Ya no solo la realidad exige la autonomía del Estado, sino de la Ética; o mejor aún; una nueva Ética postcristiana, basada en valores como la tolerancia, la libertad, la humildad del ser humano con respecto a la naturaleza, la eliminación del dolor como fuente de grandeza, la valentía de vivir, etc. Una Ética no ligada con la “santidad” sino con la sabiduría, o como diría Carl Sagan, no de Fe sino de Sé…de saber
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