19 de abril de 2010 | 19:47:00

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Los cuatro ídolos de Francis Bacon

Dr. Juan Bosco Cuadra García | Opinión



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Francis Bacon (1561-1622) es considerado en la Historia de la filosofía, el fundador de la “Filosofía de la Técnica”. Fue un gran crítico del pensamiento aristotélico y uno de los fundadores del empirismo inglés. El método que usó en sus investigaciones fue el “inductivo”, contrario al “deductivo” de Descartes, poniendo como base de todo conocimiento la experiencia, y, por ende, su interpretación racional.

Sus mayores preocupaciones consistían en crear una nueva ciencia que podría servir de instrumento para mejorar las condiciones de la vida humana en la Naturaleza.

Comparó el saber científico y filosófico de su época a la de las “Hormigas” y las “Arañas.” Las hormigas estaban representadas por lo experimentalistas que “acumulan” experiencias durante toda su vida y pasan sin aprender absolutamente nada; y la de las “arañas” por aquellos que sólo viven hablando de todo sin saber nada. A los primeros (las hormigas) les podríamos hoy llamar a los “codiciosos y corruptos por el poder y las riquezas”, y a los segundos (las arañas), a los “sabelo-todos y especialistas en nada” que solo viven tejiendo castillos en el aire sin hacer absolutamente nada.

Bacon propone el modelo de la “Abeja” como meta final del saber científico. Estos insectos toman de las flores el “néctar’ y el “polen” transformándolas por medio de su sistema digestivo, en miel y cera. ¡Metafóricamente la abeja produce la miel de la “sabiduría’ y la cera de las ‘obras”!

Bacon llamó a esta manera de abordar el verdadero saber “la experiencia con interpretación racional”. Para lograr hacer un verdadero cambio de mentalidad, propuso una nueva lógica experimental que debe tener la tendencia “a dominar la naturaleza mediante el obrar.” “El fin de nuestra ciencia- decía- es encontrar no argumentos, sino artes…, no razones, probables, sino proyecto de obras.”

Ahora bien, si queremos aplicar estos principios baconianos a nuestra realidad social, política y económica, nos encontraremos con una serie de obstáculos que nos impedirán tanto el avance como el progreso de la ciencia. A estos obstáculos, que son el producto de estos atrasos, Bacon los llamó “ídolos”, precisamente porque impiden el avance del progreso entre los pueblos. La metodología que él propone para sembrar la semilla del saber es primeramente destruir esos ídolos para posteriormente comenzar a sembrar el conocimiento.

Francis Bacon clasificó estos ídolos en cuatro: “Idola Tribu”, “Idola Specus”, “Idola Fori” y por último el “Idola Theatri”. Los ídolos de la tribu “se fundamentan en la naturaleza del ser humano que sólo se guía por sus sentidos. No tiene ni criterio ni ideas personales. Todo juicio que hace está en directa relación con los intereses de la familia, de la raza o la nación. Es una especia de “egoísmo gregario” que sólo protege sus intereses de grupo (Ejemplo: la familia, el partido, la empresa, etc.).

Los “ídolos de la caverna,” contrario a los anteriores, se basan en el individualismo y el egocentrismo de las personas. Cada individuo, dice Bacon, “llena su propia caverna en donde la luz de la ciencia y el saber se corrompen por las disposiciones individuales, fruto de la educación y el comercio con los demás hombres.” Cada persona juzga la realidad a como le parece que es y no como es. Decía Heráclito: “los hombres buscan la ciencia en sus particulares y pequeñas esferas, y no en la gran esfera universal.”.El culto a la personalidad es un ejemplo de este ídolo.

Los ídolos del foro tampoco dejan de ser un impedimento para el avance de la ciencia. Estos “ídolos” se dan como resultado de la vida social que influye mucho en los criterios personales. El “lenguaje” es el medio de comunicación por excelencia en la sociedad. El abuso del mismo crea no solo una distracción de sus verdaderos significados, las palabras, sino también producen controversias, guerras e imaginaciones banales. “La carreta --como dice el dicho popular-- cuando hace ruido es que va vacía”.

Y finalmente, los “ídolos del teatro” que están actualmente hoy representando por las “ideologías” de ayer y de todas las épocas. “Ideologizar” significa interpretar la realidad desde la óptica de una sola “idea” vigente. Las ideologías de moda suelen ser un serio obstáculo para la adquisición de la ciencia. Tal es el caso, por ejemplo, del marxismo, que es una interpretación dogmática y materialista de la realidad del ser humano y de la sociedad. Esta ideología no solo distorsiona y subvierte la realidad, sino que también le hace violencia. Los hechos históricos del pasado siglo XX confirmaron esta aserción.

Destruyendo estos cuatro ídolos o prejuicios que impiden el avance de la ciencia, Bacon propone su método y su ciencia para promover el progreso entre los pueblos.

Hay que recalcar que sólo la ciencia y el saber podrán sacar al ser humano de su estado deplorable. Este saber se enfrenta a los prejuicios y no puede producir su efecto liberador, al menos que reconozcamos nuestra indisponibilidad a aceptar lo nuevo como promesa para un mundo mejor. Pero existe un peligro: que reaccionamos ante lo nuevo pero, a la vez, detestamos lo antiguo. El ser humano que vive en este dilema sin superarlo, cae lamentablemente en el abismo insondable de la “mediocridad”. Una psicología social “pro-activa” es necesario inculcar a la gente, especialmente a aquellas que están dotadas de mayor inteligencia y educación. Precisamente porque la narrativa que se lee y se oye por doquier es pesimista y fatalista, es porque esta cultura es “reactiva” y no “pro-activa”.Una persona educada y con buenas intenciones no puede producir más que bienestar y prosperidad a su vida y a todo lo que la rodea.

En lo personal, creo que la filosofía baconiana nos podría servir para reflexionar sobre todo aquello que nos está impidiendo avanzar hacia el desarrollo. Antes que nada es necesario llenarse de un pensamiento positivo y altamente optimista. Los ídolos no son obstáculos invencibles. La naturaleza humana está hecha para el bien. Lo que hay que cambiar es nuestra mentalidad y conducta. Una cabeza carente de conocimientos y de una buena instrucción no puede producir más que vida bulliciosa y desordenada; y una conducta sin sentido existencial y moral, no ofrece más que un comportamiento “reactivo,” quejoso y prepotente.

La conciencia del buen sembrador consistirá en lo siguiente: primero hay que limpiar la maleza y las espinas para preparar el terreno. Posteriormente, sembrar la semilla y cuidarla hasta que crezca y produzca el ciento por uno. En nuestra situación actual, hemos querido limpiar la tierra de malas hierbas, pero nos hemos olvidado de lo que queremos sembrar, precisamente porque despreciamos lo que ignoramos.

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