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Nicaragua ha sido y es un pueblo generoso y valiente, dispuesto a arriesgar mucho por la libertad. La historia de la Revolución Popular Sandinista es la historia de hombres y mujeres que estuvieron dispuestos a darlo todo por la libertad de su pueblo. Entonces la revolución, en este sentido, no es un hecho fortuito, casual o entendido como proceso natural de la historia de los pueblos y la historia de la humanidad. Es la historia de los héroes que forjaron con su sangre la última revolución de América Latina.

Aunque la acción armada y organizada es decisiva para lograr el triunfo en 1979, la revolución es el hecho cultural más importante y trascendente de los últimos tiempos, no sólo para Nicaragua, sino para el mundo. La culminación de una larga historia de lucha de un pueblo oprimido que demandaba libertad y autodeterminación; desde los años de la lucha de Sandino, pasando por la acción del poeta Rigoberto López Pérez a la lucha en las montañas y en las ciudades de los años sesenta y setenta.

La revolución fue y es un cambio en la mentalidad de los nicaragüenses. El aporte de los poetas, los intelectuales y los artistas; los maestros sumados a los obreros y los campesinos; fue fundamental en la gestación de la revolución en Nicaragua. El acervo cultural referido a la lucha revolucionaria de Nicaragua es enorme en comparación con gestas de otros pueblos; son innumerables las canciones, poesías, coplas, artículos, notas, ensayos, danzas, obras de teatro, cine, obras de artes plásticas y gráficas, novelas; que narran de una forma u otra esa gesta heroica en todas sus etapas.

Ricardo Morales Avilés nace al sur de Nicaragua, en Diriamba, Carazo, el 11 de junio de 1939; y encarna la figura del poeta, artista e intelectual, maestro; comprometido con la lucha de justicia social de su pueblo; un hombre integro que considera fundamental su papel de intelectual y de artista en el proceso de lucha por la liberación de Nicaragua.

El 17 de febrero de 1958 se gradúa de maestro en la Escuela Normal de Jinotepe, Carazo; El 23 de febrero de 1960 sale de Nicaragua hacia México para realizar estudios de psicología y pedagogía, ahí también ejerce la docencia.

El 14 de marzo de 1963, establece relación con el comandante Carlos Fonseca Amador, por medio del profesor Edelberto Torres, y así inicia su militancia dentro del FSLN. De 1963 a 1966 estudia y difunde el pensamiento del general Augusto C. Sandino. Organiza círculos de estudio sobre historia de Nicaragua y formación política entre los exiliados nicaragüenses. En México publica su primer escrito sandinista: La revolución sandinista, fuerza motriz de la historia.

En 1966 regresa a Nicaragua y desarrolla su actividad militante en condiciones semilegales, ejerciendo la docencia universitaria y trabajando en las estructuras clandestinas del FSLN, bajo las orientaciones del comandante Julio Buitrago.

Para Ricardo es fundamental el proceso de formación en un revolucionario, por eso pasa muchos años formándose antes de integrarse a la lucha conspirativa en las ciudades. Esto sin dejar nunca de escribir, desde poesía, artículos periodísticos, notas, cartas, hasta filosofía política e ideología. Por eso a Ricardo se le considera un elemento de alta peligrosidad para la dictadura somocista. No es el típico joven barbudo, greñudo; con el fusil al hombro o el pasamontañas, a lo Che Guevara; en cambio es, como le vemos en la imagen que nos regala la historia, un hombre de ojos limpios y grandes, rasurado y catrín, con su pelo bien peinado con partido al lado y de camisa blanca; capaz de confundirse no con un ejecutivo de la guardia somocista o de cualquier oficina del capitalismo, sino con cualquier sencillo muchacho y maestro de escuelita suburbana dedicado a su oficio o con cualquier joven de clase media enamorado, y en su caso, muy bien correspondido.

El 12 de diciembre de 1968, mientras realiza tareas conspirativas, la Oficina de Seguridad Nacional lo identifica, y es capturado después de sufrir un accidente automovilístico. En la cárcel lo someten a torturas, pero él se niega a delatar a sus hermanos sandinistas.

El 28 de diciembre de 1968 es presentado con la cabeza rapada y visibles huellas de tortura. De 1969 a 1971 convierte su celda de las cárceles de La Aviación, en Managua; en aula y taller de trabajo, desde donde orienta y dirige, escribe mucha poesía y artículos en los que polemiza con sectores reaccionarios de la burguesía y defiende las posturas del FSLN; Para Ricardo la lucha también y fundamentalmente es en el campo de las ideas, por eso sostiene álgidos debates con el poeta Pablo Antonio Cuadra, a quien se le identifica como el pilar ideológico de una clase social; al igual que Carlos Fonseca que reclama al poeta José Coronel Urtecho ser el principal bastión intelectual de la burguesía, es decir de la dictadura; Carlos y Ricardo, no olvidan ese flanco de lucha. Para ellos la lucha es importante en los barrios, integrándose a las acciones de la revolución, pero también es necesario y fundamental el trabajo intelectual y de contrapeso a los intelectuales que en su mayoría se oponen al proceso revolucionario, por diversas razones; y esa lucha, aún no ha sido ganada.

Le impiden asistir a los funerales de su madre, y las continuas y crueles torturas afectan su salud y le hacen padecer afecciones pulmonares. Sin embargo su lucidez, inteligencia y determinación, permanecen inquebrantables.

Es nombrado miembro de la Dirección Nacional del FSLN, y el 4 de octubre de 1971 sale en libertad luego de 2 años 9 meses y 22 días preso por la dictadura somocista. Al salir de prisión se vuelve a integrar al trabajo organizativo del FSLN, que se encuentra en etapa de acumulación de fuerzas.

Su vocación de maestro se ve realizada en la síntesis del hombre que enseña y organiza. Se entrega a la lucha por desarrollar las estructuras orgánicas del FSLN, impulsando tareas en el movimiento estudiantil y organizando la lucha popular de los barrios. Por las características particulares del trabajo que desarrolla, tiene que permanecer en la legalidad, a pesar de ser miembro de la Dirección Nacional; ello le permite establecer un estrecho contacto con militantes de base y cuadros intermedios, legándoles el ejemplo consecuente de las cualidades que todo revolucionario debe poseer: la firmeza ante el enemigo, la sencillez y la humildad, el estudio permanente de nuestra realidad y la decisión de luchar hasta el final.

El 17 de septiembre de 1973 mientras se moviliza en función de tareas que demanda el desarrollo organizativo del FSLN, es capturado en Nandaime, junto con el compañero Óscar Turcios. Al día siguiente, la guardia somocista anuncia su muerte. Sus cuerpos presentan evidencias de las torturas a que fueron sometidos.

Aunque su papel de ideólogo de la lucha sandinista es grande y decisivo; La poesía de Ricardo Morales Avilès ocupa un lugar muy importante en la historia de nuestra literatura; aunque no lo reflejen así aquellos que se han dado a la tarea de escribir esta historia; su poesía muy pocas veces es reseñada o antologada, quizá por su alto nivel de militancia y compromiso; excepto por aquella famosa antología de la poesía escrita por poetas héroes revolucionarios muertos prematuramente POESÍA TRUNCA, cuya selección y prólogo estuvo cargo de Mario Benedetti; y es así que la poesía de Ricardo es antologada junto a la de Roque Dalton o Leonel Rugama, entre otros.

La poesía de Ricardo es una poesía diáfana, ingenua, de lenguaje claro y sencillo, sin rebuscamientos metafóricos; sus motivos son la amada, pero una amada con nombre y apellido, Doris Tijerino, una mujer también entregada a la lucha revolucionaria, una poesía que se solidariza con el dolor de la mujer; y el otro motivo es la lucha, la revolución que vislumbra en el amanecer. Su poesía anuncia un mundo mejor para él, para su pueblo y para su amada: Un porvenir brillante, como le llama él en su poema Carta mínima a mi mujer. Aún conciente de su muerte, no se considera excluido de este futuro mundo mejor que él vislumbra y por el que lucha y sufre vejámenes, la separación de su amada, la perdida de la libertad y la tortura, hasta la muerte. Sus textos poéticos se inscriben dentro de la corriente del realismo social y utópico. Su poesía es testimonio de la esperanza.

El 19 de septiembre de 1973, durante sus funerales, una inmensa movilización popular recorre las calles de Diriamba, convirtiéndose en manifestación de rechazo contra la dictadura.

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