13 de febrero de 2008 | 20:21:00


Plática de caminantes cxxxii
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¿Concertación o concertaje?

Luis Rocha | Opinión



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Meneando nerviosamente su negro rabo, Watson comentaba sin disimular su euforia: “El General (R) Humberto Ortega le ha propuesto a la nación, sustentada en los inobjetables ejemplos de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y Camilo Ortega Saavedra, una concertación, y tal propuesta, a mi modo de ver bien intencionada, ha alborotado el avispero político. Unos dicen que este General y estratega es paloma con más visión que un halcón, y que su imparcialidad pone los pelos de punta. Otros dicen que este General como no tiene quien le escriba, nos escribe a todos. El caso es que como no hay quien haya dicho que esta propuesta de concertación es inoportuna, yo me fui al diccionario para ver si debajo de la manga del hermano del Rey, que la tiene muy ancha, no pudiera haber un as escondido. Lo peor es que no he podido descubrir nada. Una de las definiciones de concertar es componer, ordenar y arreglar las partes de una o varias cosas. No está mal, pues lo que son los Consejos del Poder Ciudadano parecen diseñados para perpetuar la monarquía en este reino tan descompuesto precisamente por esas negras perspectivas. Quizás la concertación despeje el cielo y en lugar del Reino Socialista de Nicaragua aparezca, tras tantos nublados, esplendorosa la República de Nicaragua. Otra de las definiciones dice que concertar es pactar. Ésa ya no me gusta, pues por culpa del Rey y su paralelo histórico, pacto se ha vuelto una mala palabra. Ahora bien, si como dice el diccionario vamos a traer a identidad de fines o propósitos cosas diversas o intenciones diferentes, me parece muy bien pero muy difícil, pues es algo que no se ha logrado ni a lo interno del partido del Rey. No obstante, hay que dar el beneficio de la duda, y pensar que Humberto, antes de hacer su propuesta, ha conversado con su hermano, cuñada y sobrinos, y los ha persuadido de abandonar la ruta monárquica.”

Se dio un respiro para levantar su pata y orinar, y continuó: “Lo que quiero decir es que a la hora de hablar de concertación no caigamos en el concertaje, que equivale al vasallaje, pues concertaje es un contrato mediante el cual unos pobres indígenas como nosotros se ven obligados a realizar trabajos para el Rey, de manera vitalicia y hereditaria. Y si eso les puede ocurrir a los indígenas por andar confundiendo concertación con concertaje, imagínense lo que me puede ocurrir a mí, que no soy más que un pobre perro. No obstante, debo decir que las mías son tan solo advertencias, para ir con cautela, pues ni por las cejas se me pasa que el General (R) Humberto Ortega nos quiera meter en un concertaje por el que, por ejemplo, las actuales paralelas producto del pacto se afiancen y el caudillo y convicto Arnoldo Alemán salga limpio, rosado, bañado y cachetón, producto de una amnistía concertada en aras del orden, paz y unidad del país. No señores, eso no, porque eso sería como hacer una apología institucional del delito. Yo concibo la concertación como una gran cena, a la que se invita a todo el país para componerse y asearse. Es decir, para librarse de Cortes Celestiales y todo vestigio de corrupción. Para que esa cena termine en abrazos de una auténtica unidad y reconciliación, es necesario que el vino que se va a dar al pueblo no esté envenenado. El vino, en este caso, es la democracia y para creer en su pureza solo basta una sola garantía antes de proceder al banquete. Esa garantía, para el éxito de la concertación, es NO REELECCIÓN Y NO CONTINUISMO.”

“¡Elemental, nuestro querido Watson!”, tronaron casi al unísono todos los caminantes, y rojo de entusiasmo Caresol tomó la palabra: “Yo casi estoy seguro de que eso es exactamente lo que quiere Humberto, de lo contrario no hubiera apelado a las sagradas memorias de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y Camilo Ortega Saavedra. Porque si vas a concertar, como decía Watson, tenés que ir aseado a la mesa. Limpio y dispuesto al diálogo, y no sólo receptivo, como ha venido haciendo el Rey, a su propio y cansino monólogo. No podemos concertar con la guatusa en el bolsillo y lo de la no reelección como premisa, es la prueba de fuego a la hora de la verdad. Y ya que Humberto apeló a la memoria de esos dos inolvidables mártires, a propósito quiero recordar que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en ESTIRPE SANGRIENTA: LOS SOMOZA, escribió: “La consolidación de una dinastía en América, es un fenómeno que hiere profundamente la figura histórica de nuestro continente. Es cierto que los primeros culpables de haberlo permitido somos los nicaragüenses, pero en abono a nosotros hay que decir que las páginas de nuestra historia contemporánea rebasan de lucha y heroísmo.”

luisrochaurtecho@yahoo.com

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