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El 29 de octubre del presente año, END publicó un artículo del señor Uriel S. Barreto, titulado El Güegüense y la Sociedad de los 300 en Facebook.

Barreto, haciendo un arroz con mango utilizando como ingredientes a los ex alumnos del Instituto Pedagógico de Diriamba y a El Güegüense, torpemente produce un artículo que trata de desvirtuar el procedimiento histórico del otorgamiento de la mayordomía del baile de El Güegüense.

Barreto se apoya en un supuesto ensayo que esta circulando en Facebook, y que pertenece al ex católico Lolo Morales, quien levanta acusaciones en contra del sacerdote Gustavo Zúñiga, párroco de la Basílica Menor de San Sebastián y mi persona.

Al mal estilo de la novela del “Código Da Vinci”, Barreto dice que Morales “sustentado en las más diversas fuentes bibliográficas y profesionales procedentes nada menos que de Facebook”, ha descubierto toda una conspiración en la curia parroquial de Diriamba en contra de la “legitimidad de la mayordomía de El Güegüense”.

Después de leer el ensayo de Morales, al igual que lo hicieron muchos católicos cuando apareció la novela de ficción de Dan Brown, me doy a la tarea de defender mi fe católica, exponiendo en este artículo la verdad histórica sobre este tema.

Morales erróneamente argumenta en su ensayo que la mayordomía del baile de El Güegüense se obtiene por consaguinidad.

Morales quiere convencer a sus lectores de Facebook que quien debería heredar la mayordomía del baile es Maricela Gutiérrez, nieta del recordado ilustre profesor católico del IPD, el masatepino Juan Carlos Muñoz, quien justamente antes de fallecer a la edad de 83 años fungía de mayordomo del baile por dos años, coincidiendo con la fecha en que la UNESCO proclamó a la obra de El Güegüense Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Apoyándose en esta falsa tesis de la herencia de la mayordomía por consaguinidad, Morales deshonestamente inventa todo un complot del sacerdote Zúñiga en contra de la joven Maricela, que de hecho ya fue mayordoma del baile. Tanto Morales como Barreto aplican al pie de la letra las enseñanzas de Nicolás Maquiavelo de “divide y vencerás”, y las enseñanzas marxistas-leninistas de “lucha de clases”, para decir que el sacerdote Zúñiga ha defenestrado a la joven Maricela para colocarme a mí en su lugar, por ser yo una “dama de la alta sociedad caraceña”, sugiriendo que lo único que le interesa al sacerdote y a la Iglesia Católica es el dinero, y apoderarse de la obra El Güegüense.

El escrito de Uriel S. Barreto y el ensayo que el señor Lolo Morales ha hecho circular en Facebook son absurdos, difamadores y falsos. Estoy segura que para los que realmente conocen la ubicación histórica y cultural de El Güegüense, estos escritos les debe de provocar una gran risa, o una gran tristeza en el caso de Morales, al escuchar a una persona hablar mal de sus tradiciones, de la fe católica que recibió de sus padres y a la que alguna vez él perteneció.

Trataré de ser breve en explicar cómo realmente ha funcionado históricamente la asignación de la mayordomía del baile El Güengüense.

Empecemos por aclarar que la mayordomía del baile “El Güegüense” nunca se hereda. La mayordomía es transitoria.

Desde hace más de 350 años ésta ha sido otorgada por el Cabildo Real de San Sebastián a centenares de promesantes de diferentes estratos sociales y económicos, que por su fe cristiana católica creen que Dios les ha concedido un milagro por intersección de San Sebastián.

El Cabildo Real de San Sebastián es la institución de Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, que es comunitaria del pueblo indígena y mestizo de Diriamba, y el que realmente presenta al legítimo baile de El Güegüense en las Festividades de su Santo Patrono.

El mayordomo del baile toma posesión en presencia del párroco de la basílica, el Prioste Mayor del Cabildo y la feligresía católica de Diriamba, el 2 de febrero de cada año, día en que la Iglesia conmemora la purificación de Nuestra Señora, más conocida por los fieles como el Día de Candelaria.

Luego, ese mismo día en la enramada del mayordomo, el Prioste Mayor dice a los otros priostes en voz alta: “No nos cansaremos de alabar a Dios y a María Santísima, al Señor Sacramentado y a nuestro Padre Jesús Nazareno, al Apóstol Santiago y a nuestro Patrón San Sebastián, que desde el año pasado quedó el Mayordomo, en la puerta de la posada pidiendo merced, vida y salud, le concedieron lo que había pedido”.

Además del mayordomo existe la figura del padrino, que es una persona con experiencia y conocimiento de la tradición oral e inmaterial de la obra El Güegüense.

Esta persona sí recibe este rol “heredado” de sus padres, abuelos, tíos, parientes e inclusive de otro padrino que haya desempeñado este rol por muchos años en el baile.

El actual padrino de El Güegüense es don José López Romero (75 años), bailante desde la edad de diez años y nieto de don Onofle Romero. Don José actualmente resguarda el manuscrito original de la obra El Güegüense, que está compuesto de 315 parlamentos en náhuatl, castellano y chorotega.

La familia de Don Onofle ha mantenido la tradición del baile de “El Güegüense” desde 1885. (Anoto aquí que cuando el profesor Juan Carlos Muñoz era mayordomo del El Güegüense en 2005, los parlamentos utilizados en el baile fueron siempre éstos que posee don José).

El baile lo integran 24 participantes distribuidos en la siguiente forma: 12 machos, 7 de los de adentro, 2 damas, 3 músicos. Éstos al igual que el mayordomo son promesantes, y permanecen en el baile por el tiempo que dura su promesa. Para más información sobre El Güegüense y sus tradiciones favor consultar el Sitio Web www.diriamba.info
Es importante dejar claro que El Güegüense dentro del contexto de las fiestas patronales, es un baile de penitencia que ha sido salvaguardado con todo su esplendor desde sus orígenes por la Iglesia Católica de Nicaragua. Ello está manifestado en la proclamación oficial de la Unesco, al decir que “El Güegüense es una obra de teatro callejera bien conocida a través de toda Nicaragua que se presenta cada año del 17 al 27 de enero durante las fiestas patronales de San Sebastián, en la ciudad de Diriamba, departamento de Carazo”.

Yo al igual que miles de promesantes devotos del Santo Patrono San Sebastián, recibí por medio de su intercesión un favor de Dios, quien me sanó milagrosamente de un cáncer que padecía. Es por esto que solicité al Cabildo Real de San Sebastián pagar una promesa siendo la mayordoma del baile El Güegüense. Mi promesa terminará en 2011 y estoy segura que en el futuro veremos otras personas devotas ocupando este honroso cargo.

Termino pidiéndole a mi Santo Patrono San Sebastián que ojalá todo lo que se publique sobre El Güegüense sea para crear un bien común en nuestras comunidades, no hay que cuchichear, ni publicar información falsa, porque todo esto conduce al descrédito de cualquier escritor.

La envidia, la intriga y el odio no enaltecen nuestros principios cristianos, producen miseria espiritual la cuál es más dañina que la miseria económica. Dios nos conceda a todos lo cristianos entrar en un verdadero ambiente de convivencia ecuménica de respeto y amor.

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