19 de febrero de 2008 | 20:21:00

| END

América Latina: El nacionalismo oligárquico

Amaru Barahona | Opinión



comentar

Noticias eMail

Reciba gratis el informe de las principales noticias en su correo electrónico

En América Latina diferenciaría la presencia de dos grandes modelos de nacionalismo que han cruzado la historia desde la “Independencia”. Uno ha sido el modelo que denominaría como de nacionalismo oligárquico, que ha establecido las pautas de una hegemonía construida desde arriba. El otro es el modelo que ha pugnado por construir una contra-hegemonía desde abajo, que denominaría como nacionalismo popular. Ambos modelos han venido disputando el significado de la nación, adquiriendo esta disputa particularidades según los países, con traslapes de contenidos y, en algunas coyunturas, con exitosas redefiniciones de los proyectos nacionales impulsados desde abajo.


El nacionalismo oligárquico
Se impulsó partiendo de los intereses, valores y la cosmovisión de las oligarquías criollas de origen colonial. En su esencia, se ha reproducido históricamente gracias a la constante actitud de remozamiento oligárquico asumida por sus herederas históricas, las burguesías o protoburguesías subordinadas al capital extranjero. Este modelo de nacionalismo ha adoptado históricamente los rasgos siguientes:

1) Ha estado sellado por esa dualidad genética de las oligarquías criollas, que señalara la agudeza observadora de Humbolt, y que para el caso centroamericano analizara brillantemente Severo Martínez Pelaez. Por una parte, la necesidad que tenían las elites criollas de establecer diferencias frente a los españoles peninsulares para darle legitimidad a las luchas por la independencia. De donde se crean mitos como: la visión heroica de la conquista, el mito de la riqueza americana, la visión paradisíaca (la arcadia americana). Por otra parte y en contraste con la anterior, la necesidad de afirmarse un origen racial y cultural europeo, como valor de superioridad heredado de la colonia, frente a las clases sociales dominadas con orígenes indígenas, africanos y mestizos. De esta última necesidad en los proyectos nacionales oligárquicos surge: *) La promoción de valores de copia mimética de lo europeo y usamericano, y de afirmación de las identidades nacionales como identidades exóticas (“suizos centroamericanos”, “ingleses de América”, “prusianos de América”, “Atenas americana”, el “destino universal de los nicas”, copia de Pablo Antonio Cuadra de un atributo del nacionalismo español sustentado por el fascista español Ramiro de Maestu, etc.). *) El racismo y desprecio por los aportes culturales indígenas y africanos, presentes en mayor o menor medida en todos los países (casos extremos: el genocidio de indios y gauchos por Sarmiento en Argentina; los racismos guatemalteco, boliviano, peruano o el cubano antes de la revolución.). *) La creación de un imaginario de “blancura” (caso de Costa Rica: cuarterones claros en la meseta central, cuarterones oscuros en Guanacaste, negros e indios en el Atlántico y el sur, convertidos en pueblo “blanco” racialmente homogéneo). O de mestizaje hispano --indígena que discrimina el aporte africano (en Nicaragua, caso de la tesis de Pablo Antonio Cuadra que elimina en su visión del nicaragüense el aporte racial y cultural africano, no sólo en el Pacífico, sino también en el Caribe). *) La intolerancia frente a la supervivencia de identidades de origen indígena y africano presentadas como sinónimo de barbarie y atraso. En Nicaragua, vale la pena recordar la tesis elaborada por Carlos Cuadra Pasos para lograr una plena incorporación de la población de la región atlántica al proyecto nacional nicaragüense. Cuadra Pasos sostenía que era necesario desplegar desde el Pacífico hacia el Atlántico, una cruzada de “colonialismo espiritual”.


2) El rastrero pro-imperialismo que inicialmente fue pro-inglés y pro-francés, y después se consolidó como esencialmente pro-estadounidense. De aquí los varios intentos de crear protectorados, sea como entidades jurídicas reconocidas por el derecho internacional, sea como entidades fácticas camufladas bajo el ropaje de Estados independientes; o la complicidad con las reiteradas ocupaciones usamericanas y las experiencias de imperios de opereta como en los casos de México y Brasil. En congruencia con este rasgo encontramos la ausencia de un interés por desarrollar un mercado interno y una ciudadanía social al interior de las sociedades. Cabe recordar que la oligarquía nicaragüense más de una vez intentó convertir al país en un protectorado estadounidense reconocido por el derecho internacional; y durante la ocupación de 1910 a 1933, aceptó y fue colaboradora activa con el modelo de protectorado de facto que Estados Unidos estableció en Nicaragua.


3) En general, la defensa de un patriotismo aislacionista frente a la propuesta de Bolívar y de una larga lista de actores y movimientos sociales de impulsar la solidaridad y crear una unidad integradora entre los Estados latinoamericanos, como recurso insoslayable para enfrentar la dominación imperialista y construirle viabilidad a los proyectos nacionales. Un patriotismo que ha sido panamericanista y antilatinoamericanista, que ha promovido la subestima de los vecinos y la admiración ciega hacia todo lo que proviene de Estados Unidos y Europa. Cuando las oligarquías han hablado y hablan de integración lo hacen concibiendo ésta como una plataforma para profundizar el anclaje de los intereses imperialistas de Estados Unidos y del Norte en general.

Esta perspectiva de nación está en profunda crisis en todos lo países. Si bien ha dominado históricamente, ha sido objeto de una disputa contrahegemónica permanente desde los pueblos, con una visión antitética y profunda, que pugna por otro modelo de nación, el que impulsa el nacionalismo popular. Y hoy como nunca en América Latina se redefine el significado de nación a partir de las ideas-valores que han impulsado desde abajo los pueblos, oponiéndose a la alienación colectiva impuesta históricamente por las oligarquías.

Hoy el vigoroso avance del nacionalismo popular es el resultado de una sinergia virtuosa: por un lado, el empuje que adquieren los movimientos sociales contra la implantación neoliberal que a su vez defienden las soberanías, abogan por la unidad latinoamericana y reivindican una solidaridad desde el Sur; por el otro, la emergencia cada vez más amplia de gobiernos que defienden la autodeterminación nacional, la unidad latinoamericana y la solidaridad desde el Sur; y que también en algunos casos, impulsan políticas alternativas al modelo económico vigente y a la visión eurocéntrica de democracia política.

El respeto por los espacios en esta página, no me permiten referirme a los atributos que definen la visión desde abajo, popular y antioligárquica de comunidad política nacional en América Latina. Así que me reservo este abordaje para un próximo artículo.


Comentar este contenido




Compartir

Otras noticias en Opinión




Lo más popular



Lo más comentado

Alemán: “soy el presidente, les guste o no”

elnuevodiario.com.ni |

El presidente honorario del Partido Liberal Constitucionalista, PLC, Arnoldo Alemán, ripostó este...

37 Comentarios

Ortega: “Pesa la insensibilidad” de países desarrollados en la lucha contra el ébola

elnuevodiario.com.ni |

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, reprochó este lunes la “insensibilidad” que a su juicio...

10 Comentarios

Los ateos tienen religión

elnuevodiario.com.ni |

Me llamó la atención el artículo publicado en El Nuevo Diario hace poco por el señor...

10 Comentarios

Kilómetro 4 Carretera Norte
Managua, Nicaragua
web@elnuevodiario.com.ni
Teléfono: (505) 2249-0499
PBX/Fax: (505) 2249-0700