7 de enero de 2011 | 19:24:00


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Signos, señales y símbolos

Róger Matus Lazo | Opinión



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El ser humano, como ente social por naturaleza, le ha asignado por una convención unos significados a ciertos elementos que percibimos a través de nuestros sentidos, estableciendo entre ellos una asociación que todos los integrantes de la sociedad aprenden. A estos elementos, que tienen una clara intención comunicativa, los ha llamado ‘signos’. Vivimos en un mundo de relación y comunicación. En su casa y fuera de ella, su hacer y su quehacer gira en torno a un proceso de intercambio de información o mensajes a través de un medio que puede ser no sólo oral y escrito, sino visual, acústico, gestual, olfativo, táctil, etc.

Debemos distinguir, como la primera gran división, los signos naturales de los artificiales. El rasgo diferencial entre ellos es la no participación directa del ser humano en la creación de estos signos (naturales), como las nubes (indicio de lluvia o el humo indicio de fuego) o las arrugas de la cara (síntomas de envejecimiento), y la participación directa en la creación de dichos signos (artificiales), como el lenguaje oral y escrito. En ambos casos el individuo los interpreta, pero no siempre los crea, ya sea como actividad consciente o inconsciente.

Para comunicarnos, entonces, nos valemos de signos, que pueden ser desde una palabra articulada o escrita (signo lingüístico), un gesto (señal) y una cruz (símbolo). Todos ellos y cada uno en particular cumplen diferentes objetivos. Empecemos con el signo, una unidad capaz de transmitir contenidos representativos, como el signo lingüístico. Un signo, en términos generales, es todo aquello que sirve para transmitir una información. Pensemos en una balanza: la secuencia de sonidos con que pronunciamos el término [balansa] es el significante, que lo asociamos a una información específica (instrumento que sirve para pesar) llamada significado, y el objeto material, de la realidad que percibimos por medio de los sentidos, denominado referente.

Pero hay también signos no lingüísticos que se caracterizan por emitir significados no precisamente con la voz o la escritura, sino con otros medios como: el empleado por los sordomudos valiéndose de las manos; el código Morse, a partir de puntos y rayas, utilizado en la comunicación telegráfica; el sistema Braille, manejado por los ciegos, cuyos signos se dibujan en relieve para que puedan percibirse a través del tacto.

Modernamente se habla de emoticones (o emoticonos), un símbolo gráfico –como lo define el DRAE- que “se utiliza en las comunicaciones a través del correo electrónico y sirve para expresar el estado de ánimo del remitente”. Estos emoticones consisten en una sucesión de signos que realizamos con el teclado de la computadora y que comúnmente ponemos al final de una palabra o expresión para complementar o matizar lo que queremos decir en un comentario en un correo electrónico o cuando chateamos o participamos en un foro de Internet. Estos signos consisten, usualmente, en representar la cara de quien escribe con lo que logramos transmitir de una manera universal y graciosa nuestras emociones y sentimientos y en general nuestro estado de ánimo. Fundamentalmente, constituyen un recurso muy útil para aumentar la expresividad, matizando el texto de una intención jovial y jocosa.

La señal

Una señal es un elemento al que se le ha asignado un significado arbitrario; es decir, significa lo que hemos decidido o acordado que signifiquen, pero igualmente podría significar otra cosa. Es una especie de signo como un gesto u otro tipo que nos informa o nos avisa de algo. Sustituye por lo tanto a la palabra escrita y obedece, como todo signo, a una convención, de manera que resulta fácilmente interpretada.

Existen diferentes tipos de señales. Las hay visuales (la luz roja de un semáforo), acústicas (las campanas de una iglesia), táctiles (el saludo con la mano), olfativas (los olores de los perfumes) y gustativas (los sabores de las comidas). Son comunes las de tránsito, las indicaciones consistentes en banderas, utilizadas sobre todo en la navegación marítima, y las señales luminosas, como las de los faros en las costas.

Símbolo

Cuando un signo no sólo informa de un significado, sino que además evoca valores y sentimientos, representando ideas abstractas de una manera metafórica o alegórica, se conoce como símbolo.

La balanza, que pusimos de ejemplo como signo, se ha utilizado desde la antigüedad como símbolo de la justicia y del derecho, dado que representaba la medición a través de la cual se podía dar a cada uno lo que es justo y necesario. Por eso, cuando se inclina un asunto a favor de alguien o de algo se dice que se “inclinó la balanza”. Y “poner en balanza” (o “poner en la balanza”, como decimos en Nicaragua) es hacer dudar o titubear, o incluso medir o juzgar.

Podemos decir, entonces, que un símbolo es la representación perceptible de una idea, con rasgos asociados por una convención socialmente aceptada.

Hay símbolos que por su carácter evocador de sentimientos y valores de una nación son llamados símbolos patrios o nacionales, como el himno, la bandera y el escudo.

Además de los símbolos patrios, como en nuestro país, un árbol (el madroño), una flor (el sacuanjoche) y un ave (el guardabarranco) representan valores y sentimientos de profunda raigambre nicaragüense. Son los llamados símbolos naturales que, junto a comidas (como el nacatamal), músicas (como “El solar de Monimbó” de nuestro folclor), y palabras y expresiones de nuestra habla como “palmado” y “mamando la teta” configuran la llamada identidad nacional.

Muchos grupos tienen símbolos que los representan. Así podemos hablar de símbolos referentes a diversas asociaciones culturales: artísticas, políticas, comerciales, deportivas, religiosas, etc.

En las religiones se utilizan símbolos que evocan en sus seguidores los valores y creencias propios de cada una de ellas; por ejemplo, la luna creciente simboliza al islamismo, la cruz es el símbolo de los cristianos y la estrella de David representa a la religión hebraica.

Dada la concepción mágica de la vida que tenían los egipcios, el símbolo era su lenguaje favorito. Cada escultura, cada pintura, cada objeto artístico, contenía una enseñanza simbólica referida sobre todo a los misterios divinos y funerarios. Los vivos y los muertos gozaban de una protección de determinados amuletos. Sin ellos se sentían inseguros tanto para su viaje a la ultratumba (los muertos) como para sus quehaceres cotidianos (los vivos). A menudo representaban a las grandes deidades egipcias como Ra, Horus, Osiris, que garantizaban la salud y toda suerte de felicidades. La vida social y religiosa estaba influenciada por estos símbolos mágicos representados en los jeroglíficos de las paredes de los templos sagrados y de las tumbas de los valles de los reyes y de las reinas. Su finalidad era ponerlos en contacto con realidades invisibles de orden superior.


rmatuslazo@cablenet.com.ni

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