25 de enero de 2011 | 01:59:00

El lema de este año en el Gobierno de Ortega: “El año de Hidalgo”

Uriel Pineda Quinteros* | Opinión



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El último año del sexenio de un Presidente en México coloquialmente se le llama así, ya que: “En el año de Hidalgo, pendejo el que no se lleva algo”. A ciencia cierta desconozco cómo se acuñó la expresión, aunque posiblemente tenga su origen en los tiempos del PRI, cuando se inició la práctica de crear bonificaciones para funcionarios públicos, principalmente de alto nivel, al presentarse sub-ejecución presupuestaria y hubiese además cambio de Presidente, el “sobrante” era repartido.


Espero que esta referencia no le dé nuevas ideas al gobierno de Ortega y que sorpresivamente la Asamblea Nacional apruebe un bono de esta naturaleza con la ayuda de uno que otro diputado zancudo, de esos que dicen que legislan por el país. Recientemente han salido a la luz pública, gracias a las investigaciones periodísticas, el nepotismo en la DGI y los indebidos pagos hechos por el Ministerio de Hacienda, pero ésta es la punta del iceberg, a mi juicio éste ha sido el gobierno más corrupto de la historia nacional por algunas circunstancias particulares.


Si se hiciera una encuesta en Nicaragua sobre la percepción de corrupción en el gobierno de Ortega el 62% de la población diría que es corrupto y el 38% diría que es más santo que Juan Pablo II, ahí radica el primer gran problema. El fanatismo, el servilismo, el centralismo y la falta de institucionalidad dentro del FSLN inutilizan la  primera barrera de lucha contra la corrupción, en otros países los mismos partidos políticos expulsan de sus filas a los corruptos y no obstaculizan su castigo, ya que el electorado puede castigarlos en las próximas elecciones si hacen lo contrario. Este vicio no es nuevo en Nicaragua, ya que se presentó durante la dictadura somocista y el gobierno de Arnoldo Alemán, ambos liberales.


Se puede decir que la sociedad tiene otras 3 garantías más de lucha contra la corrupción. Una garantía de control político ejercida por los partidos de oposición, una garantía institucional ejercida por la Contraloría General de la República y una garantía democrática, que no es más que una auditoría social que ejercen los ciudadanos y medios de comunicación apoyándose en instrumentos como la ley de acceso a la información.


A Daniel Ortega o el FSLN, no le importa la corrupción en su gobierno porque tiene un electorado cautivo poco o nada crítico que haga lo que haga votaran por él, además controla el órgano electoral que presentará los resultados que él necesite, como ocurrió en las elecciones municipales de 2008. Por otra parte, la oposición está diluida en una estrategia de unidad para las elecciones de este año, dejando en un segundo plano su rol de control político. La Contraloría General de la República lejos de combatir los actos de corrupción es usada como arma por el pacto en contra de los adversarios políticos, siendo esta también una forma de corrupción. En lo correspondiente a la auditoría social, hacerlo hoy en día es muy difícil por la política de secretismo del gobierno, la falta de estructuración de los órganos de acceso a la información pública, la exclusión de medios de comunicación de actos oficiales y hasta la negativa de funcionarios de brindar declaraciones.


La corrupción siempre ha estado, la variante es que las barreras de contención hoy más que nunca son ineficaces, hay desesperanza en la población y descaro en los funcionarios públicos. Cómo es posible que Walter Porras nombre como asesora a su esposa, se vayan a “capacitaciones” en el extranjero a costa de los contribuyentes y que encima diga que Daniel Ortega hace lo mismo. Ese dinero invertido en “capacitaciones” debió apartarlo para empezar a pagarle las indemnizaciones a los centenares de personas que ha despedido de la DGI en violación a la ley de servicio civil y carrera administrativa aplicando indebida y maliciosamente el artículo 111. Afirmo esto sin temor a que Walter Porras me acuse judicialmente por injurias y calumnias como lo hizo con el pobre ex trabajador que demandaba el pago de sus prestaciones.


Otro aspecto que me hace catalogar a este gobierno como el más corrupto de la historia, es la cantidad de dinero involucrado debido a presupuesto paralelo creado por la cooperación venezolana, nadie sabe cuánto es invertido y cuánto es robado. Los nicaragüenses no podemos permitir que Ortega y sus funcionarios o cualquier otro gobierno tenga “el año de Hidalgo” es necesario demandar transparencia en los partidos políticos, que los diputados opositores hagan uso de su rol de control político y que en estas elecciones votemos por recuperar la institucionalidad en nuestro país para restablecer las barreras de lucha contra la corrupción. Somos más los que queremos que nuestro país avance.

*Miembro de la Juventud Partido Conservador.


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