6 de febrero de 2012


Reflexiones a partir de un tema planteado por el Presidente Ortega

Hay que reivindicar al campo


Tirado López, que combatió a la dictadura somocista desde las montañas del Norte de Nicaragua, prometió a los colaboradores de la guerrilla hacer una reforma agraria apenas llegaran al poder

Juan Ramón Huerta | Política

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Juan Ramón Huerta / END

Ocho palabras insertadas en los primeros párrafos de una nota oficial del gobierno pudieran pasar inadvertidas si no se tratara de una cita adjudicada al presidente Daniel Ortega en el contexto del V Congreso de la Juventud de su partido, el 2 de febrero del presente año.

“Tenemos una deuda histórica todavía con el campo”, expresó Ortega ante una generación de jóvenes que quizá no tenga idea de que ese hombre que está ahí fue miembro de una dirección colegiada que el 19 de julio de 1979 asumió la dirección política y económica del país, con la consigna heredada de Sandino de que “solo los obreros y campesinos llegarán hasta el fin…”. Es la primera vez que Ortega aborda el tema en público.

Lo que la Revolución no hizo

La Revolución sandinista --que según Ortega dice continuar, pero que para otros miembros de lo que fue la Dirección Nacional del FSLN, terminó--, encontró al país --de acuerdo con el sociólogo Orlando Núñez, en su libro “La guerra y el campesinado en Nicaragua”--, con “unos dos mil propietarios mayores de 500 manzanas, donde la familia Somoza tenía el 20 por ciento de las mejores tierras de Nicaragua”, y que por otro lado, “52 mil campesinos minifundistas poseían el 3.4 por ciento de las tierras y otros tantos miles no tenían acceso a ella”.

“Es cierto, dijimos que íbamos a hacer una reforma agraria”, confirma desde otra acera, otro de los nueve miembros de la antigua Dirección Nacional del FSLN, el comandante Víctor Tirado López, quien desde su retiro en un discreto hotel del centro de Managua del cual es propietario, recurre a sus escritos para afirmar que “la Revolución comenzó con la idea de desaparecer los latifundios y el capitalismo feudal que existía en Nicaragua, y cumplimos con entregar tierras a los campesinos, hicimos cosas, pero no acabamos con el latifundismo”.

No es fácil hoy

Tirado López, que combatió a la dictadura somocista desde las montañas del Norte de Nicaragua, prometió a los colaboradores de la guerrilla hacer una reforma agraria apenas llegaran al poder. “Pero hicimos lo contrario, confiscamos a los colaboradores nuestros, a los Galeano”. Toda esa familia se alzó en armas, y hoy son aliados del gobierno, particularmente la diputada Elia Galeano, recuerda Tirado López, que nostálgico dice haber visto fracasar tres revoluciones y muchas reformas agrarias.

Por lo anterior, Tirado López ve difícil que el presidente Ortega haga una reforma profunda en el campo. “Esto no es fácil, si hubiera habido una reforma agraria no estaríamos mal, no se dio ni se ha dado. Toda reforma comienza por educar al hijo, al nieto del campesino, y eso no se ha hecho”, expresa sin ánimos de desechar la idea. “Esto no se hace así, se necesitan 10, 15 años para hacerlo, se necesita mucha inversión en el campo”, sostiene.

Un tema estructural

Sobre este tema, el experimentado dirigente de la Asociación de Trabajadores del Campo, ATC, y hoy cabeza visible del movimiento cooperativo aglutinado en la Unión de Productores Agrícolas, Unapa, José Adán Rivera Castillo, afirma que las palabras del presidente Ortega lo llevan a pensar que se trata de “un tema estructural fuerte”.

Luego, grafica a Nicaragua como “una gran finca, con un potencial agropecuario”, con la mitad de la población en el campo, y que las cifras de crecimiento económico del país descansan en la producción agropecuaria, pero que “los mayores índices de pobreza están en el mismo lugar”.

El fantasma de las paradojas

“Es paradójico que Nicaragua es (un país) agropecuario y que sea el campesinado el que produce alimentos para la sociedad y el que menos recibe de la sociedad”, apunta Rivera Castillo. El sociólogo Orlando Núñez escribió en 1995, en su libro “La guerra y el campesinado en Nicaragua”, que “la economía campesina controla el 66 por ciento del valor bruto de la producción de consumo interno y el 30 por ciento del valor de agroexportación”.

Rivera ilustra esta situación con un tema recurrente: el problema de los frijoles.
“Se discutió el problema del frijol, por ejemplo, y ahí quedó claro que el gobierno importa más de 300 millones de dólares en alimentos, y ante esa deformación del sistema productivo se les lanzó el reto de producir lo que se está importando: cebollas, zanahorias, leche, carne de pollo, huevos, por ejemplo, y ellos lo han asumido, pero el gobierno debe facilitar ese reto”.

 

Óscar Sobalvarro, “Rubén”
Una deuda con la democracia

Otra interpretación de las palabras del presidente Ortega la tiene uno de esos hombres que se alzó en armas contra la Revolución, Óscar Sobalvarro, conocido en la guerra como “Rubén”, también firmante de los Acuerdos de Paz de Sapoá, y quien afirma que “la deuda de Ortega con el campo es la deuda con la democracia; Ortega debe cumplir lo que el mismo firmó en Esquipulas ll, permitir elecciones libres, transparentes y con observación nacional e internacional”.
“La deuda con el campo es permitirles a todos los nicaragüenses vivir en democracia, paz y prosperidad, y en un verdadero Estado de derecho, sin embargo, lo que observamos es la persecución, discriminación y abandono social. Cumplirle al campo, el escenario que puso los muertos en la guerra”, expresa.

Desarrollo pero en democracia
Óscar Sobalvarro sostiene que cumplirle al campo es “respetar la ley y la Constitución, es el respeto a la vida de los seres humanos, sin embargo, a 21 años del fin de la guerra nos siguen considerando como una amenaza, y por eso nos siguen matando”, señala.
El exjefe contra sostiene que el gobierno del presidente Daniel Ortega debe permitir y dar facilidades para crear las condiciones básicas que permitan a la gente desarrollarse en todos los aspectos de la vida en democracia.
El presidente Daniel Ortega apunta otro problema específico, porque está frente a un grupo de jóvenes de quienes demanda ir al campo, y su argumento se basa en que parte de esa deuda histórica significa “los altos grados de analfabetismo que todavía se conservan en algunas zonas del campo”, al tiempo que reconoce que su gobierno ha avanzado “reduciendo los índices de analfabetismo en las ciudades”.

 

José Adán Rivera, dirigente de la ATC
“Se ha avanzado en la sobrevivencia”

 

¿Hay señales de cumplirle al campo?
Se están haciendo esfuerzos por superar los problemas de la educación en el campo, más maestros, merienda escolar, más aulas, pero hay una gran brecha en la calidad de la educación. La mayoría de jóvenes en las zonas francas provienen del campo, no lograron un nivel técnico ni profesional.

La salud está regresando, hay brigadas que están llegando al campo. Eso tiene que ser estable, y ahí radica la importancia de la inversión que debe haber, aumentar los presupuestos de salud y educación, pero ponerse metas para cubrir el campo para parar la migración

¿Hay más brechas?
Un trabajador gana 2,000 córdobas al mes, y actualmente se negocia el 30% de aumento. Con el presente ingreso no se cubre ni el 20% de la canasta básica, por eso hay desnutrición severa en el campo, la gente no puede comprar los zapatos y la ropa que gasta en los trabajos, mucho menos mejorar la dieta alimenticia.
Ha llegado el plan techo, pero le falta la puerta, las paredes, el piso, los servicios higiénicos.

¿Sirve o no el modelo actual?
El modelo agroexportador que ha predominado en el campo ha sido de saqueo, no solo de recursos, sino de mano de obra, y además ha sido un factor de éxodo de miles de campesinos a Costa Rica y a Estados Unidos, porque en el campo las condiciones de vida son difíciles.
Es urgente que el gobierno atienda con mayor beligerancia el campo para retener la mano de obra que el país necesita, para el crecimiento económico que necesita.

¿Valoras avances?
Hay señales importantes. Por ejemplo, en el período anterior de gobierno destinó 75 millones de córdobas a las familias más pobres del campo mediante el Bono Productivo Alimentario. La valoración es positiva porque se trata de 75 mil vacas, casi un millón de gallinas poniendo en el campo, que si ponen o no es otro tema, pero la gente tiene la opción. Vemos positivo que en este gobierno haya voluntad de atacar ese problema.

¿Qué elementos, estimas, necesita el campo para comenzar a cobrar la deuda de que habla el Presidente?
Políticas de Estado. Hay que romper el modelo agroexportador monopólico, los carteles que están detrás de cada uno de los rubros agropecuarios de exportación, donde el pequeño productor solo produce materia prima y no se beneficia del valor agregado. Los mataderos compran a bajos precios a los productores, exportan y se llevan la ganancia.

En Nicaragua se producen 5 millones de quintales de frijoles, nos comemos 2.5 millones de quintales; solo se exportan dos millones y medio. Son unas cuatro o cinco empresas las que lo hacen, no son las cooperativas ni los pequeños productores.

El Cosep se quejó de que las empresas ligadas al gobierno estaban haciendo contrapeso en las exportaciones de frijoles.

Hay empresas grandes que están muy ligadas al gobierno, del mismo Cosep por ejemplo. Ellos son parte del Poder Ciudadano de los empresarios, se reúnen en el Incae, tienen sus ejes de desarrollo, sesionan mes a mes con el gobierno, forman parte del consenso nacional.

El pequeño y mediano productor, en cambio, no está articulado en las cadenas de valor. Aparte, el Banco Produzcamos que iba a canalizar el respaldo financiero para el campo para la pequeña producción, todavía no arranca en la dimensión que quisiéramos.

Se necesitan políticas para crear esos circuitos de producción alternativos, y eso dará soberanía alimenticia al país. Los monopolios alimenticios en cualquier momento bajan y suben precios, alteran los costos de producción y el que sufre es el consumidor.

¿No habrá contradicciones entre el desarrollo de las empresas ligadas al gobierno y esa voluntad de atender al campo?
Si hay inversión en el campo, habrá riqueza en el país. Si se aumentan las áreas de producción de café habrá trabajo para miles de personas, y más pequeños productores tendrán que producir más, eso le dará más ingresos y dinamizará la economía campesina.

¿El FSLN aprendió la lección de sus errores en el campo?
El FSLN es diverso. Hay quienes están de acuerdo en todo, otros en menos. Hay sectores en el FSLN que están encantados con las imposiciones de los organismos multilaterales, otros que no; otros que apuntan al gran capital y están bien con ellos.

Dependerá de la habilidad de estos sectores para mantener el equilibrio, lo importante es democratizar la distribución del capital y del ingreso, y aquí cuenta la beligerancia de los sectores. El FSLN aprendió que no se puede repartir lo que no existe.

 

Víctor Tirado López: “Nunca hubo autocrítica por el campo”

¿Usted cree en esa deuda?
¿Cuántas deudas tenemos nosotros? La Revolución se hizo para pagar una deuda con la democracia, ¿y qué pasó? Hoy la deuda sigue. La deuda con el campo se comienza a pagar con proyectos, pero a lo inmediato se puede comenzar un proyecto agrario con voluntad, aun sin financiamiento.

No creo que lo de Ortega sea solo un discurso político, Ortega cree en su propuesta, pero sí creo que será difícil apoyar al campesino. Si yo quiero dar apoyo no lo digo, lo hago, él tiene cinco años de ser gobernante. No creo que haya reforma agraria que afecte a los nuevos y viejos latifundistas.

¿Por dónde hay que comenzar?
Los actores de la pequeña y mediana producción del campo necesitan que los hagan partícipes de las políticas crediticias del país. El campo no ha sido reivindicado, no se reivindica con acciones políticas, hay que hacer escuelas, centros de salud, el campo está atrasado, el campo no exporta, lo hacen otros.

Nuestra estrategia era el empresariado, pero en lugar de potenciar a ese sector, nos aliamos con la Unión Soviética. Ahora Ortega está bien con los empresarios porque él es empresario, él no es ni socialista, ni solidario, ni cristiano, es empresario.

¿Nunca hubo una autocrítica profunda por el tema del campo?
Nunca. Suponíamos que eso lo estaba haciendo bien Jaime Wheelock.

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