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Banderas españolas por un lado, banderas independentistas por el otro. Cataluña llegó este vienes al final de una campaña histórica ante las elecciones del domingo que, según el presidente catalán, Artur Mas llevarán "a la libertad" de esta región española.

"Estas urnas son las urnas que (...) llevan a la dignidad y llevan a la libertad", aseguró el líder independentista en el último mitin de su coalición Junts pel Sí (Juntos por el Sí), que consiguió reunir a decenas de miles de personas en Barcelona.

Unos kilómetros más al norte de la ciudad, el jefe de gobierno español Mariano Rajoy hacía un último esfuerzo para evitar la victoria independentista, que pronostican los sondeos.

"Hay una Cataluña mayoritaria que ama a su pueblo y que ama a su tierra, y porque la ama no quiere verla amputada de España y de Europa", dijo en el mitin.

Se acompañó del expresidente francés Nicolas Sarkozy, que se suma a Angela Merkel, David Cameron y Barack Obama en la lista de líderes internacionales que se involucraron en esta campaña.

"La decisión más importante"

A priori son elecciones para renovar el parlamento regional, pero los independentistas quieren convertirlas en el referéndum sobre la secesión que reclaman desde 2012 y Madrid no concedió porque no se ajusta a la legalidad.

Si Junts pel Sí y la izquierda radical independentista CUP obtienen una mayoría parlamentaria --aun sin mayoría de sufragios--, prometen lanzar un proceso de separación de España para constituir en 2017 una república independiente en esta región de 7,5 millones de habitantes entre los Pirineos y el Mediterráneo.

Los líderes nacionales desembarcaron en masa a la región. Además de Rajoy, el socialista Pedro Sánchez prometió federalizar España, mientras el antiliberal Pablo Iglesias de Podemos se mostraba dispuesto a permitir un referéndum de autodeterminación.

Tras un siglo de desencuentros más o menos intensos con Madrid por la lengua --reprimida durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975)-- y la fiscalidad, la crisis colmó la paciencia de muchos.

Furiosos por la invalidación parcial en 2010 por el Tribunal Constitucional de un estatuto regional que aumentaba su autogobierno, los nacionalistas pidieron en vano desde 2012 un referéndum de autodeterminación.

Ante el rechazo del gobierno de Rajoy, organizaron uno simbólico sin valor legal en noviembre de 2014, cuando 1,9 millones de catalanes votaron por la independencia. Ahora quieren celebrar indirectamente este referéndum con estas elecciones.

"Es la decisión más importante de nuestras vidas políticas", decía Laura Surell, una estudiante de 22 años en el multitudinario mitin de Junts pel Sí, celebrado frente a una espectacular fuente y cuatro enormes columnas que representan la cuatro franjas rojas de la bandera catalana.

Inquietud económica

Pero ante tal objetivo, las empresas y las finanzas se inquietan por las consecuencias en la economía española, que tras una dura crisis ahora crece a ritmos del 3%.

Sin Cataluña, España perdería un 25% de sus exportaciones, un 19% de su PIB, 16% de su población, su principal puerta a Europa y su región más turística.

Pero Cataluña saldría de la Unión Europea, el desempleo subiría al 37% y las pensiones caerían un 44%, repitió constantemente el gobierno español.

"Es muy triste que sean incapaces de dar un solo argumento para convencernos de la bondad de permanecer en España. Solo se han dedicado a anunciar las siete plagas de Egipto", lamentaba David Colomer, un químico de 49 años.

La coalición Junts pel Sí, con independentistas desde la centroderecha hasta la izquierda alternativa, defienden la secesión como una herramienta para conseguir un país "más próspero, más justo y más limpio".

Aunque algunos indecisos no lo ven claro: "Ahora que la crisis ha terminado y estamos bien, me da miedo perder esta estabilidad con esta locura", se inquietaba Israel Alarcón, un farmacéutico de 42 años en L'Hospitalet de Llobregat, cerca de Barcelona.

Los últimos sondeos apuntan a una mayoría parlamentaria de los independentistas, que rozarían el 50% de sufragios. Pero según José Pablo Ferrándiz, del instituto demoscópico Metroscopia, muchos catalanes no son independentistas pero votarán por ella para tener más fuerza para negociar más autogobierno.

Mucho dependerá del "post 27-S". En una entrevista con la AFP, Artur Mas reconoció que todavía era posible negociar un referéndum pero si obtienen la mayoría de votos, "el referéndum ya se habrá hecho", advirtió.

La clave la tendrá el gobierno formado tras las elecciones legislativas de diciembre, donde Rajoy podría perder el poder. Mientras, el resto de españoles se preocupan poco por Cataluña, centrados en problemas como el desempleo superior al 22%.

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