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  • EFE

Desmarcándose de los discursos incendiarios de Donald Trump y Ted Cruz, sus principales rivales en la carrera por la nominación republicana a la Presidencia de EE.UU., Marco Rubio arañaba la mañana de hoy votos de última hora en Nevada con su carisma y su sonrisa como principales recursos.

Algo más de 300 personas se congregaron a las 8:00 hora local (16.00 GMT) de este martes en el pabellón Veil del hotel y casino Silverton, al sur de Las Vegas, donde Rubio, un antiguo vecino de "la ciudad del pecado", desplegó sus armas por espacio de una hora rodeado de pancartas que prometían "un nuevo siglo americano".

Y se metió al público en el bolsillo relatando la historia de sus padres cubanos. Emocionó contando cómo Mario encontró trabajo cerca de Nevada como camarero en el casino Sam's Town, mientras que Oriales aportaba a la economía familiar limpiando habitaciones en el hotel Imperial Palace.

Ambos llegaron a EE.UU. en 1956 sin saber una palabra de inglés y, en menos de 10 años, ya habían logrado la estabilidad económica para comprar una vivienda y garantizar la educación de sus hijos.

"Dieron a sus hijos una vida mejor. Ese es el sueño americano. No tiene nada que ver con el dinero, sino con la felicidad", manifestó Rubio con rotundidad y sensibilidad ante un público en el que parecía calar su mensaje.

Era el caso de Rob Downard, un turista llegado desde San Diego que decidió acudir al evento de Donald Trump la noche de este lunes y al de Rubio la mañana de hoy.

"Estoy contento de haber venido. Es diferente ver a Marco en televisión que en persona. Es alguien en quien te puedes reflejar fácilmente. Sus raíces están en el Señor y parece que habla desde el corazón. No esperaba que su discurso fuera tan enérgico", dijo Downard, de 60 años.

Porque Rubio habla con delicadeza, bromea aquí y allá, utiliza con humor los comentarios que el público suelta de vez en cuando, pero tampoco duda a la hora de mostrarse firme frente a los demócratas y en lanzar veladas críticas a los otros candidatos republicanos.

El primer ataque lo dirigió hacia el presidente estadounidense, Barack Obama, tras la presentación al Congreso de su plan para cerrar el centro de detención de la base naval de Guantánamo.

"Para mí no tiene sentido", afirmó Rubio. La devolución del territorio de la base, sobre el que Cuba sigue teniendo soberanía, es una de las reclamaciones de La Habana en el marco de las negociaciones con Estados Unidos para normalizar sus relaciones diplomáticas.

"No se lo vamos a entregar a una dictadura comunista antiestadounidense. No solo no vamos a cerrar Guantánamo; cuando yo sea presidente, si capturamos a un terrorista vivo no va a tener una audiencia en Manhattan, no será enviado a Nevada, sino que van a ir a Guantánamo y vamos a descubrir todo lo que sabe", agregó.

También se acordó de Bernie Sanders y Hillary Clinton, los aspirantes presidenciales demócratas.

"Sé quién será el candidato demócrata: o un demócrata socialista o alguien investigado por el FBI. Por eso no podemos perder estas elecciones", manifestó provocando un estruendo entre los presentes.

Incluso, sigilosamente, se acordó de Trump, el favorito en las encuestas para los caucus de hoy.

"Estas elecciones no se pueden basar en elegir a la persona que más alto habla de la sala. Eso no va a solucionar los problemas. La clave debe ser elegir a alguien que gane y así evitar que Hillary o Bernie sean el próximo presidente de EE.UU.. Soy quien puede unir este partido", sostuvo.

Robert Eickenhorse, un veterano de las Fuerzas Armadas, es una de las personas que acaban de subirse al carro de Rubio. Lo ha hecho principalmente por su defensa de las ayudas y beneficios para quienes han servido al país y por su intención de transferir poderes reguladores del Gobierno a los estados.

"Trump es una opción ilusionante. No es un político al uso y eso gusta a mucha gente, pero en muchos casos no ofrece respuestas a grandes claves. En ese sentido, me siento más seguro con Marco", valoró.

El mitin llega a su fin. Suena "Wake Me Up", de Avicii, y Rubio sueña con la posibilidad de haber despertado suficiente curiosidad en Nevada como para brindarle, al menos, el beneplácito de la duda

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