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Cuando en abril de 2015 miles de personas salieron a las calles de Guatemala a clamar contra la corrupción, nadie creía que el presidente estaría hoy en prisión.

Sin embargo, un año después los gritos de cambio parecen haberse acallado. ¿Y ahora qué? Un grupo de jóvenes se resiste a ceder: ellos son el germen del 15-M guatemalteco.

“Se habla mucho de un despertar ciudadano, pero hoy lo que vemos es un letargo total. ¿Cuánto duró ese despertar?”, se pregunta Pamela Saravia, a quien la primavera del pasado año le agrió el discurso. Al menos, siguen brillándole los ojos.

La caída del expresidente Otto Pérez Molina y de su mano derecha Roxana Baldetti, ambos en prisión preventiva por el caso de defraudación aduanera “La Línea”, generó la ilusión de un cambio, de una nueva era en Guatemala.

TRANSFORMACIÓN

La llegada de un nuevo rostro, el del cómico Jimmy Morales, ‘el ciudadano común’, a la Presidencia del país centroamericano consolidó la imagen de que algo se está transformando. Aunque para muchos fue solo eso, una imagen.

“El gran movimiento no fue más allá, no hubo un cambio profundo.

Las estructuras de poder se reacomodaron, volvieron a colocar sus piezas donde tenían que colocarse y otra vez están haciendo lo que quieren con nosotros”, añade la joven.

La corrupción endémica, la discriminación de las comunidades indígenas y la inequidad como germen de una violencia que arrasa la cotidianidad del país siguen presentes en la “Guatemala feliz” de la que habla Morales.

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