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José Adán Romero retó a la muerte. La noche del jueves este hombre de 50 años decidió reparar una línea eléctrica en su finca, pero una potente descarga lo fulminó.

Lucrecia Cano, esposa de Romero, dijo que le pidió no ir a la finca que tienen en El Guapinol, Mateare, pero fracasó en su intento.

Relato

“¿Hombre y este alambrito mata?”, fueron las últimas palabras de Romero antes de caer muerto producto de una descarga eléctrica.

Romero insistió en ir a la finca porque la línea con mal contacto tenía días de dar problemas.

El Guapinol está ubicada cerca de la finca El Marango, de José Esteban Mairena, por cuyas tierras pasa la línea que alimenta de energía la propiedad de Romero, quien junto con otro finquero llegó al lugar con un alicate para cortar el cable, dado que los árboles estaban tomando fuego por el mal contacto.

Tres en uno

Leonardo Silva, habitante de El Marango, salió de su casa para regañar a Romero y a su acompañante y advertirle, en al menos diez ocasiones, que no estuviera haciendo trabajos de noche, pero como no le hizo caso se quedó observando lo que hacían.

El acompañante de Romero estaba arriba en una escalera artesanal para cortar la línea que iba al transformador (comprado por los miembros de la comunidad e instalado con permiso de la empresa eléctrica, según dijeron), en tanto la víctima estaba abajo.

Silva recuerda que antes de la tragedia, Romero dijo: “Pobres los animales… esto es para la muerte”, en alusión a la yegua que murió electrocutada el martes pasado en esas mismas tierras, luego preguntó que si  ese alambre mataba, se lo acercó al pecho y sufrió la descarga eléctrica mortal.

Asustados

“O sea que la descarga le pegó en el corazón”, agregó Silva, quien calcula el voltaje mortal en 220, porque las dos líneas estaban “vivas”, además la víctima andaba botas de hule con espuelas y “me imagino que eso le ayudó a hacer polo”.

Silva trató de resucitar a Romero masajeándole el corazón, pero nada pudo hacer. Tampoco pudo salvar a la “Duquesa”, una perrita que se quedó “pegada” en la misma línea que mató al finquero.

La víctima procreó 6 hijos en 32 años de matrimonio con Cano. Fue enterrado ayer en el cementerio de Mateare. 

En tanto, Ángela Martínez indicó que la yegua que murió el pasado martes había sido comprada en C$2,000 un día antes.

Sin luz 

En El Guapinol solo unos 4 o 5 finqueros tenían ayer energía, porque con esfuerzo propio compraron entre todos el transformador, luego contrataron a un electricista y se conectaron a la red, pero las líneas están instaladas en árboles vivos.

José Esteban Mairena, de 46 años, indicó que tenían permiso de la distribuidora de energía, que tras la desgracia cortó el servicio para prevenir más tragedias.

Este habitante pidió a las autoridades instalar y legalizar  el servicio de electricidad para echar a andar el pozo artesiano que ya tienen construido.

  • 30 vacas tenía José Adán Romero en su finca, donde sembraba trigo.
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