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  • EFE

El niño hondureño Adalid Mejía, quien sufrió quemaduras en el 90 por ciento de su cuerpo a causa del estallido de un mortero el pasado día 25, permanece en estado muy delicado, informaron hoy fuentes médicas que lo atienden en Tegucigalpa.

Además de las quemaduras, el menor sufrió graves lesiones en su región abdominal y pulmones, dijo a periodistas uno de los médicos del Hospital Escuela Universitario.

Agregó que Mejía, de 10 años, fue trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos del Materno Infantil, en el mismo complejo hospitalario, y que se analiza la posibilidad de llevarlo a Estados Unidos en una avión ambulancia.

Su traslado dependerá de las garantías médicas que se puedan tener de que llegará con vida, indico la misma fuente, que hizo un llamado a todas las autoridades del país para que eliminen la venta de artefactos a base de pólvora.

"¿Cuántos niños más van a tener que morir o sufrir mutilaciones en su cuerpo por el estallido de un cohete o mortero?", expresó el galeno al recordar los múltiples casos de menores lesionados o que han fallecido en el pasado reciente por el estallido de artefactos a base de pólvora en el país.

Otro niño, de cinco años, procedente de Siguatepeque, región central de Honduras, que también es atendido en el Hospital Escuela Universitario, podría perder la vista por el estallido de un cohete en su rostro durante las pasadas fiestas de Navidad.

En el caso de Adalid Mejía, el mortero le explosionó cuando jugaba con otros niños amigos suyos en un comunidad del departamento de Copán, en el occidente de Honduras.

Mejía fue traído a Tegucigalpa el pasado día 26 en un helicóptero de la Fuerza Aérea Hondureña.

Su situación es muy delicada por los severos daños en la piel y varios órganos de su cuerpo.

Lo que ha sufrido, según los médicos que le atienden, es como que le haya estallado una bomba en una guerra.

Entre el 22 y 26 de diciembre alrededor de 20 personas, entre niños y adultos, sufrieron lesiones por el estallido de cohetes y morteros en el país centroamericano.

La venta de cohetes, petardos, morteros y otros artefactos durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo es prohibida en algunas ciudades del país, aunque la ordenanza no se cumple fielmente, incluso en Tegucigalpa, donde la medianoche del 24 y 31 de diciembre la ciudad pareciera estar en guerra por la quema de tanta pólvora.

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