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Una joven de 14 años, sintió que una mano carrasposa rozaba su cuerpo y al mismo tiempo intentaba desvestirla, ella con miedo se cubrió con la colcha, pero la sombra negra continúo al pie de su cama, mientras ella rezaba para que desapareciera, el hedor a azufre invadió la humilde casa, construida de ripio de zinc y tablas.

“Abuela se fue la luz y me estoy orinando”, gritó un niño de cinco años, hermano de la adolescente. Fue que solo vieron el colazo de un sujeto bajo, delgado vestido de negro y descalzo que cruzó los cercos vecinos.

Desde hace meses los pobladores de la Zona Cinco y de Nueva Jerusalén en el municipio de Ciudad Sandino están ojo al Cristo, para atrapar al sujeto que anda haciendo desastres al filo de la madrugada, ha manoseado y hasta violado a niños, adolescentes y mujeres en la zona.

“Para mí que ese tipo nos echó algo para dormirnos, porque cuando me levanté al grito de mi nieto, estaba mareada y con asco, ese tufo a podredumbre, a mortuorio no lo aguantábamos, dicen que es azufre, pero eso es solo para meternos en miedo,no es nada sobre natural es un psicópata que anda suelto”, dijo Urania García, de 54 años.

Doña Urania al igual que los demás vecinos están turnándose y pasan en vela durante la noche, para que El Tocón, no los agarre desprevenidos. Están armados de garrote, machete y piedras.

“Que ponga su barba en remojo y deje de hacernos daños ese tipo. Él camina alicate para cortar la energía y una tijera para cortar el calzón a las víctimas, ya son varias niñas que han despertado desnudas. Si llegamos a agarrarlos lo hacemos picadillo, mejor que ni se aparezca”, dijo indignada  María Gómez, otra de las pobladoras.

“Mi marido hasta dejó de trabajar como vigilante, porque aquí paso sola con las dos adolescentes y el niño, mi miedo es que me les haga algo o nos mate”, comentó angustiada doña Urania, de cuya humilde vivienda el tipo arrancó unos adoquines para meterse.

La población pide mayor vigilancia a la Policía. “Ellos patrullan, pero temprano tipo 8 o 9 de la noche, pero El Tocón hace de las suyas en la madrugada, cuando uno está bien privado y aparte de manosear a la gente también registra y se lleva celulares y dinero”, comentó Yarasel Sequiera, habitante de Nueva Jerusalén.

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