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Con una frialdad que provoca escalofrío, José Abraham García confesó ante la jueza Segundo Distrito Penal de Juicio de Managua, Adela Cardoza, ser el sujeto que la noche del 9 de diciembre del 2015 mató de un impacto de bala a Silvia Elena Cruz Medrano, de 43 años.

“Yo le pegué el balazo a la señora (Silvia Elena Cruz)  y estaban (presentes) como 17 personas”, confesó García al declarar como testigo en el juicio donde junto con Kevin Alvarado López fue declarado culpable por el crimen.

El homicidio se produjo en la casa de la víctima, en presencia de los familiares y amistades de Cruz, que en ese momento se disponían a participar de la fiesta de graduación de una hija de Silvia Elena Cruz.

Por su parte Kevin Alvarado, el otro sentenciado por el homicidio, confirmó que el móvil del crimen fue el robo de una tableta que portaba una niña, hija de Silvia Elena Cruz (q.e.p.d).

Alvarado, en un intento por “destrabarse” del homicidio y solo responder por el robo agravado y la portación ilegal de armas, dijo que él se quedó en la motocicleta esperando a García y que escuchó las dos detonaciones.

Alvarado y García fueron sentenciados a 15 años de prisión por el crimen, pero también deberán pagar con siete años más de encierro en la cárcel por el delito de robo agravado y uno más por portación ilegal de armas.

Varias agravantes 

En la sentencia la jueza Cardoza señala que los condenados incurrieron en tres agravantes al ejecutar el crimen; actuaron con alevosía, superioridad numérica, cometieron el crimen en presencia de niños y se introdujeron a la casa de la víctima.

Al establecer la responsabilidad penal de  Alvarado, la jueza Cardoza señaló que no por casualidad la Policía le encontró una camisola blanca similar a que la utilizaba García al momento de ejecutar el crimen.

Alvarado al declarar como testigo  trató de desvincularse del crimen, diciendo que él solo esperó en la moto a García.

Sin embargo, la jueza Cardoza  se pregunta en su resolución que si la intención únicamente era robar, por qué entonces no se marchó del sitio después de escuchar las dos detonaciones y por el contrario, se quedó esperando a García, autor directo del crimen que conmovió a los habitantes de Altamira.

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