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“Ahora ya puedo morir en paz”. 

La frase se la guardó durante más de 70 años Jacinta Obando (98 años), esperando reencontrarse con su hija, Carmen Murillo Obando.

La reunión entre madre e hija, separadas durante más de siete décadas, se dio ayer en el barrio Concepción de María, de Managua, en un momento muy emotivo para ambas.

“Hija mía, te he buscado tanto tiempo… siempre tuve la esperanza de encontrarte. Le pedí a Dios que todavía no me llevara hasta encontrarte”, dijo con voz entrecortada Obando.

La separación entre ellas se dio por violencia intrafamiliar en los años 40 en una finca de La Libertad, Chontales, donde Jacinta Obando laboraba como doméstica y quien luego se convirtió en su marido, Félix Pedro Murillo (q.e.p.d.), era el hijo de la dueña, Juana Murillo, también fallecida.

“No te puedo ver, ya estoy quedando ciega”, agregó la anciana a su hija Carmencita, como ella la llama.

Carmen Murillo, con 76 años de edad, se acerca y acaricia el rostro de su madre: “Ya estoy aquí, tranquila”.

La violencia

Obando, con 98 años, cuenta que era golpeada por su marido, quien una noche le desencajó la mandíbula.

“Él mucho tomaba (licor), esa noche yo agarré a la tierna (Isabel Murillo) en brazos y Carmencita, que tenía unos tres añitos, lloraba para que no la dejara. Me la llevaba, pero en el camino me salió un tigre y por miedo a que nos devorara, me regresé a dejarla. La dejé con una señora (la otra doméstica) y al día siguiente mandé a mi hermano a buscarla y la Juana (la suegra) no me la dio”, recordó la anciana.

“Caminé leguas, me perdía de camino, pero siempre te fui a buscar y los trabajadores me decían ‘Allí está Pedro’ y como le tenía miedo, salía corriendo. Una vez me puso un puñal en el cuello, era malo y para que no siguiera buscándola, ellos (la suegra y el marido) se la llevaron y ya no la volví a ver”, recordó Jacinta Obando.

Búsqueda implacable

Luisa del Socorro Obando, de 73 años, otra hija de Obando, afirma que su mamá siempre buscó a Carmen Murillo.

“Nos contaba la historia de qué fue lo que pasó y aunque tuvo otros hijos (diez en total), siempre le hizo falta su hija. Nosotros la ayudábamos a buscarla por medio de las radios, hasta ya nos habíamos resignado y le decíamos que tal vez ya había fallecido, o que tal vez vivía en otro país, pero ella seguía con la fe de encontrarla”, cuenta Luisa Obando.

El ángel que hizo posible este reencuentro fue un familiar de una amiga de Carmen, a quien conoció durante los diez años que vivió en los Estados Unidos. “Yo le comenté a una amiga que vive en los Estados Unidos, que es nica, que quería conocer a mi mamá o a una hermana que se llamaba Isabel y que  vivía en Juigalpa. Ella tenía una hermana que todavía vivía allí y se dio a la tarea de buscarla”, comenta Carmen, de 76 años, quien hace tres días conoció a una de sus hermanas maternas, quien  la llegó a buscar a Rivas, donde vive actualmente.

“Isabelita llamó a mi esposa (en Managua) comentándoles la situación y antes de darle la noticia a doña Jacinta, decidimos ir a verificar la historia, pero nos encontramos que a ella (Carmen) le dijeron que su mamá se llamaba Glenda, pero los rasgos faciales y otros datos de la historia sí coincidían y fue así que logramos reunirlas”, comentó Uriel López, yerno de Jacinta.

El caso de Carmen 

Carmen Murillo dice que desde pequeña se la llevaron a vivir a la comunidad La Piedra, en Rivas, y cuando murió su abuela paterna, Juana Murillo murió, quedó sola en el mundo.

“A mí me terminó de criar doña Margarita Ruiz, amiga y vecina de mi abuela, a los años mi papá llegó a verme, pero como vio que estaba bien, me dejó y no supe más de él”, recuerda Carmen Murillo, quien agradece la bendición de Dios de reencontrarse con su familia.

Murillo vivió diez años en los Estados Unidos y allí fue donde conoció a quienes ayudaron a reencontrarse con su familia materna.

El reencuentro se dio ayer en el barrio capitalino Concepción de María, adonde Murillo llegó acompañada de dos de sus seis hijos, dos nueras y una bisnieta, quienes fueron recibidos por sus seis hermanos maternos, ya que tres de ellos murieron siendo niños.

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