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Nadie escuchó nada extraño en la habitación que alquilaba en Bosques de Altamira la doctora Karla Aguilar Condega, cuyo cuerpo apareció ayer sin vida sobre su cama.

La Policía investiga el caso y los vecinos, sin revelar sus identidades, tienen varias teorías, incluida la de muerte natural.

Un mensaje en la red social Facebook, publicado el 27 de abril, es una de las últimas cosas que se supo en público de Aguilar Condega.

Ayer, peritos e investigadores del Distrito I y del Laboratorio Central de Criminalística de la Policía Nacional buscaban indicios para esclarecer la muerte de la doctora.

Se conoció que ella, originaria de Rivas, tenía un año y medio de alquilar la habitación, donde todo estaba revuelto.

Ninguno de los nueve vecinos inquilinos escuchó ni vio nada.

Los vecinos de las casas continuas rumoraban que la mujer pudo haber sufrido un infarto o problemas de presión, ya que al parecer padecía de epilepsia.

Agentes de la Policía entrevistaron a cada uno de los inquilinos.

  • 37 años tenía la doctora Karla Aguilar Condega.

“Estamos en busca de evidencias o indicios para esclarecer el caso, no podemos adelantarnos”, dijo el comisionado Iván Estrada, segundo jefe policial del Distrito I, a una radio local.

La mayoría de los inquilinos de la vivienda son estudiantes universitarios o personas que trabajan en la capital, como el caso de Aguilar Condega, quien laboraba como médico internista en un hospital privado, ubicado a una cuadra del suceso.

El cuerpo fue descubierto por el fuerte hedor que emanaba el cuarto número 5. 

“Desde hace día se sentía un hedor, pero pensábamos que  algún estudiante había dejado comida en el cuarto, hasta después que fue más fuerte, llamamos a los encargados de la casa, abrieron el cuarto y la encontraron sin vida, por lo que llamaron a la Policía”, dijo uno de los inquilinos, que prefirió quedar en el anonimato.

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