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Un canadiense que convivía con una adolescente de 16 años, bajo la figura de adopción, fue sentenciado a cinco años de cárcel, luego de ser declarado culpable del delito de acoso sexual y lesiones psicológicas en perjuicio de la joven de iniciales RGPW.

El canadiense Phillips Barry Hilderbrand, de 62 años, también fue condenado a tres años y seis meses de presidio por tenencia de marihuana, según la sentencia dictada el 20 de mayo por el  juez especializado en violencia del juzgado de Distrito Penal de Audiencia de Rivas, Alcides Muñoz Alemán.

Al unificar las penas, el canadiense deberá cumplir una condena de 8 años y seis meses de cárcel, “de forma  sucesiva en el sistema penitenciario de Granada, hasta el cumplimiento de la misma fijada provisionalmente para el 21 de agosto del 2023”, dice textualmente la sentencia condenatoria.

Los hechos

Phillips, conoció a la adolescente en Puerto Cabezas y el tres de enero del 2015, la trasladó al barrio Pedro Joaquín Chamorro de la ciudad Rivas, gracias a un consentimiento de adopción que firmó la mamá de la menor a favor del canadiense.

De acuerdo con el expediente, el consentimiento de traslado de Puerto Cabezas a Rivas fue realizado por el abogado Armando Rojas Smith, con la promesa de que el canadiense se haría cargo del cuido de RPGW, le entregaría una beca estudiantil, y construiría una casa a la mamá de la menor, además le enviaría de remesas.

Al llegar a Rivas, el canadiense, comenzó a sostener relaciones sexuales con la adolescente, pero el 14 de febrero pasado, ésta decidió escapar de la vivienda y se dirigió a donde un amigo identificado como Alejandro. Ahí narró que era víctima de violación y que su mamá la había vendido al canadiense a cambio de dinero y una casa.

Tras conocer el caso, la Policía allanó el 18 de febrero la casa de habitación del canadiense y lo arrestaron por el delito de violación agravada y tenencia de estupefacientes ya que en el inmueble encontraron 20.4 gramos de marihuana.

En el proceso también fue detenida la madre de la menor por el delito de trata de personas  con fines de esclavitud, explotación sexual o adopción y dos empleados del canadiense señalados de cómplices y cooperadores necesarios.

No obstante en el juicio, la adolescente llegó  a decir que todo lo que había dicho era mentira, que le gustaba el canadiense, pese a la diferencia de edad, y aseguró que se fue de la casa del canadiense porque este fumaba marihuana “y por temor  engañé a la mamá de Alejandro y le dije que me quería violar y que mi mamá me vendió, que me mandó a la fuerza y todo eso fue mentira”.

Pese a su versión, el juez declaró culpable al canadiense, por el delito de acoso sexual, tras argumentar que se aprovechó de la inmadurez de la adolescente y su superioridad económica, pero dejó en libertad a la mamá de la supuesta víctima y a los dos trabajadores del extranjero.

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